El precio del pecado
e
la compe
te millon
a beber vino y reírs
a hacer
la primera vez que se celebraba una subasta así, y me pregunté cuántas veces habría asistido Valen
e se aprovechaban de mujere
anarme. No me ren
er la cabeza cuando
nsarlo. Todos sus planes, cuidadosamente trazados, se irían al tras
, sabiendo que no había ganado. Lo odiaba con todo mi ser por lo que le había
pero estaba claro, por lo que había dicho, que no era así. Mi pad
oche, pero no iba a ser nada bueno. Por veinte millones, probablemente me torturarían antes de matar
s pecados de mi padre,
Iba a arañar y luchar hasta mi último aliento. Sabrían el nom
ndo algo con qué defenderme. No había nada más que las sábanas en la cama. Tragué saliva al pensar
ana del colchón y la enrollé alrededor de mis muñecas
que hacer que aprender a pelear, y él me habí
quizá pudiera escapar. Era tan pequeña que mi tamaño podí
amente lo que
erta tras él, sin apenas reconocer la sábana que tenía en las manos. ¡Dios mío!, era guapísimo, a la vez que peligroso, irradiaba poder con solo estar allí. Era alto, de hombro
es inmediatamente, a descubrir cuál era su debilidad
a mirar fijamente a Valentino
o había nada
o y vi una arrogancia en sus
adre había mantenido a lo largo de los años,
e su dinero y sus títulos los hací
ablemente creía que el sol salía y se ponía
que él esperaba. No iba a rogarle por
icaba a la m
en el negocio
o de la pasarela, de una belleza que te derretía las bragas. Su traje era caro; el reloj en
forma en que me m
quien mira un caballo que quiere comprar y cuenta cada dólar de cada centímetro. ¿Cuán
punto de decirme que abriera la b
eso, habló con un
crees que vas a hacer con es
la mía y me provocó, r
anera, era mucho más fácil intimidarlo mentalmente. Y ahora que estaba en la h
irada vacía y practicada, podía escuchar
dor?Quini
a lección? D
algo hermoso? Tomé una resp
a luchar más co
erme de que tal vez tendría una oportunid
iba a pasar y