“Después de siete años de entrega total, por fin quedé embarazada de gemelos de mi prometido, Alejandro Stephenson. Pero él, en secreto, interrumpió el embarazo, diciendo que era por mi salud. ¿La verdadera razón? Su exnovia, Anahí, se lo sugirió. Llegó tarde al hospital, con un chupetón fresco en el cuello, y en lugar de consolarme, me obligó a publicar una disculpa para Anahí por causarle "tanto drama". Incluso usó mi celular para coquetear con ella, planeando su cena justo frente a mí, mientras yo todavía sangraba por el procedimiento que él mismo ordenó. Cuando me negué a seguirle el juego, me abandonó en la salida del hospital, provocando que me cayera y sufriera una conmoción cerebral. Más tarde, los encontré en nuestra cama, y tuvo el descaro de invitarme a su cena de "celebración". -Lo haces por mí, ¿verdad? -preguntó, con una sonrisa esperanzada-. ¿Para que por fin pueda ser feliz con Anahí? Miré al hombre al que le había entregado mi vida, al hombre que acababa de arrebatarme a nuestros hijos, y vi a un completo desconocido. Esta vez, no habría lágrimas ni segundas oportunidades. Tomé el acuerdo prenupcial que firmó hace años -ese que me daba una enorme parte de su empresa si alguna vez me traicionaba- y me marché para siempre.”