Luna abandonada: Ahora intocable
vista d
da en la frente. Escocía como el demonio, pero honestamente ese dolor físico no
ier entró como si se tratara de su territorio, los ojos desbordando una mezcla de furia y
obresaltado. "Es mi... jefe." Por poco y se me escapa "esposo", pero me de
, con la nuez desli
ose al doctor con esa voz ronca y car
ontestó el médico con n
ros enredos personales. Terminó de pon
bra pegajosa. En el pasillo, se adelantó a pagar la cuenta y recoger los medicam
. El lazo que me unía a Xavier se había ro
to ágil. Luego rodeó mis hombros con el brazo y me llevó-más bien me arrastró-al estacionamiento.
mpujó adentro. Luego se subió él. El portazo resonó
n una tormenta en la cara. "¿Era eso? ¿Que
absurdo. Y luego, contra toda lógica, empecé a r
manipularlo con culpabilidad? Qué ego tan monumental.
hacia mi teléfono. "No cargues eso en
jó, esquivand
omo si no existiera. ¡Le faltaste el respeto a mi madre también! ¿No crees
pudieras verte
a. Tampoco quiero seguir en medio de lo que sea que tengan. Pero por fav
os," insistió él, frunciendo el ceño. "Los lobos somos le
le todas las pruebas: llamadas a medianoche, textos
í mal. Felicidades p
volvió espeso
rza con la chaqueta prestada. Ese aroma-sándalo
teó ligeramente, como si detectara la
ueta?" preguntó, los ce
o desinteresado. "De mi herma
ada. En un parpadeo me jaló la c
che a toda prisa. Esa chaqueta era uno de los pocos ges
Antes de que pudiera protestar, me besó...
hizo enojar más. Me apretó la mandíbula hasta abri
brillo oscuro en sus ojos-ese i
z," murmuró. "Deberías pensar có
a el hombre con el que había vivido tantos año
ía ahí, empapada
etí devolverla limpia
ura. Para la noche ya tenía fiebre alt
sopita, me daba medicina, me cuidaba con una ternura que, por pequeños
a
sueños y delirio sentía su cuerpo cerca en la cama... es
un celular cor
ados. Xavier y yo volteamos al
12:3
pantalla: "
a dudas. Sentí un vacío en el estómago