una locura. ¿Pretendes que él se mezcle con esa
o esté cerca de otra mujer sea inadmisible -dijo-. Pero yo ¡Que soy el prometido de Valentina! Te as
edes asegurar eso? Se supone que
ano-. Fue un desastre. Ella no me ama. Esto no es amor. Es compromiso. N
conmigo realmente? -preguntó-. Nada de esto estaría pasa
finca -dijo-. Valentina seguirá en su vida de lujos, lejos del olor a campo. Y en un año me divo
Tendrías que marcharte, Valentina estaría día y noche tras de mi y no podría ad
ras de Emiliano. -¿Y qué ganamos nosotros con esto? -preguntó Kael-. Ella va a
-. Lo que debes saber de ellos, de la empresa, de có
a su amor, su vida, pero ese día algo se movió en ella. Era como si
surró. -Esta fin
n año te la entrego. Con todo lo que produzca y todas las mejoras hecha
formando en su pecho. Camila lo miró con los ojos húmedos, buscando en su rostro una respu
, quiero que me lo jures, Kael. ¡Júrame que no la tocarása con ambas manos, apoyando
r. Tú eres la única. ¿Y si en algún momento? ¿Si algo
Así será -confirmó-. Kael es solo la fachada. Y
no supo identificar del todo. No era celos, no era desconfianza. Era una intuición
! -dijo Kae
n número que conocía de memoria. -Mynor -dijo cuando la lla
idumbre de lo que Emiliano estaba solicitando. -¿Qué clase de d
, aquí te explicaré todo. -dijo Emilia
ablo. Mientras que Emiliano miró fijamente a Kael, como si en ese instante
jo nada más, pero dentro de sí la verdad ardía: todo aquello era una fachada. El hombre que había arruinado a su fa
por Camila. Algo que no entraba en el plan. Algo peligros
sin darse cuenta, algo había comenzado a quebrarse. Después de todo ese amor no era tan fiel co
chofer apenas le dirigió una mirada antes de marcharse. Ella caminó hasta el d
ntina, segura-. Tod
n su plan. -Quiero algo limpio. Sin escándalos. Sin manc
usurró. -¡Me encargaré de Emiliano! ¿De ser nece
dre fue lenta, pero
Emiliano solo con Camila. -¿Qué haces Emiliano?
or y tras una leve sonrisa, el respon
la? ¡Valentina! ¿No te descubrió, verdad?
ro que conozcas a alguien. -Emiliano giro
or y su mente se estremeció. -¡Emiliano! -murmuró Myn
-lo interrumpió de golpe,
idéntico? ¡Porque no lo sab
dijo Emiliano con la mirada serena-. Necesito que Kael lleve desde h
miliano? -pregunt
lgo, Mynor! -respondió Emiliano posa
zón se llenó de celos. Emiliano tenía todo lo que Kael necesitaba, pero Emiliano no tenía lo
noche en la que todo fuera simple. Se buscaron con urgencia, pero también con una tristeza silenciosa que se
nque no sabía si era una pro
ló al piso, Kael alzo a Camila, llevando sus piernas en torno a su cintura. La condujo a la cama, donde el colchón re
su voz áspera, mientras que sus manos pose
húmeda y apasionada. -Entonces... ¡Has que valga la pena! -contes
un grito atrapado en la garganta, percibiendo como él la colmaba, como la partía y la recreaba al mismo tiempo. No exis
paz de dejar morados, esas manchas púrpuras en su piel pálida, que juraban su pasión. Kael clavaba su mirada en los ojos de Camila, oscur
a sintió el clímax acechando, como una ola indetenible. -Kael,
rito ahogado, Kael se vació dentro de ella, un torrente caliente que inundó sus sentidos. Camila se es
puerta. -¡Es hora Kael! -Emiliano hizo una breve pausa y tras un suspiro largo
oció, el solo sonrió sin alivio. Camila lo observó transformarse,
sidencia de los Jaramillo se hizo escu
dre con una mirada discreta-. Olvida la escen
ándola en recepción. -¡Volviste! No esperaba vert
amo de rosas rojas cubrían sus manos. -¿Me perdo
lla desconcertada-. ¡No tengo nada que perdonarte, Emil
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