que se quedó en establo en la encrucijada que parecía cambiarlo todo. Ella
ervando al frente-. ¡Vámonos de aqu
Valentina respiraba rápido, con las manos temblando. -¿Qué te
dre había contratado "por confianza". Pero era el que ella había escogido por placer más que por elección de su pad
o de Emiliano! -dijo-. Tenía a su amante
eño. -¿Qué? ¿Creí que
a entre animales. Aun no puedo creer lo que vi. ¡Eso es lo que me indigna!
se tensó. -No olvides que yo también vengo de un lu
-¡No compares, Santiago! Tú eres diferente. Tú estás c
a a hacerse largo. -¿Y ahora qué vas a hacer? -preguntó fin
jó claro que no puedo permitir que este matrimonio se caiga. Todo su futuro está puesto en
ignifica que seguirás con el plan?
. -Sí -dijo rapidamente-
e. -¿Qué va a pasar con nosotros? Llevamos
-. Pero no será mi hombre. No pienso quedar embarazada. No habrá luna de miel. Lo mant
Cómo podrías estar lejos si él será tu esposo? ¡Te oblig
ero en mi cama -respondió-. Emiliano no será un es
al. El mismo rostro, los mismos rasgos, la misma altura. La misma e
ragó saliva- ¿Có
iliano con la misma expresión
l como si fuera un salvavidas. -En verdad eres tú... -dijo, con la voz quebrada-. En
e! -se escuchó a
con ninguna otra, sino que solo con el mismo timbre
más que idéntico conmigo. -negando con la cabeza-. ¡Esto es absurdo! Es
ió-. Pero definitivamente no somos iguales. Usted presume de su riqu
ero lo que sí es un problema es tu apariencia. Esto puede causar una confusión grave en la finca y en mi vid
razo-. Es mejor que nos vayamos de este lugar. E
"vámonos" le dejó claro algo que no quería aceptar: Camila no lo veía como una opción. Lo aceptó como un error. Reforzan
uiera dar un paso. -¡Esperen! -dijo, bajando el
sconcierto. -Nada que venga
tinuaba con planes e intrigas. -¿Cuánto tiempo? -le preguntó Santiago-. ¿Cuánto
nadie sospeche -respondió con serenidad-. Por lo menos ne
o para divorciarte? -preguntó desc
sus peligrosos labios. -¡Un año para algo mejor! -
Que no pase de un año! -respondió con la mirada penet
ó hacia él, lo besó con rabia. No hubo delicadeza. Solo urgencia. Valentina buscaba borra
e deseo y algo mucho más oscuro. -Aquí no -dijo él, separándola
gitada. -¡Vámonos de aquí! -exclamó ella c
e resistió. No por ambición, sino por intuición. Algo le decía que ese momento iba a defin
hablara le dio margen. Se acomodó, bajó un poco l
pitió-. ¿Eso qué significa exactamente? ¿Cómo se sup
s de esta finca. Pero te advierto algo. -bajó la voz con advertencia-. Mi futuro suegro no puede s
l aire. -¿Peligro? -Kael dio un paso má
gente que no entiende coincidencias como esta. ¡Mucho m
os -le susurró-. Solo escuche
mente acepto. -Habla
erca de Kael, bajando la voz. -Me caso con Valentina en
se por dentro. -Entonce
o que tomes mi lugar. ¡Que seas Emiliano Quintero! Y yo me
/0/22369/coverbig.jpg?v=e77ab47b80477ae44dc4f2cad6b9b1dd&imageMogr2/format/webp)