Pensó que podía pisotearme, hasta que lo arruiné
ía por la Mansión Baluarte como un fantasma, evitando a su esposo, quien dormía en el ala de i
evisando los planos arquitectónicos para el terreno baldí
brió de golpe.
había burlado de Celaje durante cinco años. Llevaba una bolsa
elo, sin molestarse en saludar-. Espera que
obre el sofá de terciopelo.
ió para r
olsa, luego a Ci
oy un hombre devastadoramente ocupado, se
entamente. Colocó las m
luarte -dijo-. Pagado por
¿
40% de ese fideico
ase el vestido. Es gris. Serafín lo eligió.
or para sombras. Serafín estaba trat
u teléfono. M
uarte? -se burló Ciruel
io Ciruelo inmediatamente. He marcado sus cuentas de gastos para una auditoría forense con respecto a las "tarifas de consultoría" no autoriz
lg
e las "tarifas de consultoría": dinero que había estado canalizando a Serafín bajo las órdenes
no lo haría -b
aje, volviendo a su
elo
horrible: un saco gris sin forma y desaliñado con cuellos de encaje
na, el ama de llaves que había e
Colección Dorad
00
aminando de un lado a otro. Serafín le había enviado diez men
onios está Ciruelo? No contesta
c en la escalera de mármol resonó
rriba. Su aliento se
diendo las escaleras
ía d
ra sin tirantes, abrazando su pecho y ciñendo su cintura antes de caer en cascada en un
rosas. Llevaba aretes de diamantes vint
dado que ella podía verse así. Había ol
voz ronca. Trató de invocar su
uvo por él. Caminó pasando a su lado hacia la pue
ión toma ti
luarte, siguiéndola como un cachor
la puerta. El chofer
o simplemente-.
en e
o. ¿Despidió a su secretario? ¿Desde cuándo tenía
ioso. Pero por primera vez en años, Baluarte no es