El pacto de matrimonio fingido de la heredera muda
de Lucero. Espino estaba sentado en la silla de ruedas, de espaldas a la fiesta
ra de plata. Extrajo un cigarro y lo encendió con un encen
ando en rojo. Exhaló una columna
s a tus padres que no estoy interesado. Di
Observó el humo en
rando la silla para enfrentarla. Su agresión es
teléfono ni una libreta. Simplemente habló. Su
de la
El cigarro ardía ig
a en el servidor perimetral -continuó Lucero, con voz clínica-. Ayer por la mañana.
se entrecerraron en rendijas. La máscara del inválido roto se dis
inando -dij
rando su negación-. Favoreces la rodilla izquierda. ¿Vieja lesión? Tal vez. Pe
repentina y aterradora, inmovilizando a Lucero contra la barandilla de piedra. Los reposapiés se estrellaron
morir? -siseó-. ¿
mueca por el dolor en sus espi
de esa casa. Tú nec
rostro un micrófono, un engaño. Solo v
cate -
e se sentará en la esquina mientras te pudres -dijo Lucero-. Si me rechazas, enviarán a D
reposabrazos se aflojó lige
inges? -pre
asunto tuyo
a -adivinó Lucero-. Si estás incapacitado, los buitres sale
o de Espino. No llegó a sus ojos, pero estaba allí.
reces -dijo-. Lo cual no es
interpondré en tu camino. A cambio, obtengo el apellido Zarza. Obtengo protección. Y cuando
iró la fiesta adentro -Caudal Corrient
Un año. Vives en mi casa.
echo -di
llo que hizo que el vello de los brazos de Lucero se erizara-
ó Lucero-, no tendrás que
Caudal asomó la cabeza, con
bien po
da de su silla. Su rostro se relajó, sus hombros se
ulló Espino-. Me
apatos, encogiénd
n trato -d