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Demasiado Tarde Para Arrepentirse, Señor CEO

Capítulo 2 La melliza perfecta

Palabras:1799    |    Actualizado en: 09/02/2026

di

de mi ciudad natal para no volver a verlo nunca, sin embargo siguió apareciendo, sigue

Layla, la dulce Layla que no rompe un plato. La estudiante más destacada, la políglo

ue era ju

liza imp

a notas pésimas, la que se pasaba los días acosa

ca será

nunca costará

lían decírme. Lloró al recorda

hermana. En venganza quemaron años de trabajo, quemaron m

ashb

usieron en el jardín. Dos mucamas sostuvieron mis

da mi vida. Ni siquiera cuándo murió mi

ase, "el dolor te

lla hubiera trabajado más de veinte años en su casa, ni siquiera mi hermana fue, nadie estuvo conmigo en ese día tan triste. En mi corazón tenía la esperanza de ver a Luke, quizás yo era una mol

ío que un iceberg. El no se compade

s. Eres una ver

erramando lágrimas. - Hoy no podré soportar tu

e adelante. A mí déjame en paz. - Fuí ingenua al pensar que vino a darme el pésame, a apoyarme, a consolarme. Vino por

mado desde los siete años. ¿Cómo? ¿Cuándo empezó eso? ¿Se

o por qué lo haría? ¿Qué derecho

sé. Quizás era por qué ella nunca hizo nada para ganarse su afecto. Quizás por qué e

de ti. ¿Por qué tenías que aceptarlo a él? - Todo en mi

ke me

no te gustaba, todo el tiempo estuviste fingiendo. Fingiste que me apoyarme

ovían. El cuadro frente a mi estuvo vacío por semanas. No pod

Ese era mi lugar seguro. Un día decidí salir. La falta de

o del futuro me detuviera, todo había estado tranquilo en la ca

mar el sol y un

Dijo Layla al verme. La Ignore y

r mal. Mi madre llamo una ambulancia y se la llevaron al hospital. Quizás era una traido

pasa? - Nunca me había pegado, regañado y gritado si, pero golpeado jamas

te? ¿Estás tan

ía que quería matar a alguien, era a mi, no tenía que ser muy inteligente p

o a mi hijo, vas a pasar el r

xo? Era obvio que si, ella no quedó embarazada del espíritu santo. Imaginé a ellos dos en la cama y me dieron ganas de vomitar,

me agarró de los hombros. Puso tanta p

s lastimand

ydia. Mi bebé no ser

staban culpando a mi? ¿Qué se supone qu

en mi estudio pidién

si el se lo proponía yo podía pasar el resto de mi vida en ese sitio, su familia era la más poderosa del país, un chasquido de sus dedos y mi vida estaría arruinada para siempre. - Dios salva a s

aquen

á, ¿qué

es padre. Me equi

madre. El solía ser frío conmigo, pero de vez en cuando notaba cierta calide

ara ti señorita. - El dolor no me importo. Al ver que se

de llevan

l que pinte a los tres años, y el último de hace un año se volvieron cenizas. Sólo quedaba el de mi Nana conmigo, era el más importante

uego. - Vi a Luke en una esquina. - Luke por favor. Dile que no lo haga. - Suplique. El me vió como si estuviera disfrutando mi dolor. Mi papá hizo un gesto con la ma

on el pasar de los años. Envidia, resentimiento, rabia, dolor, odio. Hasta ese día supe que tenía todas esa emociones atoradas en mi pecho,

on una determinación que no sabía existía en mi. - No quemaste mis sueños. Me quemaste a mi. Acabas de perder a tu hija. Y grábate bien esto. - Aparte mis malditas lágrimas. - Nunca me vas a recuperar. - Sonreí. - Tu no renuncias a mi. Yo renunció a ti. A mi madre. Y toda esta maldita familia. - Su mano de nuevo se levantó para golpearme. No se de dónde saqué la fuerza, pero logré sostenerle el

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Demasiado Tarde Para Arrepentirse, Señor CEO
Demasiado Tarde Para Arrepentirse, Señor CEO
“- Mami, estás viva. - Sus ojos verdes igual a los míos me hacen sobre saltarme, imposible. No puede ser, esté niño es... - Byron. - Podría reconocer esa voz en cualquier lugar. La tengo gravaba en mi memoria cómo si fuera mi maldita canción favorita. - Papi, encontré a mamá. - Estaba a unos metros del hombre que ame por más de una década, el hombre de 1.87, cabello negro, ojos grises azulados, hombros anchos, labios sexis y rostro apuesto. El era la definición de perfección. ¿Alguna vez le han regalado flores a un hombre? Yo si. Es el que está frente a mí en éste momento. Lo recuerdo de niño, ¿cómo no me dí cuenta antes? Quizás por qué has estado luchando por olvidar todo de el. Así que no notaste que el pequeño aquí es su viva imagen. Contestó mi voz interior. - Aléjate de mi. - Ordene a al mocoso. Mi voz antes normal se volvió fría.”