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La fría y amarga traición del multimillonario

La fría y amarga traición del multimillonario

Autor: Gu Jian
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Capítulo 1 1

Palabras:1219    |    Actualizado en: 10/02/2026

corta y quebrada que sonó más como un sollozo. Casi había muerto hoy. Había visto el suelo acercarse a toda

vantar el brazo derecho. Un dolor agudo y abrasador se disparó desde su hombro hasta la muñeca, arrancándole un grito ahogado de la garganta seca. Apretó los dientes contra una ola de mareo, un fantasma persistente d

ba v

o aterrador que siguió al choque regresaron en una ola fragmentada y caótica. Reco

n, revisando la bolsa de suero que colgaba junto a

Su voz era una ruina-. ¿Ha

puerta y luego volvieron al expediente en sus manos.

eñora Horta. De una tal Ger

que alguna vez había mirado a Anayetzi

a, una telaraña de fracturas distorsionando el vidrio, pero cobró vida. Tocó el registro de

Todas de la compañía de segu

de

to y Pasajera Sobreviven". Debajo había una foto. No era del lugar del accidente. Era una foto de archivo de Adán, luciendo elegante y

a cortando un listón mientras

ndamente en sus huesos. Comenzó en su pecho y se extendió hacia afuera, entumeciendo las

arrancó la cinta de

eso! -chilló la enfermera,

as por el lado de la cama. El suelo es

una rabia repentina y gélida-. Tengo una abrasión de grado 2 y probablemente una conmoción

titud, por la terminología médica fluyendo de la mujer que

urgencias. Llevaba su bata de hospital metida dentro de unos pantalones médicos enorme

ndo. Una llovizna fría que empapó la tela delgad

ver al departamento. La idea de ese mausoleo

ra. A Anayetzi se le cortó la respiración. Conocía ese coche. Era un Bentle

ranza patética se encendió en su pech

o, una vergüenza repentina la invadió. Se veía

l. Se deslizó pasándola, suave y silencioso, y se d

ía bien, salió y abrió un gran para

n s

n corbata, el botón superior desabrochado, las mangas remangadas hasta lo

l interior del co

o a un lado. Se inclinó y lev

r. Pequeña,

ia

envueltos fuertemente alrededor de sus hombros. Se veía pequeña y preci

ios de Adán rozar la frente de Casia. Fue un gesto de tanta ternura, de tal ins

rda. No miró a la derecha. Ciertamente no miró hacia la salida general don

mecida. Era un mensaje automático de la aerolínea: "Nos

s automáticas ya se habían cerrad

con su mano derecha, girándola sobre el nudillo. Se sentía fría, ajena. No la tiró. En cambio, una fría determinación

co y redujo la velocidad cerca d

el conductor, miran

aclaró la garganta y lo dijo de

pero la imagen de Adán cargando a Casia e

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La fría y amarga traición del multimillonario
La fría y amarga traición del multimillonario
“Casi muero en un accidente aéreo, viendo el suelo acercarse a toda velocidad, pero mi esposo, el magnate Adán Horta, ni siquiera llamó. Mientras yo me arrancaba el suero y salía cojeando del hospital bajo la lluvia, vi llegar su Bentley. El corazón me dio un vuelco, pensando que por fin venía por mí. Pero Adán pasó de largo, ignorando mi figura empapada. Se bajó y cargó en brazos a su exnovia, Casia, tratándola con una ternura que jamás tuvo conmigo, como si ella fuera de porcelana. Los seguí hasta el área de maternidad y escuché la devastadora verdad: 12 semanas de embarazo. Las cuentas eran exactas: la engendraron en nuestro tercer aniversario, mientras yo soplaba las velas sola en casa. Al confrontarlo esa noche, Adán ni siquiera se disculpó; me miró con frialdad y me sirvió una copa. "Casia es frágil, es un embarazo de riesgo. Tú eres aguantadora, Anayetzi, por eso me casé contigo. Deja el drama, firmaste un prenupcial". Pensó que, al bloquear mis tarjetas y dejarme sin un centavo en la calle, yo volvería arrastrándome a su mansión como el perro rescatado que él creía que era. Olvidó que antes de ser su esposa trofeo, yo ya sabía sobrevivir sin nada. Al día siguiente, irrumpí en su oficina frente a toda la junta directiva. Vertí una taza de café podrido sobre los contratos originales de su fusión más importante, arruinando el negocio del año. Y frente a su amante y sus empleados, me quité el suéter de cachemira y los jeans de diseñador que él había pagado, arrojándolos al suelo y quedándome de pie con dignidad. "Te devuelvo tu ropa, tu dinero y tu apellido, Adán. Pero ya no me tienes a mí". Las puertas del elevador se cerraron mientras él gritaba mi nombre, dejándolo solo con sus millones y su desastre.”