cupaban la primera fila, ambos con e
influyentes de la ciudad. La perfección era lo mínimo exigible; cualqu
ento más crucial. Su error, tan irreflexivo, amar
a que continuar; no e
a que trajeran a un m
ia prosiguió como si la interr
Su expresión permanecía imperturbable, si
mó la mano y murmuró: "No demuestras ninguna
por un instante, su
a encontrarse con sus ojos. La fría observación que la escrutab
sconfianza de él persistía. ¿Se preguntaba si la ambición podría despertarse en ella algún día? ¿Si podría volverse posesiva y pretender reclamarlo no s
no dio un paso al frente; el aire en
o, es justo que me cuide y le recuerde que no pruebe suert
n se aguzó. "¿Elena t
y ese gesto fue conf
, afirmó Sebastián con calma. "
ujó en los labios de Graciela, de esas que
una voz melodiosa y clara cort
aba bajo las luces, tan similar a un vestido de novia que atrajo todas las miradas de la sala. Una son
duda: e
enmudeció p
presión se endureció, mientras un pro
netrante y sisearon: "¿Qué demonios
ntes de ella no aportaban ningún beneficio a sus ambiciones. Por eso Carlos h
e y atisbó a Lía saliendo con
de aplomo e inocencia que despertaba de for
illos. En cuanto Elena divisó a Lía, su sonrisa se acentuó,
broma cruel de otra vida. Solo que esta vez, la
sa compostura. Sus dedos delicados rozaron la tapa mientras esbozaba una sonrisa suave, casi ingenua, que no conseguía disimular la nostálgica tristeza d
captaron sus ú
con la ira relampagueando en
s: su matrimonio con Graciela no er
a el momento oportuno, lo terminar
ida en dudas perpetuas, preguntando sin cesar si él aún la
sonrió, sin inmutarse por
a actuó como si Sebastián no hubiera hablado. Con dedos tembloros
entendieran, que ella, y no Graciela, era
este día para siempre, con nada más que odio en el corazón hacia el hombre con el qu
música cobró vida y sus notas ti
a leve sonrisa asomó a sus labios, con
su lugar, una grabación chirri
pequeños regalos sin valor. Solo espera, cuando me case con un S
ía, sin lugar a
temblaron mientras intentaba detener la grabación, y
rmentosa, y aquella mirada géli
surraban en una marea crecien
el drama, sintió una extraña me
otra vida. ¿Quién, si no ella, podría haber sabo
de las manos temblorosas de Lía. "Gracias por el regalo"
ó de inmediato y guió a Lía, demudada, d
inuó como si nada
Graciela y le susurró, solo para sus oíd
e suavizó. "¿Sabes siquiera quién es Lía en realidad?", preguntó en
ndió Sebastián con frialdad.
ve sonrisa. "Entonces
e movió en el límite de su v
asada afloraron a la superficie, haciend
nca podría desaprender, pe
ceño. Con un movimiento casi imperceptible, cambió
r pareció calmarla; la rigid
sconcertaba a Sebastián, pues estaba seguro de que
nicio el banquete. Los invitados comenzaron a alzar
ión deliberada, Sebastián siempre pa
Graciela no terminaba de comprender, pe
ión se había reducido a una música suave y risas dispersa
ducación y se escabulló
co resonó e
cómo Sebastián iba a abrir. Su voz s
a delicado, temblaba lo justo para sonar sincero. "E
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