l atardecer, Nora acababa de cambiarse cuando
beza y allí estaba Mateo
si fuera a hablar, p
ta?", insistió él, clavando l
n la tenue luz a su alrededor. Con cada leve movimiento, la seda dest
az destello de piel tersa que contrastaba de forma impresionant
clavícula, subiendo y bajando al ritmo de su mesurada respiración,
collar un latido más de lo debido
sitó, con una voz in
lgó el bolso al hombr
que el día de su boda, tres años atrás. En aquel entonces, se habría acercado para alisarle un mechón rebelde del cabell
aba en su mente: "Todavía te lleva en el corazón". Y, sin embargo, allí estaban, baña
gura aureolada de oro. Su expresión quedaba oculta en la sombra, igual que dura
la mano que le colga
rdientes, trazado círculos calmantes en su espalda cuando las tormentas sa
lo unos centímetros, pero bien po
e forma involuntaria, y el pulso le latió c
na urgencia imprudente la embargó: ce
se le tensaron y la respiraci
o cuando sus yemas se cernían cerca de las de Mateo, el
ncendió en la pantalla, y la visión golpeó a Nor
se hacia sí misma, los dedos anudándose en el
enas unos segundos antes se derrumbó,
oía dirigida a sí misma desde hacía años. Aquella cadencia amable
sión serena que no hizo más que ahondar el abismo entre ellos. "Que te
ía en la reunión; se limitó a inclinar
lverse hacia el coche. Justo cuando llegaba junto al vehícul
ios, apenas perceptible. "¿Qué pasa
fina línea y continuó: "Teng
en sus ojos se atenuó. "D
marchó, dejándola plantada
*
n Evans, encontró a Mateo y a
ndo el lugar en un resplandor familiar y acogedor. Quedó parali
bía conocido el consuelo de u
lpito en el pecho; cla
naba, su rostro habitualmente frío suavizado po
jo aquella luz, y cada uno de sus gestos estaba
do en el plato de Jessica, mientras el padre de Mateo, Al
ventana un mundo al que no pertenecía: una ce
fin Alberto, alzando la vista con
ella y, en un instante, la alegre cha
rsistente en el rostro, pero una sutil vacilación pa
regalo, pero ella mantuvo una expresión serena, las comisuras de los
anto", murmuró, con la
ndole señas con entusiasmo desbordan
Nora se dirigió hacia un rincón, con
lar que centelleaba contra su clavícula, antes de ap
e parecía menos a una reunión cá
; el aire frío del exterior le ofreció un pequeño res
el collar que Nora llevaba al cuello, y algo indescif
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