todo había sido un sueño muy hermoso, de esos que tenía a veces y que lo hacían despertar sintiéndose muy culpable. Pero entonces sintió un peso su
ño. Había pas
ició el pelo con mucho cuidado para no despertarla. Se sentía diferente. Ya no sentía el peso de la iglesia en sus ho
aba en el cuarto del sacerdote, se asustó de golpe. Se sentó en la cama muy rápido y
mblorosa-. ¿Qué hemos hecho, Julián? ¿Qué hem
rró las manos con mucha fuerza. Su
he no fue nada malo porque nos amamos. Dios sabe que el amor puro no puede ser un pecado. Ya no
a por la sorpresa.
ente lo respeta mucho. Usted no sabe hacer otra cosa más que
cer cuentas matemáticas -le contestó él con mucha seguridad, besándole la frente-. Nos vamos a ir muy lejos de aquí.
ro esta vez eran lágrimas de mucha felicidad.
contigo a donde se
ahorros guardados en una caja de zapatos. No era mucho dinero, pero alcanzaba par
ás importantes. No le digas nada a nadie, ni a tu familia, ni a tus amigas. Si alguien se entera, nos van a querer detener. Te veo a las ocho de la noche e
amor. Te lo prometo por mi vida -d
a seco y salió por la puerta de atrás de la casa parro
a hacer sus cosas muy rápido. Buscó una hoja de papel blanco y una pluma negra
ré el verdadero amor en una mujer y no puedo seguir mintiendo frente al altar de Dios. Sé que me van a juzgar y me van a ex
isas de botones, sus zapatos de salir y el dinero que tenía guardado. Cuando terminó, se acercó al espejo. Se quitó el cuello blanco de cura por última vez. Lo tiró a la basura sin se
quito, con solo unas cuantas luces amarillas que parpadeaban. Hacía mucho viento frío que levantaba e
la banca de madera bajo el
o sus cosas -pensó Julián, frotándose
pezó a subirse al autobús grande y viejo que iba a la capital. El chofer e
ros nervios. Miraba para todos lados buscando el vestido de flor
capital! -gritó el seño
/0/23787/coverbig.jpg?v=ad774216e658a8b9b8254ddbc208e6e2&imageMogr2/format/webp)