rrió haci
uchacha de pelo largo castaño, muy bonita, con un ve
nos trabajadores. Ya me tengo que ir. ¿Te vas a su
por el camino de tierra, perdiéndose en la oscuridad de la noche. Julián se quedó comp
y miró por la ventana. Las luces de la casa estaban todas apagadas. Todo estaba muy tranquilo, como si nada pasara.
corazón le dolía tanto que sentía que no podía respirar aire. Se sentó en la misma
rible verdad: ella no iba a venir. Elena le había mentido. Le había dicho que lo amaba, se había acostado con él, lo hizo renunciar a su vida, a Dios y a su
pueblo, el hombre que estaba sentado en esa banca ya no era el mismo. El Padre Julián, el
piedra. Sus ojos, que antes brillaban de amor, ahora estaban o
ca-. Me voy a hacer rico. Voy a tener tanto dinero y tanto poder que el mundo entero se va a poner de rodillas frente a mí. Y un
carretera, dejando su pueblo, su pasado y su
on el corazón roto en mil pedazos. Rentó un cuartito muy feo y húmedo en una vecindad de las peores de la ciudad. Para poder comer, consiguió un trabajo cargando cajas pesad
lena. Recordaba su olor dulce, su piel suave y las palabras hermosas de amor que se dijeron esa noche de tormenta. Se despertaba sudando frío y llorando de pura rabia. No podía entender por qué ella
que saber la verdad. Tenía que verla a la cara y preguntarle por qué lo engañó. Juntó las pocas monedas que habí
ndiéndose en las sombras de las casas apagadas. Llegó hasta la casita humilde de Elena. Su corazón latía muy rápido, casi se le salía por la boca de la emoción y el miedo. Pero cuando se acercó a la puerta d
de al lado y tocó la puerta con mucha fuerza. Salió doña Rosa, una señor
la voz para sonar diferente y rasposo-. Busco a Ele
sconfianza, tratando de verle
ándalo tremendo en todas las casas. La misma semana que desapareció el Padre Julián d
tó los puño
la? -preguntó él, casi sin poder r
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