a sábanas recién planchadas y a un lujo aséptico que ponía los pelos de punta. No había salas de espera abarrotadas ni
lvicas y un sinfín de pruebas que la hicieron sentir menos humana y más como un vehículo de alta gama pasando por la revisión técnica antes de ser adquirido. Cerraba los ojos cada v
átex tras la última exploración-. El grosor del endometrio es óptimo. De hecho, según sus análisis hormonal
dedos entumecidos, sintió que el suelo se inclinaba. *Cuaren
temblándole a pesar de sus es
oras -respondió el médico con sequedad, anotando algo en
traje gris se puso de pie. Llevaba un iPad en
nco de Zúrich. *Monto: 250.000 €.* Destinatario: Clínica de Alta Especialidad, a favor de la paciente Heidi Meyer
Las lágrimas amenazaron con desbordarse, pero Emma apretó la mandíbula, negándose a llorar f
el dispositivo-. Ahora, si me acompaña, la escoltaré hasta el ascensor privado. Puede regresar a su domicilio a empaca
entre el alivio abrumador por su tía y el terror
an. Klaus presionó el botón. Un suave timbre anunció la llegada de la cabina, pero cuando
ador en color carmesí que contrastaba violentamente con la palidez inmaculada de su piel y su cabello rubio platino recogido en un moño estricto. S
leve inclinac
Krause. Bu
u nombre en las revistas de sociedad; era la heredera de un imperi
n tono de superioridad aristocrática-. Veo qu
como una bofetada. Kl
ya se retira, señorita
so al frente. El espacio era amplio, pero la presencia de Sofía lo acaparaba todo, impregna
nzando el descenso. El silenc
números digitales que descendían sobre la puerta-. Noah suele tener un gusto más... refinado. P
stados de su cuerpo. La humill
-mintió Emma, manteni
te de humor. Giró la cabeza lentament
ente, una fusión de imperios que dominará el mercado europeo. Pero él necesita un heredero pronto para aplastar a la junta directiva de
pacio personal. El pánico instintivo de Emma a la proxi
sucio. Así que escúchame bien: no te confundas. Noah Becker es un hombre que toma lo que necesita y luego lo desecha. Si crees que por abrir
nido alegre que contrastaba con la tensión v
ente a los ojos. Detrás de su fachada dócil,
e no sentía-. Lo único que me produce el señor Becker es repulsión. U
con paso firme, cruzando el vestíbulo hacia l
vo frente a su caja de materiales: cintas, washi tapes de flores, trozos de tela con encaje coquette, recortes de revistas y sus acuarelas en tonos lilas y pasteles. Empacó c
a abordando el vuelo médico hacia Zúrich. El peso más grande del mundo se levan
aceite de oliva. Necesitaba mantener su cuerpo sano, fuerte, blindado. Ya no era so
zó a sí misma, sintiendo un escalofrío de anticipación. Mañana a las siete, el coche ve
jos, preparándose para ad
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