través de la ventana de su apartamento por última vez. La lluvia había dado paso a una neblina espesa que se arrast
Suiza. Al mirar la pantalla luminosa, la fecha se grabó en su mente: *Jueves, 16 de abril*. Un día cualq
erta trasera del vehículo. No hubo palabras, solo el sonido sordo de las puerta
de piedra. Finalmente, unos imponentes portones de hierro forjado se abrieron silenciosamente, dando paso a una propiedad que parecía sacada de una pesadilla gótica moderna. La mansión Becker era
el frío que se había instalado en los huesos de Emma. El vestíbulo era de doble altura,
o, preciosa -dijo una voz masculina y
un hombre joven, de sonrisa fácil y cabello castaño desordenado. Llevaba un traje sin cor
spetuosa al notar su aversión al contacto-. Soy Mateo Wagner. Primo del
era el "Wagner" del bufete qu
uró ella, aferrando
s cosas de villano corporativo, así que me pidió que te diera el comité de bienvenida. -Mateo metió la mano en e
guro para evitar el pánico, escaneó el dispositivo al instante: un *flagship* de ultimísima generación, carcasa de titanio pulid
tos anteriores están bloqueados por seguridad, a excepción del enlace directo con la clín
a, pero asintió y guardó el ava
de llaves, puede prepararte lo que desees. Noah tiene un chef que hace ma
to de arroz integral preparado con una técnica de cocción lenta, acompañado de vegetale
la especificidad técnica de su petición cu
egetales. Hecho. Greta te lo subirá
e lujo, desprovista de alma. En cuanto Mateo la dejó sola, Emma corrió a su maleta. Sacó sus rotuladores, sus cintas *washi* y sus diarios de recortes. Colocó un cuaderno de tapas lila y
ralizaba las extremidades. Se puso un camisón de algodón blanco, sencillo y ce
noche, un suave golpe en
Kl
espera en el ala oes
paseo hacia la guillotina. Klaus abrió unas pe
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