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Yo estaba sangrando, él celebró a su amante

Capítulo 2 Yo fui quien te salvó en ese entonces

Palabras:843    |    Actualizado en: 13/05/2026

vista d

sofá de la sala y sostuve El Rechaz

un conjunto de ropa blanca, el olor

to rompió la quietud: era

ía reg

negro de ayer. Le colgaba la corbata suelta alrededor del cuell

jo consigo el

us fer

, al levantar una mano para taparse la nariz

sangre. Selena, ¿qué brujería est

curría a la magia negra sol

dí; solo

enseguida, le habría quitado el abri

rgo, me quedé

í y su presión de Alfa se desató con fuerza. "Aria terminó hospitalizada anoch

anoche, mientras celebrabas con Ari

dijo nada. Luego una risa fría se le esc

riba. "Selena, esta vez te has lucido. ¿De verdad quieres

a el jardín, antes de agregar: "Está enterrado al

", espet

ándome a levantar la cabeza. El agarre se intensificó,

sacas el tema de un niño? ¿Cuánto tiempo piensas seguir con este jueguito? Aria terminó en el

sentía agotada. Explicar cua

ano y empujé el do

Solo tienes que firmarlo. Una

ojos mientras mir

tó una breve carcajada y

ó, lo hojeó y lo volvió

amenazas con terminar todo? ¿De verdad crees que te voy a creer? Te esforzaste tanto por conv

nconsciente, y, aprovechando esa oportunidad, conseguiste que mi abuelo nos uniera

ijo: "Porque quería que entendieras lo que cuesta la codicia. ¿Querías el tí

nos se apretaron contra

do un castigo. Tres años junt

propia salud y tuvo que marcharse para recuperarse. Incluso entonces, me dijo que te aceptara por el bien del futuro. Ella lo sop

y mis uñas se clav

yo: yo fui quien tomó el veneno, quie

yo quien te salvó en ese enton

ló contra mí, y su orden de Alfa me

neció. La boca se me cerró sola y no pude emi

rlo. Me quitó la voz solo p

me tomas? ¿Crees que

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Yo estaba sangrando, él celebró a su amante
Yo estaba sangrando, él celebró a su amante
“Para salvarlo, sacrifiqué a mi loba, soporté el tormento del veneno de plata y pasé tres años atrapada en un matrimonio vacío, viviendo en callada penuria. En una noche tormentosa, perdí a nuestro hijo, mientras él me culpaba por arruinar la atmósfera de la fiesta de su amada. Cuando le pedí que rompiéramos nuestro vínculo, él me despreció y me encerró, convencido de que nunca renunciaría a mi lugar como Luna de la manada. Lo que nunca supo fue que solo me quedaban meses de vida. Rompí el vínculo y desaparecí sin dejar rastro. Solo más tarde él descubrió la verdad, buscando frenéticamente en cada manada un amor que ya había enterrado. "¡Selena, vuelve! Te daré mi vida". En los brazos de otro Alfa, sonreí. "Mi amor por ti murió con mi loba hace ya mucho tiempo".”