as, se me retorcía el estómago. Miraba la luna colarse por la ventana, como si p
ó todo el tiempo burlándose de mis elecciones mientras fingía ayudar. Solo iba a la escuela y al trabajo, y fue
gar la ridícula deuda de un vestido que costó trescientos dólares solo pa
ersaciones se volvieron cortas y distantes, limitad
a llama se negaba a apagarse. Quizá pudiera sobrevivir a la gala sin humillarme. En solo una semana, todo e
algo estuviera por suceder. Con las bolsas de la compra apiladas
spesa de ajo y parmesano. Envolví las coles de Bruselas en tocino, las glaseé con jarabe de arce y les di un toque de balsám
adoraba, y mi padre llevaba su admiración aún más lejos. Cuando Phoenix fue nombrado heredero después de que el último hijo del Alfa Renard muri
hoenix Blackwood. Por ahora, sin e
r mientras avanzaba a duras penas. Me movía con torpeza, insegura,
lto descuidada, pues no noté nada raro. No sentí el
rró de golpe detrás de mí con una fuerza brusca, y un
Mas
sde la infancia, el que nunca dej
dentro,
enía a
labios. Yo no podía moverme ni retroceder mientras
cree que por fin va a ser exhi
tono burlón. Se acercó má
y su mano se cerró alrededor de mi cuel
entos se dispersaron y, de algún modo, me fijé en las manzanas que rodaban
es a la gala? ¿Crees que puede
rio, revolviéndome el estómago. Giré la c
nuevo. Sus palabras me hirieron profundamente. "¿Quién podría
ostillas, frenético y atrapado. Su agarr
mi oído, rozándome la
ba por respirar. Había soportado los golpes, los insulto
o era ot
era p
tré con fuerza, dejando líneas ardientes. Intenté darle una patada,
ba ignorar la dura y evidente prueba de su excitación. "Si aparezco cubie
me pasara, pero con la gala acercándos
rme alrededor de mi garganta, y sus dedos
olía creer que las cosas cambiarían, que luchar
e. Haría lo que fuera necesario para seguir viva. Harí
voz temblara a propósito, e incliné la
sfecho que me revolvió el estómago. Se inclinó, inhaló y luego p
usea antes de
hasta mi cadera y me atrajo hacia él. Cerré los ojos, respirando por la boca para ignorar el s
e me robó el aire de los pulmones. Se me escapó un grito mientras lo em
marca en la piel. Su mano se cerró en mi mandíbula, obligánd
bir otro golpe, pero
s en ese momento. Él lo
que un desecho, y este es tu lugar. Nadie vendrá a salvarte en esa elegante gala.
fuerza, dejándome sin alient
ra pequeña perra de la manada, Ava". No se molestó en ocultar lo que insinuaba. Su mano
para algo. Todaví
as su voz envenenaba el aire. Sí, lo en
resbalaba por la mandíbula mientras dejaba escapar sonidos entrecortados. "Qué defecto tan hermoso, Ava. Fácil de rompe
o ent
ya no me p
. Intenté quedarme allí, lejos de él, hasta que un fuerte golpe en el estómago me arrastró de vuelta al dolor. Caí
obligándome a rod
en mi boca, con movimientos bruscos y asfixiantes. Luché por respirar; mis labios se partieron por la fuerza. El sabor me invadió r
iaron hacia las compras esparcidas por el suelo. No dijo nada; solo una
o sa
z se ensanchó, en cómo lo asimil
uedó donde estaba
inaba ligeramente la cabeza. "Heredero del Alfa". Hizo un gesto despreocupad
ba detrás de mí. Las lágrimas que me nublaba
lgo mucho m
do, el que lo entendió y el que de
ita
ía quedar
ue me costara,
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