star atada al Alfa Davis me tensó por completo. Ese hombre emanaba oscuridad; pasara lo que pasara, no podía ignorar que Caleb era mi a
ión que no podía ignorar. Si lograba alejarme lo suficiente, quizás podría encontrar ayuda... quizás incluso sobrevivir. Pero mi cuerpo ya no me respondía. Apenas di un
Me apretó el cuello con la mano y me obligó a mirarla. Aun con la vista nublada por las lágrimas
o vivir", supliqué con la voz entrecortada por el esfuerzo. En lugar de conmoverla, mis palabras solo la volvieron más salvaje. Se abalanzó sobre mí y me inmovilizó.
n vida", ordenó
mis gritos se convirtieron en débiles quejidos. Ya no podía ver con claridad mientras me llevaban a los aposentos de los Ome
..", supliqué, apenas con aliento para hablar. Nadie respondió; mi cuerpo se rindió y me deslicé hasta
ista con esfuerzo. El sanador apareció en el umbral con una expresión sever
on ella?", pregunté
garlo, noté que el líquido tenía un sabor fuerte y amargo. Sin
as lágrimas volvían a brotar. "Diosa... ¿por qué?", murmuré. "
ueca de asco en el rostro. "¿Tú, entre todas las mujeres?", escupió. "¿A
mirada. "Yo no soy la que se equivoca", espeté. "Lo est
l aire se me escapó de los pulmones mientras forcejeaba. "¡Elena!", gritó con furia. "
nto de ceder cuando una voz lo interrumpió. "¡Caleb!", exclamó Natalie. "De
gre: "Yo, Alfa Caleb Reed de la manada Aullido Carmes
ó la vista y mi cuerpo se desplomó por el impacto. Durante un breve segundo, vi a Caleb y a Natalie observándome con expresiones distantes, casi entrete
do, como si algo me estuviera aplastando. Maryse había estado aullando durante la noche
, demasiado débil para moverme y, mucho menos, para comer. La puerta se
mí para ponerme de pie. "La Luna Natalie quiere que te veas dec
encé a temblar de frío, pero a ella no pareció importarle. Cuando logré salir,
echo. La tela me rozó la piel y desprendió un aroma
a, Elena. "Vas a casarte con el Alfa al que todos en el norte t
r. El salón estaba lleno de movimiento; los Omegas corrían de un lado a otro bajo las órdenes
tro de arrepentimiento en su rostro por lo que había hecho. ¿Por qué no le afectaba? ¿Por qué parecía tan indiferente?
n rato, Cale
uien caminaba a su
el rostro y le confería un aire misterioso. Llevaba tatuajes en forma de espinas y enredaderas que se
e me cortó la respiración. Sentí que el calor
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