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La Gruta del Deseo

Capítulo 3 El secreto de la celosía

Palabras:1523    |    Actualizado en: 15/06/2026

e Isabel quedó sepultada bajo el peso del uniforme del colegio: la falda plisada por debajo de la rodilla, la camisa blanca abotonada hasta el cuello y los calcetines al

es se habían fundido en un solo torbellino de jugos y orgasmos. El espacio seguro que habíamos construido entre nosotras era perfecto para aliviar la urgencia del momento, pero no apagaba la verdadera hoguera que me consumía por dentro.

pilla, cuando encontré el objetivo perfecto. En el altar, guiando los rezos con una v

hizo humedecer las bragas al instante bajo la tela pesada de mi falda. Su rostro era serio, anguloso, con unos ojos oscuros que parecían taladrar los bancos de las alumnas. Él no era un muchacho asustadizo de la urbanización; era u

ral de la capilla para escuchar las faltas de las estudiantes. El lugar era perfecto: un mueble de madera oscura, antigua, con una celosía tupida que separaba el cubículo de la

o la capilla quedó en un silencio sepulcral, roto solo por el eco lejano de mis zapatos sobre el mármol, me acerqué al

o y cerré la portezuela de madera. El espacio olía a cera de vela, madera vieja y a la c

u voz, un murmullo grave que v

respondí, pegando los l

apenas se distinguía su silueta en la penumbra.

ando un tono falsamente sumiso-. He tenido pensamie

ltas para limpiar tu alma -dijo él, con la distancia profesional de quien ha es

que me metan mano. No puedo evitarlo -solté sin ane

ó la frente de su mano y giró levemente la cabeza hacia la rejilla.

Debes apartar esos pensamientos... -intentó reconducir, pero su

e mi falda contra mis muslos hiciera un leve ruido en el cubículo-. Había un hombre en la piscina de mi urbanización. Un hombre maduro, fuerte... casado. M

da del otro lado de la celosía

alles innecesarios,

los agujeros de madera-. Sus dedos eran grandes y duros. Me aplastó el clítoris con una fuerza brutal a través de la tela húmeda, frotándome hasta que estuve a

stumbrándome a la oscuridad, percibí que el padre Andrés ya no me miraba de reojo; estaba completamente girado hacia mí. Sus manos y

nsando en él. Imaginé que su mano áspera rompía la tela, que sus dedos largos se introducían en mi vagina, hundiéndose en mis entrañas para lamer mis jugos desde dentro, como un ser libidinoso que m

ya no era el de un confesor; era el de un hombre excitado, atrapado en la trampa psicológica que le había tendido. El sonido sutil de un frotamiento rítmico llegó a mis oí

ón por sentir una polla de verdad entrando en mi gruta del deseo. Los gemidos apagados del sacerdote se hicieron más evide

se escuchaba el intento del padre Andrés por recuperar la compostura. Se limpió discretamente y se acomo

r de sus cuerdas vocales-. La absolución requiere una penitencia especial. Quédate en l

respondí, con una sonrisa de triu

es. Estaba nerviosa, con las piernas cruzadas apretando mi propia entrepierna para contener el latido de mi coño. Iba a ser mi primera vez con un hombre. ¿Me dolería? ¿Sería salvaje o se conte

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La Gruta del Deseo
La Gruta del Deseo
“A sus dieciocho años, Elena posee una certeza que escandalizaría a su entorno: su cuerpo no entiende de sutiles romanticismos, sino de una urgencia voraz, eléctrica y sin tabúes. Mientras las jóvenes de su edad sueñan con promesas inocentes, ella fantasea con el peligro de las manos maduras, el roce prohibido y el placer absoluto de ser explorada sin límites. En la urbanización donde pasa el verano, los chicos de su edad resultan predecibles y contenidos. Ni siquiera Javier, el muchacho más codiciado del grupo, es capaz de seguir el ritmo de sus insinuaciones subacuáticas en la piscina. Sin embargo, la mirada de un hombre maduro -alguien que triplica su experiencia y encarna la autoridad- despierta en Elena una obsesión irrefrenable. Un juego clandestino de roces calculados bajo el agua encenderá una mecha que ya no se podrá apagar. Obligada a canalizar esa insoportable tensión sexual, Elena encuentra un refugio seguro y ardiente en sus dos mejores amigas, Marta e Isabel. Juntas, las tres romperán las barreras de la timidez en una tarde de entrega absoluta, descubriendo una complicidad erótica que se convertirá en su secreto más preciado. Pero para Elena, el juego con sus amigas es solo el preludio. Ella necesita cruzar la línea definitiva. Al regresar a las estrictas aulas del colegio, Elena diseña el plan perfecto para saciar su curiosidad con el candidato más prohibido y peligroso: el confesor de la institución. Semana tras semana, detrás de la celosía del confesionario, Elena transformará el ritual del perdón en un juego de seducción psicológica, narrando sus fantasías más explícitas hasta desarmar por completo la rigidez del hombre sagrado. ¿Qué pasa cuando la tentación destruye los votos y el deseo se consume entre las sombras de una sacristía? La Gruta del Deseo es una novela erótica audaz y magnética sobre el despertar sexual sin complejos, el poder de la manipulación femenina y la búsqueda implacable de un placer que no entiende de moral, culpas ni redención.”