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El secreto del Vientre de hielo

Capítulo 2 Latidos Triplicados

Palabras:1468    |    Actualizado en: 22/06/2026

porativo de Damián. Miranda permanecía recostada sobre la camilla de exploración, con la mirada fija en el techo blanco y las manos aferradas a los bordes del colchón. La gelatina condu

transductor de ultrasonido con una precisión quirúrgica. En una esquina de la habitación, de pie y con los brazos cruzados sobre su impecable traje oscuro, se encontraba Damiá

ilencio sepulcral mientras ajustaba los controles del monitor de alta definición-. El tratamiento hormon

a, ese momento representaba el inicio formal de una cuenta regresiva de nueve meses, un sacrificio silencioso para mantener a flote a los

as y sus dedos comenzaron a moverse a gran velocidad sobre el teclado del ecógrafo. Volvió a pasar el transductor una

viéndose denso y alarmante. Miranda si

penas superior a un susurro, el temor filtrándose por

gris tormenta fijos en el monitor y luego en el mé

? -exigió Damián, su tono barítono des

a con el dedo tembloroso-. Mire aquí. Este es el primer saco gestacional, con un embrión perfectamente desarrollado y un latido cardíaco fuert

ente sobre los codos, con los ojos desorbitados, mirando la

sintiendo un mareo repenti

erior. Son tres -confirmó el doctor Harrison, girándose hacia Damián con una mezcla de asombro y sumisión-. El tratamiento de fer

nación especificaba la entrega de un heredero, una sola alma a la que tendría que renunciar. Pero tres... la magnitud del impacto emocional y físico la golpeó con

a. Para un magnate de su calibre, tres hijos no significaban un milagro de la vida; significaban la consolidación absoluta de su dinastía, tres pilares biológicos para asegur

preguntó Damián, ignorando por comple

riesgo de parto prematuro, preeclampsia y complicaciones en el desarrollo es elevado. Requiere un monitoreo de veinticuatro horas, una dieta extremadamente con

able. Se giró hacia Miranda, mirándola desde su imponente altura. No había una pizca de compasión e

o inquebrantable-. El contrato original se mantiene en sus cláusulas legales de renuncia, pero las medidas de seguri

mpiándose la gelatina del vientre con un pañuel

mirada-. Tengo una familia, tengo asuntos que resolver. El acuerdo de

el espacio físico y aumentando la presión psicológica-. Su cuerpo es el santuario de la dinastía Vance durante los próximos meses.

gado, quien esperaba afuera y entr

de la ciudad. El personal de seguridad confiscará su teléfono, su computadora y cualquier medio de comunicación. Nadie entra, nadie sale, y n

se en sus ojos-. ¡Soy un ser humano, Damián! ¡Firmé un papel, no vendí mi alma ni mi libe

orio, dándole la espalda a medias. Su perfil se recorta

oro, si lo prefiere. Tendrá todo lo que el dinero pueda comprar: la mejor comida, los mejores cuidados médicos, el mayor lujo imaginable. Pero su libertad está suspendida hasta el día del parto. Cump

io, sus pasos firmes resonando en el pasillo exterior

scalofrío que le recorrió la espina dorsal. Estaba atrapada. El milagro de los trillizos se había convertido en su sentencia de reclusión. Aislada del mundo, sin voz, sin aliados y bajo la sombra implacable de un hombre de hielo, Mir

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El secreto del Vientre de hielo
El secreto del Vientre de hielo
“El contrato era claro: nueve meses de encierro, una compensación millonaria y el abandono absoluto de cualquier derecho sobre el bebé que crecía en su vientre. Para Miranda Véliz, aceptar ser el vientre de alquiler de Damián Vance, el magnate más implacable y despiadado del país, era la única forma de salvar a su familia de la ruina. Pero el destino tenía otros planes. Lo que debía ser un nacimiento controlado se convirtió en una pesadilla. Un parto prematuro, una tragedia inexplicable y un robo a plena luz del día marcaron la vida de Miranda para siempre: le dijeron que solo uno de sus trillizos había sobrevivido, para luego arrebatárselo y dejarla en la miseria. Sin embargo, en medio del caos hospitalario, un milagro silencioso le permitió escapar con un pequeño secreto que los Vance creían muerto: su tercer hijo, Caleb. Seis años han pasado. Miranda, ahora una mujer transformada, elegante y decidida, ha regresado a la ciudad bajo una identidad que le abre las puertas del círculo íntimo de los Vance. Su objetivo no es el perdón; es la destrucción total de Damián y la recuperación de sus dos hijos, Alistair y Bastian, quienes crecen como prisioneros de oro en una mansión sin alma. Cuando los caminos de los tres hermanos se cruzan por primera vez, el parecido entre ellos es imposible de ignorar. Damián comienza a sospechar que el contrato que firmó no terminó cuando ella se fue, sino que apenas está comenzando a cobrarle su precio más alto. ¿Podrá Miranda recuperar a sus hijos sin perder el corazón en la venganza? ¿O descubrirá Damián que el "vientre" que desechó es la única mujer capaz de doblegarlo?”