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El secreto del Vientre de hielo

Capítulo 3 La Noche de las Mentiras

Palabras:1491    |    Actualizado en: 22/06/2026

se aferraba a las sábanas de seda blanca con los nudillos rígidos, el rostro empapado en sudor y los ojos fijos en el reloj de pared. Apenas entraba en la semana treinta y dos de gest

rrió el vientre como una descarga de fuego líquido. Miranda ahogó un

or el dolor físico y el pánico que la atenazaba-.

rúrgico y monitores de soporte vital. Al ver el monitor de frecuencia cardíaca de los bebés, el semblante del médico se tornó mortalmente serio.

inó Harrison con voz cortante, mientras le colocaba el estetoscopio en el vientre-. Hay un desprendimiento prematuro de plac

resbalando por sus sienes mientras la pasaban a una c

alma -respondió él con una frialdad profesional que, e

a, la figura imponente de Damián Vance ya estaba allí, vistiendo ropa quirúrgica estéril sobre su traje de diseñador. Sus ojos grises, fijos en

toridad que acalló el pitido de las máquinas-. Aseg

mientras los enfermeros la posicionaban en la mesa de operaciones

e duda, antes de que su máscara de hielo se asentara de nuevo. No se acercó a ella, ni tomó su mano. Permaneció en la

or. Proceda con la ane

, sintiendo que el pánico le oprimía el pecho-.

z. Es necesario estabilizarla -dijo la anestesióloga, inyectando un líq

pero con él, también se fue su control sobre la realidad. Los sonidos del quirófano comenzaron a distorsionarse, volviéndose eco en una cueva

fuerte presión en el abdomen superior. Escuchó un llan

gramos. Estable -anunció la voz

uida de un llanto un poco más débil

ta dificultad respiratoria leve, preparen la i

menazaba con sumergirla en la inconsciencia total. Quería verlos, quería estirar los brazos, pero sus músculos n

cos en el monitor se detuvo en una línea continua y un zumbido agudo inundó el espacio. Mi

voz de Damián Vance cortó el aire

la anestesióloga, un tono que a Miranda le sonó extrañamente e

r neonatal -ordenó Harrison, pero sus movimientos carecían

atalla final. Su mente comenzó a hundirse en un abismo oscuro. Lo último que registró su conciencia adormecida fue la silueta de Damián Van

era punzante, pero no se comparaba con el vacío gélido que sentía en el pecho. Se incorporó con dificultad, ahogando un gemido de dolor, y miró a

en las manos. Detrás de él, Damián Vance permanecía en el umbral, con las manos metidas

z ronca y temblorosa-. ¿Dónde están mis

o, suspirando con una falsa pesadumbre que

es. Debido a su condición de prematuros, ya han sido trasladados bajo estricta custodia médica a la unidad de cuidados intensi

as agolpándose en sus ojos mientras un presentimiento te

la mirada haci

o de placenta antes de que lográramos extraerlo. Hicimos todo lo posible en el quirófano, aplicamos

frías paredes de la habitación. Se llevó las manos a la cabeza, meciéndose descontroladamente, mientras el dolor de la pérdida la destrozaba

Para él, la transacción había concluido. Dos herederos varones estaban a salvo bajo su nombre; la p

edio del llanto de la mujer-. Su compensación final ya ha sido depositada. Las enfermeras la ayudarán con s

ás profundo, sin imaginar que en las sombras de ese mismo hospital, la red de men

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El secreto del Vientre de hielo
El secreto del Vientre de hielo
“El contrato era claro: nueve meses de encierro, una compensación millonaria y el abandono absoluto de cualquier derecho sobre el bebé que crecía en su vientre. Para Miranda Véliz, aceptar ser el vientre de alquiler de Damián Vance, el magnate más implacable y despiadado del país, era la única forma de salvar a su familia de la ruina. Pero el destino tenía otros planes. Lo que debía ser un nacimiento controlado se convirtió en una pesadilla. Un parto prematuro, una tragedia inexplicable y un robo a plena luz del día marcaron la vida de Miranda para siempre: le dijeron que solo uno de sus trillizos había sobrevivido, para luego arrebatárselo y dejarla en la miseria. Sin embargo, en medio del caos hospitalario, un milagro silencioso le permitió escapar con un pequeño secreto que los Vance creían muerto: su tercer hijo, Caleb. Seis años han pasado. Miranda, ahora una mujer transformada, elegante y decidida, ha regresado a la ciudad bajo una identidad que le abre las puertas del círculo íntimo de los Vance. Su objetivo no es el perdón; es la destrucción total de Damián y la recuperación de sus dos hijos, Alistair y Bastian, quienes crecen como prisioneros de oro en una mansión sin alma. Cuando los caminos de los tres hermanos se cruzan por primera vez, el parecido entre ellos es imposible de ignorar. Damián comienza a sospechar que el contrato que firmó no terminó cuando ella se fue, sino que apenas está comenzando a cobrarle su precio más alto. ¿Podrá Miranda recuperar a sus hijos sin perder el corazón en la venganza? ¿O descubrirá Damián que el "vientre" que desechó es la única mujer capaz de doblegarlo?”