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El secreto del Vientre de hielo

Capítulo 5 El Cruce de Tres Sangres

Palabras:1656    |    Actualizado en: 22/06/2026

ielos donde el bullicio corporativo parecía quedar en suspenso. Era un domingo luminoso y fresco. El aire s

je oscuro y auriculares inalámbricos. Eran Alistair y Bastian Vance. A sus seis años, ambos vestían idénticos abrigos de cachemira azul pálido, pantalones

ldeada por tutores privados y una disciplina de hierro. A su lado, Bastian se movía con un ritmo un poco más pausado. Aunque compartían las mismas facciones esculpidas y el cabello castaño perfectamente peina

n banco de piedra-. Papá dijo que solo teníamos una hora antes de r

frotándose las manos dentro de sus bolsillos-. En la mansión el jardín

algo desgastados en las rodillas, una sudadera blanca de algodón con capucha y unas zapatillas deportivas que levantaban pequeños remolinos de hojas secas a c

r él. Miranda se había encargado de que su hijo fuera un niño feliz, alejado de las sombras y el hielo del pasado. Sin embargo, esa se

n segundo hacia el sendero por el que Miranda caminaba

expuesta en el suelo. El esférico salió disparado con fuerza en una trayectoria errática, cruzando los ma

frunció el ceño con desaprobación, buscando con la mirada a los g

scapó! -la voz de Cal

nce. Cuando Caleb levantó la cabeza para pedir el balón, las palabras se le congelaron en la garganta.

que solo ellos tres habitaban. Una extraña corriente de energía, un escalofrío magnético y profundo, recorrió la espina dorsal de los tres niños de manera simultán

istair miró a Caleb. Lueg

a almendrada de los ojos, la curva idéntica de la nariz y la estructura de los pómulos. Era como verse reflejados en tres realidades distintas: Ali

intió que su corazón, habitualmente propenso a agitarse, daba un vuelco extraño

a Caleb con un dedo tembloroso-. Te

de la élite le dictaba que debía desconfiar, pero su interior estaba sumido en un caos absoluto. Sentía una urgencia inexplicable de ace

entando sonar severo, pero delatando una prof

casa. El parecido no era una coincidencia; era absoluto. Pero más allá de la física, lo que verdaderamente lo asustaba y lo maravillaba era esa vibración invisible en el aire, esa certeza interna

ando la mirada de advertencia de los guardaespaldas que ya e

tenecía a Caleb, sintió una oleada de familiaridad tan intensa que una sonrisa involuntaria, la pr

nce, su voz perdiendo toda timid

as tres miradas. Seis años de distancia, de mentiras médicas, de contratos de hierro y de aislamiento corporativo se desmoronaron ante el simple y casual encuentro de tres niños en una pla

e ha llegado -la voz gruesa de uno de los guardaespaldas rompió el encanto, in

allí y exigir respuestas, pero la figura de su padre y la obediencia infundida desde la c

con una seguridad inquebrantable-

reojo sobre el hombro del guardaespaldas mien

de claro se alejaban escoltadas hacia una limusina negra que esperaba en la avenida principal. Sentía el

la voz de Miranda resonó a sus espaldas, apresurada y cargada de e

jos brillando de una manera que Mir

de la mano-. Vi a dos niños en la fuente. Eran iguales a mí, mamá. Tenían mi m

mol de la plaza. Las palabras de su hijo cayeron sobre ella con el peso de una losa de piedra. Miró hacia la avenida, justo a tiemp

n su realidad en una tarde de otoño. El cruce de las tres sangres había comenzado, y Miranda supo, con un terror absoluto mezclado con una feroz determi

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El secreto del Vientre de hielo
El secreto del Vientre de hielo
“El contrato era claro: nueve meses de encierro, una compensación millonaria y el abandono absoluto de cualquier derecho sobre el bebé que crecía en su vientre. Para Miranda Véliz, aceptar ser el vientre de alquiler de Damián Vance, el magnate más implacable y despiadado del país, era la única forma de salvar a su familia de la ruina. Pero el destino tenía otros planes. Lo que debía ser un nacimiento controlado se convirtió en una pesadilla. Un parto prematuro, una tragedia inexplicable y un robo a plena luz del día marcaron la vida de Miranda para siempre: le dijeron que solo uno de sus trillizos había sobrevivido, para luego arrebatárselo y dejarla en la miseria. Sin embargo, en medio del caos hospitalario, un milagro silencioso le permitió escapar con un pequeño secreto que los Vance creían muerto: su tercer hijo, Caleb. Seis años han pasado. Miranda, ahora una mujer transformada, elegante y decidida, ha regresado a la ciudad bajo una identidad que le abre las puertas del círculo íntimo de los Vance. Su objetivo no es el perdón; es la destrucción total de Damián y la recuperación de sus dos hijos, Alistair y Bastian, quienes crecen como prisioneros de oro en una mansión sin alma. Cuando los caminos de los tres hermanos se cruzan por primera vez, el parecido entre ellos es imposible de ignorar. Damián comienza a sospechar que el contrato que firmó no terminó cuando ella se fue, sino que apenas está comenzando a cobrarle su precio más alto. ¿Podrá Miranda recuperar a sus hijos sin perder el corazón en la venganza? ¿O descubrirá Damián que el "vientre" que desechó es la única mujer capaz de doblegarlo?”