ente que el ferviente deseo de su padre de ser parte de la alta sociedad lo había convencido de casar a Elena con una de la
ía con respecto a Elena, Francisco Bailey, esposo de Samantha y con más de medio siglo de vida llegaba a parecer incluso 20 años más joven q
abia –comentó Clara desde
io y en específico que fuera e
as tont
a sabía que no bromeaba con respecto a ello, pero sabía de igual
por eso no te has marchado –dijo Clara, romp
beza para na
n ella –di
aría nada. Ella podría oponerse, Francisc
ella al respecto
ablar al respecto, la dejé sola en la habitación, me m
un ins
e lo he
ar con ella. –
, la que no quiera sab
sentía que un minuto más, me haría explotar de la tensión en mi interior por leer en el periódico la noticia del casamiento de mi querida Elena. Noticia que esperaba que nunca llegara, pero por
o,
alguien a quien conocía, pocos segundos después me di cuenta que se trataba de Elena, salí corriendo, a quitarla de las feroces mano
a después de descender por las escaleras
te escándalo Teo?
ndrés, el chofer de la familia. Miré a mis padres quedar con la duda de lo que estaba pasando, pero prefer
ber que te
uele más recordar la forma e
parte, pero no pienso d
o ella a media voz, antes de
se despertó mientras la limpiaba. Me fui sin decir nada, sin recibir la explicación que ella debía de darme al respecto de los golpes, hui nuevamente de ella, como un niño acobardado, no quería si quiera imaginarme que había sido Hunter o Francisco quien había sido el fabricador de aquellos morados en su cuerpo. Le dejé
i gran amor... realmente no me cuestioné nada, pero mi corazón comenzaba a palpitar enormemente cada segundo, mientras más me acercaba a la puerta del avión, las palpitaciones eran cada vez más rápidas y pronunciadas, sabía que en ese momento me despedía
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