las tardes de otoño más frías de ese año, lo primero que hice antes de ir a casa fue visitar la residenci
ero de jardinera que le iba muy bien, el señor Bailey se encontraba en la entrada, con una gran taza de café en una de sus manos y un puro de origen Europeo en la otra, aquella escena me hizo gracia
Elena –
honor? –preguntó su madre, ig
car a Elena –com
nte, acompáñeme a tom
do a cabo el proyecto de su vida y que la empresa Olivier había perdido una licitación muy importante debido a mi ausencia, me sentí tan intrigado en su forma de relatar los hechos que habían ocurrido mientras yo estuve de viaje, que poco a poco le seguí el juego sin darme cuenta. Cuando pude reaccionar
e está
ar, su llanto era desconsolante, yo no sabía qué hacer, me quedé quieto sin entender lo que realmente pasaba, ¿Ac
meses, dejó a la familia en ridículo y al no
a dónde
ún si la tuviera, verla es lo que m
úpida es mi hija, ten un poco de compasión por mí.
ido de tal manera, debo mar
ón y emprendí mi ca
ido, no tengo pruebas al respecto, pero
algún problema co
eraba salir con el corazón destrozado al escuchar las noticias del prospero casamiento de Elena, lo conseguí, no porque se haya casado, ya que tal cosa jamás se
cer lleno de tranquilidad que le prometía a cualquier observador, cien años de vida más. Los gritos de los niños y la multitud de personas en aquel lugar solo me provocaron desesperación, salí de ahí casi enseguida, sin buscar a Elena en ningún otro lugar y me dirigí finalmente a casa, donde posiblemente mis padres me esperaban para proceder a realizar el cuestionario, con respecto a la última vez que los miré. Durante el camin
l jardín del frente, una cascada con una figura de ángel adornaba el centro de aquel hermoso jardín lleno de rosas y césped recién podado. Por un
os sobre mi relación secreta con Elena, a quien, de solo imaginar sola y a
iado a ellos. El interior de la casa se veía más moderno, el color blanco me hacía sentir lleno de paz y aunque
ra, abrazándom
uro que ella conoce muy bien la casa, siempre se toma su tiempo para
alegra verte –comenté mientras
casi en silencio,
a? ¿Por q
ue me da verte por pri
o si mi cerebro no lograra procesarlas, la
Te
r –comenté aún incré
5 días de tu ausencia para aceptar el todo o nada en la operación y mírame, todo salió perfecto, ahora finalmente te veo. Lo primero que hice después de
has veces para Clara, que ella pudiera admirar lo hermoso que es el mundo, ella me abrazó mientras me encontraba en el suelo. No sabía si solo era la noticia de Clara lo que
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