mbido ensordecedor. Para el resto del mundo, la noche había sido un triunfo absoluto. Las portadas de las revistas de finanzas ya debían estar impr
ndado que los conducía de regreso a la mansión, el cuento de
su tableta, revisando los últimos gráficos del cierre del mercado asiático. Su mandíbula permanecía tensa, una se
e horas antes la hacía lucir imponente, ahora no era más que una armadura sofocante. Un suspiro silencioso escapó de sus labios. Sentía un vacío profun
aún más denso. Los empleados de seguridad abrieron las puertas con discreción milimétrica. Garrison descendió primero, caminando con pasos firmes y apresurados, si
hándose los botones del esmoquin mientras se dirigía hacia el bar privad
on un hilo de voz que apenas
decorada en tonos grises y blancos que reflejaba la personalidad minimalista y estricta de su esposo, Alana se despojó de las joyas. Las dejó caer sobre el tocador con un desdén silencioso
istoria de romance apasionado; había sido un pacto de conveniencia, un acuerdo donde su linaje y su educación intachable encajaban a la perfección con las ambiciones dinásticas del Consorcio Sterling. Al pri
sa de noche. Su mirada se oscureció al verla de pie junto al espejo. No había admiración estética
posaron sobre los hombros descubiertos de Alana. El contraste de sus palmas cálidas contra la piel fría
que vibraba cerca de su oído-. Pero el mercado exige estabilidad a largo plazo. Los inversion
la, colocando sus manos sobre el pecho rígido de su esposo
on con firmeza en la cintura de Alana, atrayéndola bruscamente hacia su cuerpo vestigio de un gimnasio privado-. Llevamos meses en esto
e reconciliación ni de deseo genuino; era una toma de posesión ritual. Sus labios presionaron los de ella con rudeza, forzando la ap
poso se posicionaba sobre ella. El erotismo de Garrison era como sus negocios: agresivo, preciso, directo al objetivo. Sus manos aprisionaron las muñecas de Alana c
la piel. Alana arqueó la espalda por puro instinto biológico, respondiendo a la estimulación física, pero su mente estaba completamente desconectada. Sentía un vacío abismal devorándola por dentro. Mientras el hombre que llevaba s
casi matemática de completar el acto tal como los manuales médicos recomendaban para maximizar las probabilidades de concepción
la cintura y caminó hacia el baño sin mirar atrás. El so
perdiéndose en la almohada. Sentía la piel encendida por la fricción, pero el alma completamente congelada. El vacío emocional la ahogaba. Estaba atrapada en una vida de opulencia don
a la noche de la ciudad. Mientras intentaba regularizar su respiración, una imagen mental
Damian Sterling en
hambre cruda, salvaje y genuina. Un fuego oscuro que parecía capaz de quemar la jaula de oro en la que se encontraba prisionera. Alana se llevó una mano al pecho,
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