se encontr
o estaba arruinado, pues tenía tierra en el dobladillo y un desgarro en el costado por haber corrido demasiado rápido. Los tacones que Adrian me com
ué. Tenía veintitrés llamadas perdidas: quince de Adrian,
lo volví a meter en el bolso
ni promesas de que todo estaría bien, pues nad
fue ase
a suerte. Fue un asesinato. Kelvin le puso las manos encima y le arrebató la vida porque
vomi
ueca y vacía de nuevo. Me miré las manos en el regazo, qu
ún Adrian, no lo
re l
o Adrián se convertía en lobo y se enfrentaba a otros tres, después de presenci
adre había atado a mi loba para e
uviera despertando, si
os y ella se apoyaba en su cuerpo como si fuera todo su mundo. Ni siquiera me miraron d
es. Sin hombres lobo, asesinatos ni vínculos sobrenaturales. Solo c
tanto la normalidad q
día tenerl
erdad, porque, por muy descabellado que pareciera, todo encajaba. Los sueños
pañ
ue estábamos destinados y que
stino, ni a la suerte, ni a ninguna fuerza cósm
mi madre, la verdad sobre quién era y cual
er también mi
ontinuación. No podía quedarme en este parque para siempre, pues no podía solo sentarme aquí y espe
e la gente de Asher podría estar esperando y que
a él después de huir, ni soportar más verdades o revelaci
lo estaría el tiempo suficiente para tomar l
nto estaba frío y áspero bajo mis pies. Un trozo de cristal me cortó el talón, p
icio se veía igual que siempre: ladrillo viejo, pintura desconchada alrededor de las ve
rm
dar cada paso. Cuando llegué a mi piso, me de
había costado mantener, el lugar donde K
entonces mi mayor problema era un novio infiel y el
go, pulsé el interruptor de
a elect
usto lo que
el apartamento se veía extraño en el tenue resplandor: sombras en todos
ma. Empecé a meter ropa dentro: pantalones vaqueros, camisetas, r
equeña habitación: a la cama donde solía dormir, al escritorio donde
caja en el fondo, que era de cartón, cerrada con cinta adhesiva. No la hab
si había algo: alguna pista sobre lo que di
dhesiva; el cartón estaba blando por el paso del tiempo. Dentr
. Lo abrí y encontré un collar, unos pendiente
lo había un trozo
aba, pues el papel era viejo, amarillento
una c
nada tenía sentido, pero en la parte su
LA A S
sta que se me nubló la vista. Man
aparté más ropa y mis dedos c
dia
hubieran abierto mil veces. Lo saqué y lo sostuve un momento,
primer
ya no estoy. Y ya eres lo basta
ón, y volví a leer las p
mí, lo escri
te. Tanto que desearía poder explicarte en persona. Pe
adre no era humano. Era otra cosa. A
mbre l
manos que las palabras
rdad. Los hombres lobo son reales. Viven entre nosotr
l pasaba por la ciudad. Una mirada y lo supe. Supe que er
no lo
ados y promesas susurradas. Me dijo lo que era. Me lo mo
rí que estaba em
o e intenté respirar. Mi padre era un hombre
me tuv
é a segui
lamarme oficialmente como su compañera. Pero su mundo era pe
nte. Y aparearse con una humana rompía esas leyes. Leyes qu
sotros. Quería cambiar las reglas. Yo quería que él e
es lleg
nuestro amor como una traición. Atacaron. Tu padre los
nocía a una bruja. Alguien poderosa. Ella podía atar a tu loba
rebataría una parte de ti.
ept
Te sostuve mientras la bruja hacía su magia. Vi cómo tus ojos
. Te quité una parte de tu
eguro si nadie nos relacionaba. Dijo que nos vigilarí
lto a ver des
preguntas. Acercándome demasiado a la verdad sobre dónde f
esto, es que se me
lágrimas cayeron sobre la página. Las lim
protegerte. El vínculo. Las mentiras. Mudarnos a e
mplas diecinueve años, empezará a romperse. Tu lob
Adrian Me
aró el
fuertes. Tu padre confiaba en él. Le hizo
ertes. Él te ayudará. Te
cluso cuando te parezca
de mis manos
ri
Adrian, mi padre
te, ni el destino, ni
s semanas, pues había estado esperando, obse
a una m
que me miraba, todo era solo él cumpliend
pañera, sino su
he, incluso más fuerte que enterarme de la existencia de los hom
quería que Adrian me deseara de verdad por ser
es necesitaba saber el resto, necesi
obre tu padre. Sobre tu linaje. S
tiempo. Se están ac
escondida en el forro de mi joyero. Banco de A
dre. La verdad sobre las guerras de
este mundo. Lamento no poder estar
nte, sé la mujer que
s más poderosa d
mor, m
blanco. Eso era todo, y eso
un Alfa, mi madre lo amaba, me tuvieron a mí, llegaron los enemigos, ella ató a mi
sabía quién era yo, lo que era, en l
ímica, atracción o destino, cuando en realidad so
ación interrumpió mis pensamientos, así que lo agarré y
te para siempre. Sa
eló la
ntro, fui al joyero y rasgué el forro hasta que encontré la l
í pasos en
entos, del
on frente a
n y miré el pomo, vié
rado con llave,
a se abrió de
os anchos, con ojos que brillab
con voz fría. "Te he
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