e vista
que era intensa, primaria, casi desafiante en su ferocidad. De repente, me sentí desn
podía apartar la
el ascensor desapareció. Mientras sus ojos trazaban un lento recorrido por mi rostro surcado de lágrima
e poseía, me instaba a lanzarme a sus brazos, que le exigiera que ter
la realidad como agua
s estás hacie
mbre era Eric Thompson. Un Alfa multimillonari
odo, ¡el hermano de
l menos no para algo serio. Mark me había enseñado esa lección
ente las mejillas con el dorso de la mano, y me apre
cción a las puertas abier
no se
je exquisito; se quedó clavado en el umbral, con sus
miraba. Me recorrió con sus ojos, tan penetrantes
speté, siguiendo su
Dios
escubierto gran parte de mi pecho. El calor invadió mis mejillas. Los guardias... La lucha... Debieron desgarrarlo durante aque
rdo de haber estado nunca tan cerca de él, ni haber intercambiado una sola pa
ón", dije con firmeza
a cintura y me atrajo hacia s
hicieron contacto con el calor que desprendía a través de ese elegante traje, una descarga de deseo puro recorrió mis dedos y se dirigió directamente a lo más profundo
nadie aparezca en la boda de mi hermana vest
engreído y santurrón ence
pudiera pensar, antes de que pudiera cuestionar mi propia c
en el cargado silencio. Lo que quedó fue un vestido co
", espeté, con el pecho agi
uedó in
stampó contra la pared, con su cuerpo peligrosamente cerca del mío. Su aroma terroso me rodeó
aliento caliente rozando mi piel. Sus ojos estaban más oscuros que
contra su pecho. "Estoy atrapada en un ascensor con el vestid
ula que parecía una escu
que pudiera asimilar lo que había ocurrido, pulsó el botón. Las puertas se abriero
tras las puertas del ascensor se
ellas palabras crueles y cortantes que insinuaban que yo era una especie de mujerzuela que se exhi
mbarg
volvía, hundiéndose en mi piel, debilitándome las piernas, despertando alg
uerpo respondiera así. Odi
me había robado a Mark. El último hom
Mira lo que t
apresuraba hacia la salida, desesperada por es
a hermana
No tenía energía
uso en mi camino, b
ba cargado de desprecio. "¿Intentas atr
igas se le unieron. Me miraron con abierto di
r favor. No tocaría a ese traidor cazafortuna
aduladoras. "Si no te interesa, ¿por qué estás aquí? ¿Para llorar y sup
eno con el mío, Ella ednureció la mirada. "Niégalo todo lo que quieras, pero no p
ualquier sórdido dramita que ustedes tengan aquí no tiene nada que ver co
do los dedos, gritó: "¡Seguridad! ¡Por aq
e mo
chaqueta que llevaba sobre los hombros. Sus fosas nasales se ensancharon al p
aro
queta y el olor salvaje y dominante que se
No sirves para otra cosa, ¿verdad? Solo puedes a
ro de mí
ar, alcé
as
y mi palma impactó contra su meji
la cara, demasiado atu
voz rígida, evitando cuidadosamente mi mirada.
. No miré atrás. Nadie se atrevió a detenerme. Los guardias se mantuvieron a di
ó de repente y empezó
. No podía dejar que se estropeara. Me apresuré a entrar en un rincón oscuro junto al edificio donde habí
s gr
e acercaban. Levanté la vista y sen
s sombras, y me recorrieron
Dios.
dible por encima del tamborileo de la lluv
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