ca de esperanza en la mi
en que Gabriel y ella habían hecho el amor. La pro
rcio cuando supiera que llev
selo -murmuró, buscando e
una sonrisa en los labios, marcó el núme
ndos se convirtieron en minutos y los
l no c
ención ahora que su anti
rga. Los dedos con los que sostenía
o suspiro. Después de intercambiar una mirada
á -trató de explicar ell
ás habían visto aquel ma
tomándole las manos-, ¿Gabrie
onica, aunque intuía lo
nimo era que permaneciera a tu lado. Sin embargo, quien te trajo al hospital
, sus padres habían desaprobado todo cuanto ella sacrificó para casarse con él. Para no preocuparlos
evelaba en los detalles más pequeños. Su
n la cabeza mientras ayudaba a su h
mbién que esperes un bebé. Pero tienes
y porque tú estabas tan enamorada, jamás habríamos ace
de Leonica
ssandra-. Eres demasiado inteligente para no comprenderlo. Y, aun
min a
ido un buen esposo. Dudo mucho que pueda ser un buen padre. Divórciate d
bros y la obligó a
a hija de la familia Romero. Nuestra fa
sistió Cassandra-. Tanto tú c
ente a Leonica. En un solo día, las personas más cercana
ivocado desde
la abuela. Gabriel olvidaba la fecha casi todos los años; la anciana, nunca. A veces
¿también le aconse
ida. No. La abuela se habría alegrado muchísimo con
ue iba a ser padre. Tal vez, cuand
Leonica tomó una decisión por la
rlo -murmuró, nega
. -comenzó
on una mirada suplicante-. Déjame inten
ón en sus ojos. Finalmente, suspiraron
s estrictas de evitar el estrés y las insistentes recomendac
ués, impaciente por cont
dó pálida. Junto a los zapatos de su esposo ha
briel nunca sería capaz de llevar a otra mujer al hogar que
to la promesa que
al volver a ponerse en
necería impasible mientras una tercera per
iéndole por las venas, subió las escalera
olpe, sin llamar, y
cabello húmedo y el cuerpo envuelto en una toalla. Desde allí,
iguo amor
na Fer
a la que
r pesa
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