/0/2746/coverbig.jpg?v=de5199dbfc4eb545460c190e01a17a46&imageMogr2/format/webp)
RA
ajo. Aunque pensándolo bien, creo que nunca en mi v
a demasiado tímida para conversar tanto con extraños como con los que vi
los pequeños matones que pensaban que era div
oblemas, me tocaba ir al i
de pequeña habitación. No tan pequeña como para llama
r castigo, nos orinábamos encima, y eso, si éramos afortunados p
ida de rodillas sobre granos de arroz, pidiéndole a Dios, que me perdonara por haber pecado. Y de haber hecho cosa
o en la mira de la directora y que me cambió para siempre. Al inicio todo iba bien, o eso creía. Era raro que gatito que llegaba, gatito que
é un gato, cerca de mis seis años, por cierto, y a pesar de q
ujer se acercó a mi furiosa, sacó la fusta-similar a la que usan con caballos-
ortar si solo era hablar a un volumen alto, to
ante la agonía de una de las monjas-pues me mantengo monitoreando el lugar, atenta a que ningún otro n
os como un policía llegaba, alertado por el gobierno ya que, a la revisión del día anterio
/0/22270/coverorgin.jpg?v=9fe53142134fc72d6f1dfd58a3b79d68&imageMogr2/format/webp)
/0/22556/coverorgin.jpg?v=a708ab30b717e643fe298600f6bcca30&imageMogr2/format/webp)
/0/22924/coverorgin.jpg?v=8abece87411926fddab6dff9d999df87&imageMogr2/format/webp)
/0/21223/coverorgin.jpg?v=809c6faf6dad9ee5dc9e6a5cdba923bd&imageMogr2/format/webp)
/0/16208/coverorgin.jpg?v=c1be4cb207738d56bb6b2af3932e6c33&imageMogr2/format/webp)
/0/13672/coverorgin.jpg?v=bb15da6e48e59e1d0cae5c21d7da28ca&imageMogr2/format/webp)
/0/2746/coverbig.jpg?v=de5199dbfc4eb545460c190e01a17a46&imageMogr2/format/webp)