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Downhill Racer

5 Libros Publicados

Libros y Cuentos de Downhill Racer

Mi Dolor, Su Fortuna

Mi Dolor, Su Fortuna

Moderno
5.0
Mi vieja motocicleta tosía con cada entrega, cada centavo iba para María, mi hija, que luchaba contra una enfermedad cardíaca. Los médicos hablaban de una cirugía costosa, una fortuna que yo, Ricardo, un simple repartidor en la bulliciosa Ciudad de México, jamás podría reunir. Mi esposa, Sofía, lloraba conmigo por las noches, repitiendo: "No tenemos dinero, Ricardo. No sé qué vamos a hacer" . Yo le creía, vivía por ellas, sacrificando cada comida, cada descanso. Hasta que un día, una entrega me llevó a Polanco, a un hotel de lujo donde el aire huele a dinero. Ahí, desde las sombras, la vi bajar de un Mercedes reluciente, con un vestido rojo que no reconocí. Era Sofía, mi Sofía, la que en casa decía no tener ni para un café. Y no estaba sola: un hombre elegante, Alejandro, su exnovio, la besó. Luego, la llevó a una joyería de lujo, donde sonreía de una manera que jamás me dedicó. Vi cómo le compraba un reloj de doscientos cincuenta mil pesos a la hija de él, Camila. Esa cifra me heló la sangre: la mitad de lo que costaba la vida de mi María. Mi mundo se desmoronó, mi realidad se hizo trizas. Todo había sido una farsa, una mentira cruel y gigante que se reía en mi cara. Mientras mi hija luchaba en un hospital, su madre gastaba una fortuna en caprichos ajenos. La rabia me ahogaba, una traición tan profunda que me destrozó el alma. Y justo en ese instante, el destino me dio otra bofetada. Alejandro, mientras yo yacía herido en el asfalto por su culpa, me humilló y llamó a Sofía, quien se rio de mi desgracia. Cuando mi jefe me despidió por la queja de ese imbécil, lo supe: esto no se quedaría así. Mi hija me miró con esos ojos inocentes, me consoló, sin saber la magnitud de la podredumbre que nos rodeaba. Pero cuando vio la foto de su madre con su "nueva familia" en Six Flags, su pequeño corazón no lo soportó y colapsó. Y mientras ella tosía con desesperación, susurró la pregunta que me rompió en mil pedazos: "¿Mamá ya no nos quiere?" . Esa pregunta, te lo juro, encendió en mí la llama de una venganza que nadie podrá apagar. "Vístete, María" , le dije con una calma terrorífica. "Vamos a buscarla. Vamos a conseguir una respuesta" .
La Luna de Sofía: Traición y Renacer

La Luna de Sofía: Traición y Renacer

Moderno
5.0
"¿Sofía? ¿Has sabido algo de Jorge?" El teléfono no paraba de sonar, una y otra vez, con la misma pregunta, el mismo tono de urgencia de mis suegros y mi padre. Acababa de dar a luz sola, mi pequeña Luna dormía a mi lado, ajena al mundo y al hombre que nos abandonó. Nadie preguntó cómo estaba yo. Solo por Jorge, mi esposo. La noche que todo se rompió, él miraba la televisión, hipnotizado por la noticia: "LAURA VEGA, DESAPARECIDA EN ZONA DE COMBATE". Laura Vega, su ex, su obsesión. Aquella cuya sombra siempre sentí. Sus ojos no me veían, solo a ella. Su decisión fue instantánea, loca: "Tengo que encontrarla", me dijo mientras yo sentía las primeras contracciones. "¿Qué estás diciendo, Jorge? Soy tu esposa, vamos a tener una hija", le supliqué, pero él ya empacaba, ciego, sordo. El dolor se hizo insoportable, la fuente se rompió, el líquido manchó el suelo. "Jorge, estoy de parto", le dije con la voz rota. Me miró, vio el charco. Una fracción de segundo de duda, luego la maleza de su obsesión le cubrió el rostro. "Llama a una ambulancia, Sofía. Estarás bien", dijo, y siguió empacando. Me apoyé en el umbral, el dolor cada vez más fuerte. "Si cruzas esa puerta ahora", mi voz sonó como hielo, "no vuelvas. Para nosotras, estarás muerto." "Cuando vuelva con Laura, lo entenderás", respondió. Y se fue. Se llevó todo: mi paz, mi confianza, y hasta el último centavo de nuestra cuenta conjunta. Me dejó aquí, sola, a punto de parir, para ir tras una fantasía. "¿Cómo pudiste?", chillaron. "¡Es tu esposo! ¡El padre de tu hija!" "Corazón es lo que a él le faltó", les respondí. El circo mediático, las llamadas, el acoso de su familia, la humillación pública... Era demasiado. Me llamaron fría, sin corazón. ¿Yo? ¿Sin corazón? La traición, el desamparo, el miedo me habían endurecido. Pero mi hija, mi Luna, era mi ancla. Y por ella, no iba a sucumbir. No me iba a derrumbar. No iba a suplicar. Iba a pelear. Iba a desmantelar cada parte de la vida que compartíamos. Iba a recuperar lo que era mío. Y él, Jorge, el "héroe", pagaría las consecuencias.