Jing Yue Liu Guang
3 Libros Publicados
Libros y Cuentos de Jing Yue Liu Guang
Amor Después de la Tormenta
Mafia Las cenizas de mi abuela estaban esparcidas por el lodo.
La urna rota.
El lugar profanado.
La lluvia fría lavaba mi rabia, pero no la apagaba.
Sabía quién lo había ordenado: Damián.
Él solo quería controlarme, usar a los muertos para manipular a los vivos.
Mi teléfono vibró con su nombre.
"¿Ya lo viste, León?" Mateo, su hombre de confianza, sonaba tenso.
Apenas pude susurrar: "¿Por qué, Mateo? ¿Por qué mi abuela?"
Él respondió: "Damián dice que tienes que volver."
Me reí, una risa horrible. "¿Y así me lo pide?"
Me amenazó: si no volvía "por las buenas" , mi abuela nunca tendría un entierro digno.
Tuve que aceptarlo.
Subí al auto negro que me envió su abogado.
Mi regreso, sin embargo, llegó demasiado tarde.
En el coche, una enfermera me dio la noticia: "Tu abuela… no lo logró."
Damián estaba esperándome, impaciente.
Le dije con la voz hueca: "Mi abuela… acaba de morir."
Su respuesta me heló la sangre: "Era de esperarse. Si te hubieras portado bien, habrías estado con ella."
La furia me cegó.
Lo encaré, gritándole que él me había chantajeado.
Me arrastró a la casa, me encerró en mi habitación.
Entonces, Isabela, su amante, apareció, vestida de blanco.
"Pobre Leoncito," dijo con voz empalagosa. "Damián dice que te mantuvo cerca porque tus ojos se parecen a los míos. Eres mi copia barata."
Luego añadió: "Y lo de tu abuela… Damián dice que es una bendición. Ahora puedes concentrarte en él. O bueno, en nosotros."
Enloquecí.
Me lancé sobre ella.
Damián entró furioso, me arrojó contra la pared.
"¡No te atrevas a tocarla!" rugió, antes de golpearme brutalmente.
Me dejó allí, sangrando, mientras consolaba a Isabela.
Desperté golpeado, solo.
Damián me obligó a acompañarlo a una gala, a fingir que todo estaba bien.
Allí, vi a Isabela con la pulsera de turquesas de mi abuela.
Fue la gota que derramó el vaso.
Me desplomé, avergonzado y humillado.
Cuando volví en mí, fui a donde Isabela dormía y vi la pulsera en su mesita de noche.
Traté de recuperarla, pero Damián apareció.
Me arrebató la pulsera.
"¡Ya no tienes nada, León! Todo lo que eres, me pertenece."
Me arrastró hasta el balcón sobre el acantilado.
Lanzó la pulsera al abismo.
"¡Te la daré, entonces!"
Sin pensarlo, salté.
El impacto fue brutal.
Lo último que vi fue a Damián volviéndose hacia Isabela, la puerta del balcón cerrándose.
Me había abandonado a morir.
Pero no morí.
Fui hallado por Ángel, un guardián de las tierras de mi abuela, y por su joven primo, Javier.
Ellos me salvaron, me cuidaron, y juntos forjamos una nueva verdad.
Con la ayuda de Javier, engañamos a Damián para que creyera que yo estaba muerto.
Pusieron la llave del apartamento de mi abuela en un cuerpo no identificado, y Damián lo creyó.
Él empezó su propio infierno.
Su mundo se derrumbó.
Comenzó a obsesionarse con la idea de que yo estaba vivo.
Isabela, por su parte, empezó a enfermar, a consumirse misteriosamente.
Un día, Mateo le reveló a Damián la verdad sobre Isabela: ella profanó la tumba de mi abuela, ella me provocó.
Damián se dio cuenta de su ceguera, de su crueldad.
Un año después, él me encontró.
En el bosque, ante las flores de luna que señalaban mi presencia.
Vino a pedir perdón, a implorar mi regreso.
Pero ya era tarde.
"No, no has cambiado," le dije. "Solo te quedaste sin juguetes y viniste a buscar el que rompiste."
Cuando le dije que se fuera para siempre, Damián se arrodilló, destrozado.
Pero la costumbre tiró más fuerte.
Cuando Mateo lo llamó, diciéndole que Isabela estaba muriendo, Damián se marchó.
Le di un frasco para Isabela.
"No la curará," le dije, "pero detendrá la enfermedad. Su sufrimiento te mantiene atado a ella. Mi paz lo merece."
Cerré la puerta.
Esta vez, para siempre.
Damián se fue.
Intentó buscarme, enviarme regalos que siempre eran devueltos.
Su imperio se desmoronó.
Cinco años después, murió, solo, ahogado en su propio arrepentimiento.
Yo construí una nueva vida con Ángel y Javier.
Nos casamos, tuvimos una hija, Luna.
Un día, Luna preguntó sobre una foto mía de joven que encontré en un viejo anuncio de "persona desaparecida" de Damián.
"Nadie importante, mi amor," le dije. "Solo un viejo fantasma."
El pasado estaba enterrado.
El futuro, finalmente, era mío. Esta Vez, Me Caso Con tío del Prometido
Suspense Me desperté en una bodega fría y abandonada, con las manos y los pies atados.
Ximena, la chica que creía mi amiga y la hija de nuestra sirvienta, me miraba con una sonrisa que nunca le había visto.
"Ana, ¿por qué pones esa cara?", dijo con una dulzura cruel.
Luego soltó la bomba que me heló la sangre: "Tú no eres la verdadera hija de la familia Fernández, yo lo soy. Nuestras madres nos intercambiaron al nacer".
No podía procesar esas palabras. Yo, Ana Fernández, la hija consentida, ¿era la hija de una sirvienta? ¿Y mi "hermana", la heredera?
Me quedé en shock, tratando de entender la locura que salía de su boca.
Ricardo, mi prometido, apareció no para salvarme, sino para traicionarme. "Ximena me lo contó todo. Ella es la verdadera hija de los Fernández".
Mi mundo se desmoronó. Él, el hombre que amaba, me abandonaba por dinero.
Luego, mi querido tío Mateo, un hombre frágil pero valiente, intentó ayudarme. Lo golpearon. Mi cabeza golpeó una viga. Todo se volvió negro.
Creí que moría.
Pero abrí los ojos. Estaba en mi cama, en mi mansión. Iliesa.
Había regresado, un día antes de la pesadilla.
La rabia me invadió. No más inocencia. No más errores.
Esta vez, la historia sería diferente.
Marqué el número de mi hermano Javier. "Javier, soy yo, Ana. Necesito que vengas a casa ahora mismo. Es urgente".
Ahora, la "falsa señorita Fernández" reclamaría justicia. Amor Perdido, Sueño Recuperado
Fantasía El aire de 1985 olía diferente, y mi corazón latía con la esperanza de una segunda oportunidad.
Había renacido, dieciocho años otra vez, lista para construir la vida perfecta con Ricardo, mi amor de toda la vida.
Pero la sorpresa no fue solo mi regreso, fue él. El Ricardo de esta vida no era el joven conformista que recordaba; sus ojos brillaban con una ambición que nunca le había visto.
Esperé ansiosamente su regreso de la universidad, convencida de que él también había renacido y vendría por mí para cumplir su promesa.
Sin embargo, mi mundo se desmoronó cuando, frente a todo el pueblo, Ricardo no me miró, sino que le declaró su amor a Laura, mi mejor amiga, la "flor de la fábrica".
El dolor me quemaba, me asfixiaba, y cada recuerdo de nuestra vida pasada se retorcía, revelando una verdad brutal: yo nunca fui el amor de su vida, solo un obstáculo, un premio de consolación.
¿Cómo pude amar ciegamente a un hombre que me despreciaba, que me usó y que, en secreto, manipuló mi destino no una, sino dos veces?
En otra vida, Ricardo me había dicho que la cuerda más gruesa de mi arpa siempre se rompía, casi como si hubiera sido saboteada.
En esta vida, durante mi audición, la misma cuerda se rompió, pero esta vez, en lugar de desmoronarme, saqué mi armónica, toqué con una fuerza que no sabía que tenía y logré ganar un lugar en el Conjunto Folclórico Nacional.
Su rostro pálido y sus ojos llenos de culpa confirmaron mi sospecha: él había sido el artífice de mi fracaso en ambas vidas.
Cuando me abordó, pidiéndome que renunciara a mi sueño por Laura y revelando que nunca me amó, sólo sentí asco; la última astilla de amor se convirtió en polvo.
Ahora, libre de su sombra, inicio un nuevo camino hacia la libertad y la realización personal, donde mi música resonará sin cadenas. Le puede gustar
Contrato con el Diablo: Amor en Cadenas
Shu Daxiaojie Observé a mi esposo firmar los papeles que pondrían fin a nuestro matrimonio mientras él estaba ocupado enviándole mensajes de texto a la mujer que realmente amaba.
Ni siquiera le echó un vistazo al encabezado. Simplemente garabateó esa firma afilada y dentada que había sellado sentencias de muerte para la mitad de la Ciudad de México, arrojó el folder al asiento del copiloto y volvió a tocar la pantalla de su celular.
—Listo —dijo, con la voz vacía de toda emoción.
Así era Dante Moretti. El Subjefe. Un hombre que podía oler una mentira a un kilómetro de distancia, pero que no podía ver que su esposa acababa de entregarle un acta de anulación disfrazada bajo un montón de aburridos reportes de logística.
Durante tres años, limpié la sangre de sus camisas. Salvé la alianza de su familia cuando su ex, Sofía, se fugó con un don nadie.
A cambio, él me trataba como si fuera un mueble.
Me dejó bajo la lluvia para salvar a Sofía de una uña rota. Me dejó sola en mi cumpleaños para beber champaña en un yate con ella. Incluso me ofreció un vaso de whisky —la bebida favorita de ella—, olvidando que yo despreciaba su sabor.
Yo era simplemente un reemplazo. Un fantasma en mi propia casa.
Así que dejé de esperar. Quemé nuestro retrato de bodas en la chimenea, dejé mi anillo de platino entre las cenizas y abordé un vuelo de ida a Monterrey.
Pensé que por fin era libre. Pensé que había escapado de la jaula.
Pero subestimé a Dante.
Cuando finalmente abrió ese folder semanas después y se dio cuenta de que había firmado la renuncia a su esposa sin siquiera mirar, El Segador no aceptó la derrota.
Incendió el mundo entero para encontrarme, obsesionado con reclamar a la mujer que él mismo ya había desechado. La Joya Descartada: Brillando en los Brazos del Despiadado Don
Yin Luo Durante cuatro años, recorrí con mis dedos la cicatriz de bala en el pecho de Dante, creyendo que era la prueba de que él sangraría por mantenerme a salvo.
En nuestro aniversario, me dijo que me vistiera de blanco porque "esta noche lo cambia todo". Entré a la gala pensando que me daría un anillo.
En lugar de eso, me quedé paralizada en el centro del salón, ahogándome en seda, viéndolo deslizar el zafiro de su madre en el dedo de otra mujer.
Karina Garza. La hija de una familia rival.
Cuando le supliqué con la mirada que me reclamara como suya, que me salvara de la humillación pública, no titubeó. Simplemente se inclinó hacia su lugarteniente, y su voz retumbó, amplificada por el silencio.
—Karina es poder. Alma es placer. No confundas los activos.
Mi corazón no solo se rompió; se hizo cenizas. Él esperaba que me quedara como su amante, amenazando con profanar la tumba de mi madre si me negaba a ser su mascota obediente.
Pensó que estaba atrapada. Pensó que no tenía a dónde ir por las enormes deudas de juego de mi padre.
Se equivocaba.
Con manos temblorosas, saqué mi teléfono y escribí el único nombre que se suponía que nunca debía usar.
León Montero. El Don. El monstruo que atormentaba a Dante.
*Invoco el Pacto de Sangre. La deuda de mi padre. Estoy lista para pagarla.*
Su respuesta llegó tres segundos después, vibrando contra mi palma como una advertencia.
*El precio es el matrimonio. Me perteneces. ¿Sí o No?*
Levanté la vista hacia Dante, que reía con su nueva prometida, creyendo que era su dueño.
Bajé la mirada y escribí dos letras.
*Sí.* La Luna Rechazada
MYSTIKAL LONER Cinco años de devoción se hacen pedazos cuando Jonah, una vez más, abandona a Rose en su ceremonia de vínculo de apareamiento para consolar a su amor de la infancia, Lucy, una loba frágil que ha intentado suicidarse más de noventa y nueve veces. En ese momento, Rose finalmente comprende la verdad: ella nunca fue quien tuvo el corazón de Jonah.
Destrozada pero decidida, Rose corta todos los lazos con la Manada Bloodhound y se marcha, decidida a recuperar su vida y empezar de nuevo. Pero el destino tiene otros planes.
Una noche imprudente y llena de alcohol lo cambia todo cuando Rose se encuentra en los brazos del Alfa más intocable de todo el territorio, Alek Pavlon, el rival jurado y mayor competencia de Jonah, quien se obsesiona con ella.
Lo que comienza como un error amenaza con encender una guerra entre manadas, despertar deseos enterrados y obligar a Rose a elegir entre el dolor de su pasado y un peligroso nuevo futuro.
Mi Corazón Frío: Rechazando al Jefe de la Mafia
Hu Minxue Mi esposo, el Consejero más temido del Cártel, se levantó y abrochó el saco de su traje.
Acababa de convencer a un jurado de que Sofía Montenegro era inocente.
Pero ambos sabíamos la verdad: Sofía había envenenado a mi madre por un negroni derramado en su vestido Valentino.
En lugar de consolarme, Dante me miró con unos ojos fríos, sin alma.
"Si haces una escena", susurró, apretando mi brazo hasta dejarme un moretón, "te voy a enterrar tan profundo en un psiquiátrico que ni Dios te va a encontrar".
Para proteger la alianza de La Familia, sacrificó a su esposa.
Cuando intenté defenderme, me drogó en una gala.
Dejó que un investigador privado me tomara fotos, desnuda e inconsciente, solo para tener con qué chantajearme y mantenerme en silencio.
Paseó a Sofía por nuestro penthouse, dejándola usar el rebozo de mi difunta madre mientras a mí me desterraba al cuarto de servicio.
Pensó que me había quebrado.
Pensó que yo era solo la hija de una enfermera a la que podía controlar.
Pero cometió un error fatal.
No leyó los "formularios de internamiento" que le di a firmar.
Eran los papeles del divorcio, transfiriendo todos sus bienes a mi nombre.
Y la noche de la fiesta en el yate, mientras él brindaba por su victoria con la asesina de mi madre, dejé mi anillo de bodas en la cubierta.
No salté para morir.
Salté para renacer.
Y cuando volví a la superficie, me aseguré de que Dante de la Vega ardiera por cada uno de sus pecados. Atada a ti por contrato
Karyelle Kuhn Liz Navarro perdió a sus padres a los 16 años. Sola en el mundo, se vio obligada a seguir las estrictas instrucciones dejadas en el testamento de su padre. A los 18, fue forzada a casarse con un hombre que nunca había visto: su propio tutor legal. ¿La condición para recibir su herencia? Permanecer casada hasta los 25 años, y obtener un título en Derecho.
Liz vivía en una burbuja, rodeada de reglas con las que nunca estuvo de acuerdo; llevaba una vida monótona, sin sueños, sin aventuras. Un día, cruzó la mirada con el nuevo profesor de Derecho Penal.
Henry McNight era todo lo que ella consideraba atractivo: encantador, atlético, inteligente... y peligroso. Un hombre mayor que despertaba en ella sentimientos hasta entonces desconocidos. Pero lo que él no imaginaba era que aquella joven de apariencia dulce era, en realidad, la misteriosa mujer con quien había aceptado casarse en lugar de su tío.
Entre lo justo y lo injusto, lo previsible y lo improbable, Liz y Henry se embarcan en una conexión que desafía todas las reglas. Cuando finalmente parecía haber espacio para el amor, el destino interviene: Liz está en peligro y ahora Henry necesita correr contra el tiempo para salvarla.
Entre giros inesperados, conflictos, secretos y alianzas, ambos se acercan a la verdad... y a descubrir quién es el traidor dentro de la mafia.
¿Sobrevivirán este mafioso y su chica al juego del poder? Es demasiado tarde, Señor Don: La esposa que usted enterró
Xiao Xiaosu Fui a ver al abogado de la familia para un trámite de rutina, un permiso para viajar. En su lugar, me entregaron mi sentencia de muerte: un acta de divorcio. La tinta llevaba tres años seca.
Mientras yo había estado jugando el papel de la esposa devota del Patrón, Dante me había divorciado en secreto un día después de nuestro quinto aniversario.
Veinticuatro horas más tarde, se casó legalmente con la niñera, Gia, y nombró heredero a su hijo de ojos crueles.
Regresé a casa para enfrentarlo, solo para que el niño me arrojara una sopa de tomate hirviendo.
Dante no revisó mis quemaduras. Abrazó al niño y me miró con odio puro, un odio alimentado por las drogas, llamándome monstruo por alterar a su "hijo".
El golpe final llegó en un estacionamiento. Un auto aceleró hacia nosotros.
Dante no me jaló para ponerme a salvo. Me empujó hacia la trayectoria del vehículo, usando mi cuerpo como escudo humano para proteger a su amante.
Rota, tirada sobre el asfalto, me di cuenta de que Aria de la Garza ya estaba muerta para él. Así que decidí hacerlo oficial.
Organicé un vuelo privado sobre el Golfo de México y me aseguré de que no hubiera sobrevivientes.
Para cuando Dante lloraba sobre los restos del avión, dándose cuenta demasiado tarde de que lo habían envenenado en mi contra, yo ya estaba en Francia.
El Canario había muerto. El Segador se había alzado. NEGOCIOS DEL ALMA
MAINUMBY En el corazón helado de Rusia, dos mundos destinados a chocar comienzan a arder.
Alexandra Morgan, una brillante mujer de negocios, elegante y estratega, es enviada al mundo del comercio internacional con una misión clara: expandir el imperio Morgan en tierras peligrosas. Pero lo que no esperaba era toparse con el rey indiscutible de los bajos fondos rusos: Mikhail Baranov, un hombre tan letal como irresistible.
Dueño de una red de poder que se extiende más allá del negocio legal, Mikhail se rige por su propia ley, y jamás ha permitido que una mujer lo desestabilice. Hasta que Alexandra aparece con su inteligencia afilada y su encanto implacable, arrastrándolo a un juego de deseo, dominio y peligro.
Entre reuniones empresariales, besos que arden más que el vodka ruso, y enemigos que observan en las sombras, Alexandra y Mikhail deberán decidir si su alianza será solo de poder... o si están destinados a caer el uno en los brazos del otro, incluso cuando todo a su alrededor grite lo contrario.
¿Puede el amor florecer entre el hielo y el fuego, entre la ambición y la traición? Él la salvó, yo perdí a nuestro hijo
Xunian Jingshi Durante tres años, llevé un registro secreto de los pecados de mi esposo.
Un sistema de puntos para decidir exactamente cuándo dejaría a Damián Garza, el despiadado Segundo al Mando del Consorcio de Monterrey.
Creí que la gota que derramaría el vaso sería que olvidara nuestra cena de aniversario para consolar a su "amiga de la infancia", Adriana.
Estaba equivocada.
El verdadero punto de quiebre llegó cuando el techo del restaurante se derrumbó.
En esa fracción de segundo, Damián no me miró. Se lanzó a su derecha, protegiendo a Adriana con su cuerpo, dejándome a mí para ser aplastada bajo un candelabro de cristal de media tonelada.
Desperté en una habitación de hospital estéril con una pierna destrozada y un vientre vacío.
El doctor, pálido y tembloroso, me dijo que mi feto de ocho semanas no había sobrevivido al trauma y la pérdida de sangre.
—Tratamos de conseguir las reservas de O negativo —tartamudeó, negándose a mirarme a los ojos—. Pero el Dr. Garza nos ordenó retenerlas. Dijo que la señorita Villarreal podría entrar en shock por sus heridas.
—¿Qué heridas? —susurré.
—Una cortada en el dedo —admitió el doctor—. Y ansiedad.
Dejó que nuestro hijo no nacido muriera para guardar las reservas de sangre para el rasguño insignificante de su amante.
Damián finalmente entró en mi habitación horas después, oliendo al perfume de Adriana, esperando que yo fuera la esposa obediente y silenciosa que entendía su "deber".
En lugar de eso, tomé mi pluma y escribí la última entrada en mi libreta de cuero negro.
*Menos cinco puntos. Mató a nuestro hijo.*
*Puntuación Total: Cero.*
No grité. No lloré.
Simplemente firmé los papeles del divorcio, llamé a mi equipo de extracción y desaparecí en la lluvia antes de que él pudiera darse la vuelta.