Kara-lynn Reagan
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Libros y Cuentos de Kara-lynn Reagan
Boda Rota, Amor Renacido
Urbano La música se detuvo. Hoy era el día de mi boda, el clímax de cinco años de amor incondicional. Estaba a punto de besar a Sofía, la mujer a la que le había entregado todo, incluso mi empresa al borde de la quiebra por sus caprichos.
Pero entonces, en el altar, frente a quinientos invitados boquiabiertos, ella giró la cabeza, me empujó suavemente y besó a Luis, mi padrino. No fue un beso corto, fue profundo, apasionado.
Mientras un hilo de saliva conectaba sus bocas, Luis me miró con arrogancia, como diciendo: "Gané". Sofía, con el lápiz labial corrido, solo dijo: "Ricky, mi amor, no te enojes. Luisito quería saber qué se siente en una boda. Sigamos con la ceremonia, ¿sí?" .
Mis padres estaban pálidos, los de ella confundidos. Los invitados cuchicheaban. Sentí el calor de la humillación subir por mi cuello. Le di cinco años de mi vida, la traté como a una reina. Y ella, como si nada, me decía "sigamos".
¿Mi inseguridad? ¿Besar a otro hombre en nuestro altar y la culpa era mía? ¿Cómo podían ser tan ciegos? ¡Estaba claro que ella nunca me amó!
En ese momento, el amor que sentía por Sofía murió. Le quité el micrófono al maestro de ceremonias: "Queridos amigos y familiares, la boda continúa, pero el novio ha cambiado" . Bajé los escalones del altar. No miré a Sofía, ni a Luis. Fui directamente hacia mis padres. Sofía: ¿Hija o Cenicienta?
Moderno Sofía Rojas miraba la lluvia golpear el taller de costura clandestino, las cicatrices en sus manos contaban la historia de una vida de explotación, un olor a tela barata y humedad pegado a su piel desde siempre.
Un sobre elegante de la prestigiosa familia Vargas lo cambió todo: no era Sofía Rojas, la costurera, sino Sofía Vargas, la niña secuestrada hacía quince años, la hija perdida de la alta sociedad.
Pero el regreso a la opulenta mansión fue un golpe helado; sus "padres" y "hermanos" la vieron con desprecio y burla, imponiéndole reglas humillantes para recordarle de dónde venía.
El día del examen de ingreso a la escuela de diseño, bajo un aguacero torrencial, su padre le negó cien pesos para un taxi y la echó a la calle mientras la abofeteaba, gritándole: "¡Camina! ¡Así recordarás de dónde vienes!".
Empapada y humillada, al llegar al examen, vio la pantalla gigante: su "familia" celebraba a Valentina, quien exhibía sus diseños robados. La voz del presentador alababa a la "joven promesa Valentina Vargas".
En ese instante, la promesa de una fiesta de cumpleaños, las pruebas de humildad y el amor que tanto anhelaba se desmoronaron, eran solo una cruel farsa.
Con una calma aterradora, Sofía rompió su solicitud de ingreso, tomó su teléfono y, con voz firme, le dijo a su mentora: "Profesora Elena, soy Sofía, acepto la beca. Me voy a Milán".
Cuando regresó fugazmente a la mansión para despedirse, Valentina la humilló con un pastel embarrándoselo en la cara, mientras sus padres y hermano la culpaban a gritos: "¡Eres una malagradecida!".
"¿Y la migraña de mamá? ¿Ya se le pasó?", preguntó Sofía, revelando la farsa de su "enfermedad".
Justo cuando Valentina insinuaba que Sofía había hecho algo inapropiado para conseguir un vestido, su hermano Carlos intentó arrancárselo, humillándola aún más.
Pero en un arrebato de furia controlada, Sofía le propinó a Carlos una bofetada resonante, rompiendo para siempre la imagen del hermano protector.
"Solo... solo no entiendo por qué, no importa lo que haga, ustedes siempre eligen pensar lo peor de mí", les dijo, y el silencio fue su única respuesta, confirmando que nunca la habían querido.
¿Qué secretos ocultaban los Vargas para tratar así a su propia hija? ¿Por qué preferían el engaño y la crueldad a la verdad y el amor? Mi Salvador Con Alas Demonios
Romance Siempre soñé con proponerle matrimonio a Mateo, el hombre con quien había compartido diez años de mi vida.
Pero esa noche, un correo del hospital con un diagnóstico de cáncer terminal y el descubrimiento de un acta de matrimonio oculta en su estudio, destrozaron mi mundo.
Mateo estaba casado con Sofía, una mujer idéntica a mí, y yo solo era "vientre de alquiler", una "huérfana ingenua" a la que usarían y desecharían.
El amor de mi vida era un monstruo que me había manipulado desde la universidad, pagando a otros para intimidarme y aparecer como mi salvador.
Ahora, con un falso embarazo y un plan de criogenización en marcha, me preparo para desaparecer, dejando atrás el caos y la traición, para que finalmente, yo, Ximena, pueda vivir. El Amor Ciego de Una Ciega
Romance El chirrido de los neumáticos fue el último sonido claro que escuché antes de que el mundo se volviera un caos y la oscuridad me envolviera.
Me recuperé del accidente, pero con una venda cubriendo lo que quedaba de mi vista, y Mateo, mi novio, juró ser mis ojos y mi protector.
Él prometió amarme y cuidarme, convertir cada día en un testimonio de su devoción después de que yo le salvé la vida.
Pero el día de mi milagrosa recuperación visual, la sorpresa que quería darle se convirtió en el descubrimiento más cruel.
Encontré a Mateo, al hombre que me juró amor eterno, en nuestro propio sofá, en los brazos de Camila, su asistente. Su voz, melosa y arrogante, resonó como un puñetazo: "Mateo, cariño, creo que tu cieguita ha vuelto a casa".
Entonces, el golpe final: "¿Y ahora qué? ¿Vas a seguir jugando al enfermero con ella? Ya me tienes a mí. Además, ¿qué vas a hacer cuando se entere de que estoy embarazada?".
Embarazada. No solo ella, sino también yo. ¿Cómo pude ser tan ciega, tan ingenua?
En ese momento, mi visión no solo regresó, sino que la realidad se presentó con una claridad brutal. Mi mundo se derrumbó con la misma fuerza con la que el auto me golpeó.
Me fui, pero no para huir, sino para armar mi venganza. La Maldición Fatal de Mi Familia
Suspense En mi casa, se vivía en un silencio sepulcral, el de mi madre, María, una mujer que nunca pronunciaba una palabra.
Pero ese silencio se rompió cuando yo tenía diecisiete años: una tarde, mi madre le susurró algo al oído de mi padre, y al día siguiente, él cayó misteriosamente desde el piso treinta de un rascacielos.
La policía lo llamó accidente, pero yo sentía una verdad fría y oscura.
Cuando confronté a mi madre entre gritos de dolor, ella solo escribió en una nota: "Era su destino", y me mostró una sonrisa torcida, escalofriante, que heló mi sangre y me hizo odiarla.
Cinco años después, cuando Roberto, mi prometido, trajo amor y esperanza a mi vida, la pesadilla se repitió: en la cena de compromiso, mi madre le susurró, y él cambió, sus ojos se vaciaron.
Un periódico local expuso nuestra tragedia, y mi madre, para protegerme, dejó una nota prometiendo revelar la verdad en Alborada, el pueblo de mis ancestros.
Pero antes de partir, su voz me alcanzó por teléfono, rota por el pánico: "Él... me encontró... El abuelo...". Y luego, un golpe seco.
Al mismo tiempo, Roberto, mi amado Roberto, cayó desde el tejado de su oficina, sumiéndose en coma.
Todos me tildaron de loca, de conspiranoica, pero yo sabía.
No era una maldición, sino una advertencia, una verdad oculta que mi madre intentó desvelar, y que ahora yo estaba decidida a encontrar.
Sola, conduje hacia Alborada, el corazón lleno de la promesa de vengar a mi familia y de desenmascarar al "abuelo" que, según mi madre, controlaba la vida y la muerte. Mi Corazón en Cenizas
Urbano Durante ocho años, mi matrimonio con Luciana fue solo un contrato, una jaula dorada en la que yo era prisionero.
Pero el día que Luciana trajo a su amante, Kieran, a nuestra casa, la finca de mi familia en Jerez, y me anunció cínicamente que estaba embarazada de él, mi mundo se puso patas arriba.
Aquella mujer, que decía haber salvado mi patrimonio, no dudó en humillarme hasta el extremo, exigiendo que preparara la mejor habitación para su torero mientras él destruía el único recuerdo de mi abuelo.
No solo eso, sino que me forzó a darle un injerto de piel por un rasguño insignificante de Kieran, me secuestró en la bodega y, lo más desgarrador, me abandonó a mi suerte en un incendio, creyendo las mentiras de su amante.
¿Cómo era posible tanto desprecio de la mujer que afirmaba amarme? ¿Cómo pude ser tan ciego para no ver que mi vida era un infierno diseñado a medida?
En medio de las llamas, con el olor a humo quemando mi garganta, y cuando toda esperanza parecía perdida, una mano salvadora me arrancó de las fauces de la muerte, dándome la oportunidad de escapar y empezar de cero. Le puede gustar
Habitación equivocada: Durmiendo con el tío de mi prometido
Fishin' Floozy Faltaban solo unos meses para su boda cuando Isidora abrió la puerta de la suite presidencial del Hotel Plaza.
El aire la golpeó como un puñetazo. En la cama king-size, su prometido Kevin estaba jadeando sobre Chantelle, su antigua buena amiga.
Al ser descubierto, Kevin no mostró ni una pizca de culpa. Agarró una almohada y se la lanzó con rabia.
"¡Bicho raro y horrible! ¡Lárgate!", rugió él, asqueado por las feas gafas y las pecas falsas que ella usaba para ocultar su verdadero rostro.
Isidora no derramó una lágrima. Grabó un video en silencio y se marchó. Pero la verdadera pesadilla llegó horas después, en la cena oficial de compromiso.
Chantelle fingió ser la víctima frente a todos, y Kevin humilló a Isidora dejándola como una loca celosa. Su propio padre, preocupado solo por los millones de la fusión empresarial, la agarró del brazo.
"Si arruinas este acuerdo, haré que exhumen la tumba de tu madre", la amenazó sin piedad.
Isidora se quedó sola bajo el candelabro, tragándose las risas y burlas de la alta sociedad. ¿Por qué tenía que ser ella el cordero de sacrificio? ¿Por qué debía permitir que pisotearan su dignidad y la memoria de su madre?
Una calma gélida recorrió sus venas. Sacó su celular, hackeó el sistema audiovisual del salón y presionó un botón.
El video de la infidelidad estalló a todo volumen en la pantalla gigante de tres metros.
Mientras el pánico destruía a los Garrison, Isidora levantó la vista y se encontró con los ojos de Cedrick, el despiadado y temido tío de Kevin, el mismo extraño con el que se había acostado por venganza la noche anterior... y él le sonrió. Nueve matrimonios rechazados: me caso con el rival de mi ex
Ming Yue Zhang Die Sui Xin Faltaban apenas quince minutos para que cerrara el Registro Civil. Era la novena vez que Amelia esperaba en vano para casarse.
El celular sonó, pero no era su prometido, Kayson. Era su asistente, informando con frialdad que la boda se cancelaba porque Kamila, la hermanastra de Amelia, se había torcido el tobillo.
Kamila. Siempre era ella. Por su culpa, Amelia había soportado cumpleaños olvidados, aniversarios perdidos y, ahora, el día de su boda destruido.
Para empeorar las cosas, al volver a casa, su propia madre le exigió que le pidiera disculpas a Kamila por su "falta de empatía" y por haber "avergonzado" a Kayson con su rabieta.
Su familia no la amaba; solo la veían como un peón que debía agachar la cabeza y soportar las humillaciones en silencio.
La ironía le oprimía el pecho. Había desperdiciado años esperando a un hombre que siempre corría a los brazos de otra, atada a una familia que la despreciaba abiertamente.
¿Por qué debía seguir siendo la idiota sumisa que siempre perdona y espera?
La gigantesca piedra que la asfixiaba por fin se rompió.
Amelia le envió un último mensaje a Kayson: "Se acabó", y eliminó su contacto para siempre.
Sin dudarlo, salió al frío viento de Nueva York y llamó al mayor enemigo comercial de su ex, el despiadado multimillonario Garrett Thornton.
"Señor Thornton, ¿su oferta de matrimonio sigue en pie?"
Diez minutos después, un Maybach negro se detuvo frente a ella, y Amelia se casó con el hombre más peligroso de la ciudad. Cinco Años, Una Mentira Devastadora
Jiuye Fenglin Mi esposo estaba en la regadera. El sonido del agua era el ritmo familiar de nuestras mañanas. Yo acababa de poner una taza de café en su escritorio, un pequeño ritual en nuestros cinco años de lo que yo creía era un matrimonio perfecto.
Entonces, una notificación de correo electrónico apareció en su laptop: "Estás invitado al bautizo de Leo Torres". Nuestro apellido. La remitente: Ximena Cantú, una influencer de redes sociales.
Un pavor helado se apoderó de mí. Era una invitación para su hijo, un hijo que yo no sabía que existía. Fui a la iglesia, oculta entre las sombras, y lo vi sosteniendo a un bebé, un niño pequeño con su cabello y ojos oscuros. Ximena Cantú, la madre, se apoyaba en su hombro, una imagen de felicidad doméstica.
Parecían una familia. Una familia perfecta y feliz. Mi mundo se hizo añicos. Recordé cómo se negó a tener un bebé conmigo, citando la presión del trabajo. Todos sus viajes de negocios, las noches hasta tarde... ¿las pasaba con ellos?
La mentira era tan fácil para él. ¿Cómo pude haber sido tan ciega?
Llamé a la Beca de Arquitectura de Zúrich, un prestigioso programa que había pospuesto por él. "Quisiera aceptar la beca", dije, mi voz inquietantemente serena. "Puedo irme de inmediato". La Novia Abandonada: Mi Revancha
Isla Hunter El día de mi boda, estaba radiante, vestida con el traje blanco que había soñado desde niña.
Pero mi prometido, Ricardo, no estaba. Tampoco mi familia. Ni mi madre, Elena, ni mi padre, Jorge, ni mi hermano Mateo.
Mientras esperaba, sola en una iglesia casi vacía, mi mundo se desmoronó con una foto en Instagram: toda mi familia sonriendo en el aeropuerto, recibiendo a Valentina, mi hermana adoptiva, y Ricardo con ellos, radiante.
Me sentí como un mueble olvidado, una decoración prescindible en sus vidas.
El teléfono de Ricardo sonó, y escuché la voz alegre de Valentina de fondo: "¡Ay, qué emoción! ¡No puedo creer que esté de vuelta!" . Luego, él, con una voz evasiva y culpable, me dijo: "Surgió algo. Valentina llegó de sorpresa. Tú eres fuerte, Sofía, tú entiendes".
¿Entender que me dejaste plantada en el altar por ella?
Mi padre, Jorge, incluso me dio una bofetada por atreverme a decir la verdad: Valentina es una manipuladora y no tiene asma. Nadie me defendió.
Lo que no sabían es que su traición no me iba a destruir. Al contrario, me iba a liberar.
Cogí mi maleta, decidida a dejar atrás un pasado que nunca me valoró, para construir mi propio futuro lejos de ellos, como la única chef que realmente importaba: Chef Sofía. Perdimos a nuestro bebé, encontramos su traición
Gavin En nuestro quinto aniversario, sostenía en mis manos la prueba de embarazo positiva por la que tanto habíamos rezado. Le preparé su cena favorita, pero mi esposo, Dante, nunca llegó a casa.
Estaba trabajando hasta tarde con su jefa de campaña, Camila. El estrés de sus mensajes fríos y la publicación arrogante de ella en Instagram me provocaron un dolor agudo y desgarrador en el vientre. Me desplomé en el suelo, sangrando.
Cuando lo llamé desde el hospital, me acusó de fingir para llamar la atención.
—¿Qué es esta vez? ¿Un dolor de cabeza? —escupió con desprecio—. Harías lo que fuera por llamar la atención, ¿verdad?
Al día siguiente, me arrastró a una fiesta para celebrar a Camila. Frente a todos, intentó obligarme a beber whisky. El estrés, la caída… fue demasiado. Perdí a nuestro bebé milagro ahí mismo, en el piso de la galería.
Su disculpa fue llevarme una pizza de pepperoni a la cama del hospital. Soy alérgica al pepperoni. Fue lo primero que le dije en nuestra primera cita. Él no lo recordaba, pero sí sabía que Camila prefería su latte con leche de avena.
Acababa de demostrar que no merecía a nuestro hijo. Ni siquiera me merecía a mí.
Cuando finalmente apareció, con el rostro cubierto por una máscara de falsa preocupación, lo miré directamente a los ojos.
—Se acabó. Quiero el divorcio.