Kong Chan
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Libros y Cuentos de Kong Chan
La Esposa Invisible: Ahora Mírame Brillarr
Romance Durante doce años, oculté mi fortuna y mi linaje, la poderosa familia Salazar, para convertirme en la esposa perfecta de Mateo Hewitt.
Le di mi amor incondicional, mi apoyo, y en secreto, los cimientos de su imperio, creyendo que construíamos un futuro juntos desde nuestro modesto piso en Logroño.
Pero en nuestro duodécimo aniversario de bodas, llegó la traición: Mateo entró oliendo al perfume de otra mujer, su asistente Isabel Riley, con una caja de puros cubanos, no flores para mí.
Miró con desdén la cena sencilla que preparé, solo para que yo le mostrara una foto de él y su amante, unida a la ecografía de un embarazo de tres meses que ella me envió.
Él me insultó, llamó "estéril" y "mueble", e incluso defendió a Isabel por recibir nuestras joyas de familia.
La humillación se volvió insoportable cuando, en una gala, Mateo rompió un collar de esmeraldas que era una reliquia Salazar, un regalo de mi abuela, y casi con orgullo me lo arrojó a los pies. Su madre, a quien salvé, me escupió odio por su ruina.
¿Cómo pudo el hombre al que di todo, por quien me arrodillé ante mi padre, por quien abandoné mis sueños, convertirme en un fantasma en mi propia casa? ¿Por qué me trató como basura mientras construía su éxito sobre mis sacrificios y los de mi familia?
Con el corazón destrozado y la ira ardiendo, llamé a mi equipo. "Quiero el divorcio," le dije. "Y te juro, Mateo Hewitt, que te dejaré sin absolutamente nada." La verdadera Sofía Salazar acababa de despertar, y su sed de venganza no conocía límites. Esta Vez Pido Divorcio
Romance Durante diez años, mi mundo giró en torno a Ricardo Vargas, un amor que me consumió, arquitecta con sueños que se marchitaban a su sombra.
Manipulé, sembré dudas, usé mi astucia no para construir, sino para demoler su relación con Sofía. Y lo logré. Nos casamos.
Esos seis años fueron un infierno de excusas, humillaciones y el constante olor a otros perfumes. Aguantaba, esperando que mi paciencia lo cambiara.
Ese día, el fin de todo, encontré a Sofía en nuestra cama, y Ricardo me miró con un desdén que me heló los huesos.
"Elena, ¿qué parte del acuerdo no entiendes? No interferencia. Tú tienes tu vida, yo tengo la mía."
Su mirada bajó a mi vientre embarazado: "Y sobre todo, no vayas a ensuciar a mi hijo con tus asuntos."
Su burla me rompió, convertida en furia ciega, me abalancé sobre él.
Perdí el equilibrio. Caí por las escaleras. Dolor. Oscuridad. Lo último que sentí fue una cálida pérdida. Había perdido a mi bebé, lo único que me quedaba.
Y entonces... desperté. En mi cama. Sin dolor. Mi vientre intacto. La prueba de embarazo, sin usar, en la mesita de noche.
Un milagro. Una segunda oportunidad.
No para él. No para arreglarlo. Una oportunidad para liberarme.
En ese instante, una década de obsesión se hizo añicos. Me levanté, tomé mis cosas. Dejé la prueba y el anillo sobre la almohada.
Esta vez, no iba a caer por las escaleras. Esta vez, iba a caminar hacia mi libertad. El Accidente me Revela que No era Amor
Romance Creía que nuestra vida en Madrid era sólida, con Mateo a mi lado, conduciendo por la M-30 bajo el monótono zumbido del tráfico.
Pero un chirrido de neumáticos y el golpe seco de un accidente lo cambiaron todo inesperadamente.
Mi corazón se heló cuando Mateo, sin mirarme, se lanzó hacia el Fiat accidentado de Lucía, su ex, dejándome sola, inmovilizada en nuestro coche.
Él la consoló y protegió, ajeno a mi miedo y mi abandono glacial en la concurrida autopista.
Al regresar, solo hubo impaciencia en sus ojos, no preocupación, deseando irse y ofreciéndome una "tila" para mis "nervios".
Luego intentó "arreglarlo" con regalos vacíos, y cuando le exigí hablar, me llevó a un bar para que Lucía, la víctima de su "ataque de pánico", me pidiera perdón por él, convirtiéndome en la villana celosa.
Pero la verdad más amarga llegó en una galería, escuché a sus amigos susurrar: "Sofía fue la tirita perfecta para sacar otro clavo", la sustituta vacía para su obsesión nunca superada por Lucía.
Tres años de mi vida, adaptados a él, reducidos a una mera segunda opción para llenar un agujero.
La rabia, fría y cristalina, me impulsó hacia él, no a suplicar, sino a desenmascarar la farsa.
Con una calma que lo desarmó, le lancé las duras verdades.
Y en un acto simbólico de liberación, "accidentalmente" derramé sangría sobre su inmaculada camisa blanca, manchando su perfección y control.
"Se acabó, Mateo," declaré, "por ti, porque solo sabes poseer y manipular, nunca amar."
Me di la vuelta y me marché, finalmente libre, lista para construir mi propia vida, lejos de su sombra. Le puede gustar
La esposa abandonada regresa como heredera multimillonaria
Willow Chase Di a luz a mis gemelos completamente sola en una ruidosa habitación de hospital compartida.
Mientras yo agonizaba por el agotamiento del parto, mi esposo Julian estaba en una fiesta celebrando el éxito de mi hermana adoptiva, Amelia.
Cuando lo llamé temblando para decirle que sus hijos habían nacido, solo escuché risas de fondo antes de que me respondiera con frialdad.
"Estoy ocupado. Mándale los detalles a mi asistente".
Me colgó. Los familiares de las otras pacientes me miraban con lástima y murmuraban a mis espaldas, burlándose de la esposa a la que el gran Julian Sterling iba a dejar en la calle por una actriz.
Para darle su lugar a Amelia, Julian me había obligado a firmar un acuerdo de divorcio que me dejaba sin nada, amenazándome con obligarme a abortar si me negaba.
Incluso mis padres adoptivos me habían dado la espalda para apoyar a su hija biológica.
Me acurruqué en la cama llorando en silencio, sintiendo una humillación y una desesperación asfixiantes.
¿Por qué tenía que sufrir tanto solo por ser adoptada? ¿Cómo podía un padre ser tan cruel y descartar a sus propios hijos como si fueran basura?
Justo cuando creía que mi vida estaba acabada, el jefe de obstetricia vio una peculiar marca de nacimiento en mi muñeca.
Una prueba de ADN de emergencia reveló lo imposible: yo era la hija perdida de la multimillonaria familia Beaumont.
Horas después, mis verdaderos padres y mis tres poderosos hermanos llegaron en un jet privado para protegerme, jurando destruir a quienes me hicieron daño.
Con el imperio Beaumont respaldándome, tomé mi celular y le envié un mensaje a Julian.
"Mañana a las diez en el ayuntamiento. Es hora de firmar el divorcio". CEO lascivo no te pertenezco: perder para amar
Escritorapalacio IMPORTANTE: ESTE LIBRO CONTIENE ESCENAS +18 Y SI ERES UNA LECTORA APASIONADA Y ROMÁNTICA, ESTE LIBRO ES PARA TI.
Gema había sido vendida ante un hombre lleno de malicia por parte de su madre para salvar la hacienda familiar. Tenía que sacrificarse, era casarse con ese hombre o buscar 50 mil dólares. Su abuelo quebrantado de salud le suplico no entregarse a ese hombre. Así que ella no tuvo más opción que salir de su pueblo e irse a la ciudad de Nueva York en busca de una oportunidad laboral sin imaginarse que terminaría sirviendo en el exclusivo y lujoso penthouse de Domenic Villarreal, un CEO implacable y al parecer sin corazón. Perfeccionista y rodeado de rumores sobre su sexualidad, quien oculta una oscuridad lasciva tras su máscara de frialdad, pero guapísimo tallado por los dioses.
Para Gema, el trabajo es una carrera contra el tiempo para conseguir el dinero que su familia necesita desesperadamente, mientras intenta sobrevivir a las exigencias de un hombre que parece despreciarla tanto como la desea.
El Ceo no la tendrá tan fácil, aunque Gema es una chica de pueblo, y quedó flechada al instante que lo vio, esto se convertirá en un juego de poder, necesidad y deseo prohibido.
¡No te quedes con las ganas de leer!