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Mead Ogawa

6 Libros Publicados

Libros y Cuentos de Mead Ogawa

Perdón, Escrito con Sangre

Perdón, Escrito con Sangre

Moderno
5.0
Mi boda estaba a la vuelta de la esquina, el día más feliz de mi vida, pensé. Pero un "¡ring, ring!" del hospital destrozó mi mundo: mi abuela, mi única familia, había sufrido un derrame cerebral. Corrí al hospital, con el vestido de novia a medio probar, solo para encontrarla postrada, conectada a un sinfín de tubos. El médico soltó una verdad helada: mi abuela nos había sorprendido, a mi prometido Marco y a mi mejor amiga Carla, en la intimidad. La conmoción le provocó el derrame. Necesitaba un trasplante de riñón urgente, y yo era la única compatible. Sin dudarlo, me ofrecí, dispuesta a llevar un riñón artificial, lo que fuera por ella. Pero los costos eran astronómicos. Llamé a Marco, el hombre con el que iba a compartir mi vida. "Marco, necesito ayuda, la abuela necesita la cirugía, es mucho dinero". Su respuesta fue un golpe bajo, frío y distante: "Lo siento, Sofía, no tengo tanto efectivo ahora mismo. Carla y yo nos vamos a casar". El teléfono cayó de mis manos, mi visión se nubló. Sola, sin dinero, mi abuela al borde de la muerte. Entonces, el Doctor Alejandro, con su sonrisa tranquilizadora, apareció y prometió cubrí todos los gastos y realizar él mismo la cirugía. Me desperté y me dijo que mi abuela no sobrevivió a la cirugía. En mi shock y vulnerabilidad, solo pude aferrarme a él cuando me susurró: "Te amo, Sofía. Déjame cuidarte por el resto de tu vida". Me convertí en su esposa, viviendo siete años en la sombra de la pérdida y la fragilidad, hasta que una noche, la verdad me golpeó. Escuché a Alejandro hablar con su hermano Ricardo: "Fui yo quien le dio el riñón de Sofía a Carla para salvarla, y para que su abuela lo viera con sus propios ojos, murió de rabia y dolor" . Resultó que era sólo un sacrificio que Alejandro ofrecía a su amada Carla. Descubrí que mi abuela no murió por complicaciones, sino de rabia, al verme donar mi riñón a la mujer que la puso en esa cama. Mi riñón artificial solo tiene un mes de vida útil. ¡El riñón que late en el cuerpo de Carla era el mío! Todo este tiempo, él me había mentido. Mi abuela murió en vano, y yo era solo un recipiente desechable. Con una rabia que nunca había sentido, tomé una decisión: no seré el juguete de nadie más.
La Heredera Disfrazada: Seis Años de Sombra

La Heredera Disfrazada: Seis Años de Sombra

Urban romance
5.0
Durante seis años, sacrifiqué mi identidad y mi fortuna por Javier, la heredera Montenegro disfrazada de humilde restauradora. Secretamente, usé los recursos de mi familia para impulsarlo a la cima del mundo del arte. En mi cumpleaños, encontré una caja de terciopelo en su saco, una de anillo, y la ilusión me cegó. Esa noche, con la cena fría y mi corazón lleno de esperanza, Javier me prometió una sorpresa. Pero al abrir mis redes, lo vi: en el bar más exclusivo de Polanco, Javier se arrodillaba ante Valeria, con esa misma caja de terciopelo. Él, el hombre al que di todo, le proponía matrimonio a otra. Sin gritar, sin llorar, llamé a mi padre: "Acepto la alianza con la familia Vega. Empiecen los preparativos de la boda". Javier llegó a casa y me dijo que la proposición a Valeria era solo por caridad, por su "enfermedad terminal". Al día siguiente, en la galería, anunció a Valeria como la nueva jefa de restauración, mi puesto, y su prometida. Luego, me incriminaron por un robo: ¡Valeria misma sacó el camafeo de mi bolso, me quemó la mano con café y Javier me abofeteó! Mi pequeño alebrije de colibrí, regalo de nuestro primer aniversario, se hizo añicos. Mi mejilla ardía, mi mano pulsaba, pero el dolor de la humillación era insoportable. ¿Cómo había sido tan ciega? ¿Cómo pude amar a un hombre capaz de tal traición? El vacío en mi corazón era absoluto. Recogí mi bolso y me fui, arrojando mi teléfono en un barranco. Llegué a mi hacienda familiar, donde Mateo Vega, mi prometido concertado y un hombre que me había buscado por años, vio mis heridas. "Nadie vuelve a tocarte. Yo me encargo", me juró. Y así lo hizo, limpiando mi nombre y revelando mi talento al mundo. Mi historia de justicia apenas comenzaba.