Login to MoboReader
icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon
closeIcon

Obtenga su bonus en la App

Abrir

Simeon Kyle

3 Libros Publicados

Libros y Cuentos de Simeon Kyle

Matrimonio Fingido A Verdadero

Matrimonio Fingido A Verdadero

Urban romance
5.0
El teléfono sonó, con una urgencia que te heló la sangre. "Señorita Sofía, la condición de su madre se ha complicado... el costo de la cirugía es elevado y necesitamos un depósito para asegurar el quirófano..." Te aferraste al teléfono, sintiendo el pánico, tu madre, la mujer que tejía rebozos con magia en sus manos, estaba en peligro y no tenías cómo ayudarla. Solo había una persona, Ricardo, tu novio de diez años, el exitoso empresario, el hombre con el que creías haber construido una vida. Corriste a su oficina, un imponente edificio de cristal, pero su asistente, Elena, te bloqueó: "Ricardo está extremadamente ocupado, no puede ser interrumpido." Horas te consumieron en la humillante sala de espera, mientras tus mensajes a Ricardo se perdían en el vacío. La noche cayó, y el hospital volvió a llamar. "Señorita Sofía… hicimos todo lo que pudimos… su madre… lo siento mucho, falleció hace unos minutos." El teléfono se te resbaló, el mundo se silenció. Y entonces, Ricardo salió de su oficina, riendo, te vio bañada en lágrimas y soltó: "¿Todavía aquí, Sofía? ¿Qué pasa? Haces una escena." "Mi madre murió," le dijiste, y su pésame fue torpe, indiferente. Miraste al hombre al que le diste diez años, y sentiste un vacío helado. "Terminamos, Ricardo. Se acabó." Te fuiste, dejando atrás una década de mentiras. Pero el tormento no terminó ahí, Ricardo, ajeno a tu dolor, continuó con su manipulación, incluso después de que tu madre fuera enterrada, solo para confirmar la farsa de su amor. En su penthouse, encontraste a Elena, luciendo el rebozo que tu madre había tejido para ti, confirmando tus peores sospechas. "¡Quítate eso!" , rugiste, tu ira finalmente explotando. "¡Me has estado robando! ¡Ambos me han estado usando!" La verdad te golpeó con la fuerza de un huracán: Ricardo y Elena te habían saboteado sistemáticamente, bloqueando tu carrera, robando tus ganancias. "¡Estás despedida! Lárgate de mi empresa y de mi vida, ahora mismo." Pero en medio del shock, una calma extraña te invadió. "No puedes despedirme, Ricardo. Porque yo renuncio." Con una nueva fuerza, te alejas de su sombra y de su mundo. En medio del caos, surge Javier, el amigo silencioso que siempre estuvo en los márgenes de tu vida. "Cásate conmigo," te propuso, ofreciéndote un ancla en tu tormenta. Una idea audaz y un poco loca comenzó a formarse en tu mente. "Javier, no solo no te voy a rechazar, sino que quiero que me ayudes a hacer algo." Juntos, planean una declaración pública que Ricardo nunca podría olvidar, una que sellaría tu libertad y tu venganza.
La Verdad después de mi Muerte

La Verdad después de mi Muerte

Moderno
5.0
Flotaba, una sombra invisible, en el segundo aniversario de mi muerte. Abajo, en el brillante escenario, Isabela, mi supuesta mejor amiga, recibía el premio "Corazón de Oro", aclamada por toda una nación. Mateo, mi amor secreto, la miraba con una adoración que, trágicamente, una vez fue mía. De repente, mi viejo smartphone, el diario de mi alma y mi única prueba, se deslizó ante la cámara principal. Mateo, con asco, exigió que lo quitaran, tildándome de "basura que trae mala suerte". Los comentarios en pantalla explotaron, condenándome y elevando a Isabela a santa. La sagaz periodista Ana María, sin inmutarse, encendió mi teléfono y leyó mi blog privado. La primera entrada reveló mi donación anónima, exponiendo la fachada del "primer acto benéfico" de Isabela. Ella, con cartas falsas, intentó desviar la verdad, mientras Mateo, ciego, la defendía, acusándome de "ideas extrañas" y "rata de alcantarilla". Las revelaciones continuaron: desde mi adopción que liberó nuestro amor secreto con Mateo, hasta mi ingenuidad al confiar en Isabela, quien usó cada confesión para arrastrarme al abismo. Mateo, corroído por la culpa y el odio autoimpuesto, se negaba a creer. ¿Cómo podían, después de todo lo que sufrí, seguir juzgándome tan cruelmente? La tensión explotó. Cuando Mateo intentó silenciarme destrozando el teléfono, este, roto, emitió una grabación. Mi voz, desde el más allá, sonó. Eran mis últimos instantes, narrando la brutalidad de Isabela, su red criminal, y el horror de mi asesinato. La verdad enterrada, por fin, veía la luz.