Simeon Kyle
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Libros y Cuentos de Simeon Kyle
La Verdad después de mi Muerte
Moderno Flotaba, una sombra invisible, en el segundo aniversario de mi muerte. Abajo, en el brillante escenario, Isabela, mi supuesta mejor amiga, recibía el premio "Corazón de Oro", aclamada por toda una nación. Mateo, mi amor secreto, la miraba con una adoración que, trágicamente, una vez fue mía.
De repente, mi viejo smartphone, el diario de mi alma y mi única prueba, se deslizó ante la cámara principal. Mateo, con asco, exigió que lo quitaran, tildándome de "basura que trae mala suerte". Los comentarios en pantalla explotaron, condenándome y elevando a Isabela a santa.
La sagaz periodista Ana María, sin inmutarse, encendió mi teléfono y leyó mi blog privado. La primera entrada reveló mi donación anónima, exponiendo la fachada del "primer acto benéfico" de Isabela. Ella, con cartas falsas, intentó desviar la verdad, mientras Mateo, ciego, la defendía, acusándome de "ideas extrañas" y "rata de alcantarilla".
Las revelaciones continuaron: desde mi adopción que liberó nuestro amor secreto con Mateo, hasta mi ingenuidad al confiar en Isabela, quien usó cada confesión para arrastrarme al abismo. Mateo, corroído por la culpa y el odio autoimpuesto, se negaba a creer. ¿Cómo podían, después de todo lo que sufrí, seguir juzgándome tan cruelmente?
La tensión explotó. Cuando Mateo intentó silenciarme destrozando el teléfono, este, roto, emitió una grabación. Mi voz, desde el más allá, sonó. Eran mis últimos instantes, narrando la brutalidad de Isabela, su red criminal, y el horror de mi asesinato. La verdad enterrada, por fin, veía la luz. Matrimonio Fingido A Verdadero
Urban romance El teléfono sonó, con una urgencia que te heló la sangre.
"Señorita Sofía, la condición de su madre se ha complicado... el costo de la cirugía es elevado y necesitamos un depósito para asegurar el quirófano..."
Te aferraste al teléfono, sintiendo el pánico, tu madre, la mujer que tejía rebozos con magia en sus manos, estaba en peligro y no tenías cómo ayudarla.
Solo había una persona, Ricardo, tu novio de diez años, el exitoso empresario, el hombre con el que creías haber construido una vida.
Corriste a su oficina, un imponente edificio de cristal, pero su asistente, Elena, te bloqueó: "Ricardo está extremadamente ocupado, no puede ser interrumpido."
Horas te consumieron en la humillante sala de espera, mientras tus mensajes a Ricardo se perdían en el vacío.
La noche cayó, y el hospital volvió a llamar.
"Señorita Sofía… hicimos todo lo que pudimos… su madre… lo siento mucho, falleció hace unos minutos."
El teléfono se te resbaló, el mundo se silenció.
Y entonces, Ricardo salió de su oficina, riendo, te vio bañada en lágrimas y soltó: "¿Todavía aquí, Sofía? ¿Qué pasa? Haces una escena."
"Mi madre murió," le dijiste, y su pésame fue torpe, indiferente.
Miraste al hombre al que le diste diez años, y sentiste un vacío helado.
"Terminamos, Ricardo. Se acabó."
Te fuiste, dejando atrás una década de mentiras.
Pero el tormento no terminó ahí, Ricardo, ajeno a tu dolor, continuó con su manipulación, incluso después de que tu madre fuera enterrada, solo para confirmar la farsa de su amor.
En su penthouse, encontraste a Elena, luciendo el rebozo que tu madre había tejido para ti, confirmando tus peores sospechas.
"¡Quítate eso!" , rugiste, tu ira finalmente explotando. "¡Me has estado robando! ¡Ambos me han estado usando!"
La verdad te golpeó con la fuerza de un huracán: Ricardo y Elena te habían saboteado sistemáticamente, bloqueando tu carrera, robando tus ganancias.
"¡Estás despedida! Lárgate de mi empresa y de mi vida, ahora mismo."
Pero en medio del shock, una calma extraña te invadió.
"No puedes despedirme, Ricardo. Porque yo renuncio."
Con una nueva fuerza, te alejas de su sombra y de su mundo.
En medio del caos, surge Javier, el amigo silencioso que siempre estuvo en los márgenes de tu vida.
"Cásate conmigo," te propuso, ofreciéndote un ancla en tu tormenta.
Una idea audaz y un poco loca comenzó a formarse en tu mente. "Javier, no solo no te voy a rechazar, sino que quiero que me ayudes a hacer algo."
Juntos, planean una declaración pública que Ricardo nunca podría olvidar, una que sellaría tu libertad y tu venganza. Mi Divorcio, Mi Libertad
Romance Mi cuaderno de bocetos era el silencioso testigo de un matrimonio que se desmoronaba, cada mancha de tinta negra un registro amargo de las traiciones de Mateo.
Mi esposo, el torero a quien un día amé, vivía obsesionado con Isabella de la Fuente, su capricho adolescente.
Lo presencié una y otra vez: en nuestra propia casa, llena de sus fotos, en su desinterés por mí, y en el desplome de un balcón, donde me dejó caer herida para protegerla a ella.
Pero la traición definitiva llegó en un hospital, el día de mi accidente.
Allí, en mi lecho, me enteré de dos verdades devastadoras: estaba embarazada y necesitaba una transfusión urgente.
La vida de nuestro bebé dependía de una donación crucial, pero había un problema: Mateo ya había ordenado que toda la sangre compatible fuera exclusiva para Isabella.
¿La razón? Su cirugía estética.
Mi propio marido, el padre de mi hijo, condenó a nuestro pequeño por la vanidad de otra mujer.
Sentí cómo se me desgarraba el alma mientras la vida de nuestro no nato se escapaba, víctima de su cruel indiferencia.
Esa fue la última gota, el punto sin retorno.
Con el corazón hecho pedazos, manché por última vez mi cuaderno, cubriéndolo completamente de negro.
Firmé los papeles de divorcio, enterrando mi amor y mi dolor al mismo tiempo.
Y así, sin más, desaparecí de Sevilla, lista para forjar mi propio destino y renacer de las cenizas de un amor que casi me consume por completo. Le puede gustar
Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta
Autumn Breeze Fui al Registro Civil para pedir una copia de mi acta de matrimonio. Llevaba tres años casada con el heredero de los Cooley, o al menos, eso creía.
El funcionario me miró con pena a través del cristal y soltó la bomba:
"No hay registro. El acta nunca se devolvió. Legalmente, usted es soltera".
El mundo se me vino encima. Gray me había prometido encargarse del papeleo el día de nuestra boda.
Justo en ese momento, mi teléfono vibró. Una notificación de un álbum compartido titulado *Nuestro pequeño secreto*.
Al abrirla, vi una prueba de embarazo positiva y mensajes de texto fechados esa misma mañana:
"Aguanta un poco más, nena. Hoy se libera el dinero del fideicomiso. Mañana echo a esa mula estéril a la calle y seremos libres".
Era mi esposo hablando con Brylee, mi mejor amiga y dama de honor.
Entendí todo de golpe con una náusea violenta. No era una esposa, era un accesorio necesario para cobrar una herencia.
Me usaron para cumplir el requisito de tres años del fideicomiso. Se burlaban de mi infertilidad —la cual sufrí por salvarle la vida a Gray en un accidente— mientras ellos esperaban a su "verdadero heredero" a mis espaldas.
Planeaban dejarme sin un centavo, sin reputación y humillada al día siguiente.
Me limpié las lágrimas y saqué mi labial rojo sangre del bolso.
En lugar de confrontarlos llorando, llamé al enemigo mortal de la familia, el despiadado magnate Hjalmer Barrett.
"Sé que odia a los Cooley", le dije con voz firme al teléfono. "Yo tengo las llaves para destruirlos y quitarles todo. A cambio, quiero casarme con su hijo, la Bestia de Wall Street".
Esa noche volví a casa con una sonrisa, lista para convertir sus vidas en un infierno. Nunca más seré tuya
IReader Desde que Ryan la acogió, Camila había intentado ser razonable y agradable, adaptándose a sus cambios de humor.
Él la había criado, pero ella nunca lo vio como pariente; estaba segura de que terminarían juntos.
El día que cumplió veinte años, lista para confesar sus sentimientos de nuevo, la mujer que él amaba regresó al país.
La joven escuchó a su tío hablando con sus amigos sobre ella: "Camila es solo una niña para mí; nunca podría verla de esa manera. La única persona a la que amo es Olivia".
Ella se alejó, y Ryan se derrumbó.
Más tarde, en su boda, Camila sonrió radiante en su vestido blanco de novia. Ryan suplicó: "Me arrepiento, Camila. Por favor, no te cases con él".
Con calma, ella dijo: "¿Puedes dejarme ir? Mi esposo me está esperando". Su venganza fue su brillantez
Lazy Sunday "Elliana, la ""patita fea"" rechazada por su familia, fue humillada por su hermanastra Paige, la admirada por todos, comprometida con el CEO Cole, era la mujer más arrogante... hasta que él se casó con Elliana el día de la boda. Todos, atónitos, se preguntaron por qué había elegido a la mujer ""fea"".
Mientras esperaban que la despreciaran, Elliana dejó a todos boquiabiertos al revelar su verdadera identidad: una sanadora milagrosa, magnate financiera, una experta en valuación y una mente maestra en la IA.
Cuando quienes la maltrataron se arrepintieron amargamente y suplicaron perdón, Cole desveló una foto impactante de Elliana sin maquillaje, causando conmoción en los medios:
""Mi esposa no necesita la aprobación de nadie""." Maridos intercambiados, destinos cambiados
Mia Caldwell En su vida anterior, Gracie se casó con Theo. Aparentemente, eran la pareja académica ideal, pero en privado, ella se convirtió en un simple escalón para su ambición y terminó en un final trágico.
Su hermana menor Ellie se casó con Brayden, solo para ser abandonada por el regreso de su verdadero amor, quedando sola y deshonrada.
Esta vez, ambas hermanas renacieron. Ellie se apresuró a casarse con Theo, persiguiendo el éxito que Gracie una vez tuvo, sin darse cuenta de que estaba repitiendo el mismo desamor.
Gracie, en cambio, entró en un matrimonio basado en un acuerdo sin amor con Brayden. Pero cuando surgió el peligro, él la defendió ferozmente.
¿Podría el destino finalmente reescribir sus desenlaces? ¿Me engañaste? Me casé con un magnate
Lou Yu Durante tres años, Ayla fue la esposa perfecta y el genio oculto de relaciones públicas detrás de Axel Farrell, el CEO tecnológico más admirado de Silicon Valley.
Hasta que una noche, un intenso aroma a perfume de mujer en su chaqueta y tres profundos arañazos en su espalda destrozaron la mentira.
La ilusión terminó de romperse cuando lo descubrió besándose agresivamente con la directora de operaciones de su propia empresa.
Lejos de disculparse, Axel la humilló en público para proteger a su amante.
"No eres más que una falsa heredera a la que su familia desechó como basura", se burló la amante frente a la élite de la ciudad.
Axel la empujó brutalmente, llamándola loca frente a todos. Y cuando Ayla exigió el divorcio, él cruzó el límite: falsificó un expediente psiquiátrico para declararla legalmente demente y encerrarla en un manicomio de por vida, solo para proteger sus acciones antes de salir a bolsa.
"En California, mi dinero es la ley. Hombres con batas blancas te sacarán a rastras de tu escondite", la amenazó por teléfono.
Ayla comprendió que él nunca la había rescatado por amor. Solo había manipulado a una chica brillante y huérfana para usarla como escudo y construir su imperio. El terror de ser secuestrada legalmente se transformó en una rabia pura y cegadora.
Axel olvidó que el arma más letal de su empresa era la mente de su esposa.
Sin derramar una sola lágrima, Ayla filtró el video de la infidelidad, desplomó las acciones de la compañía en minutos y caminó directamente hacia el magnate rival más peligroso de Wall Street.
Era hora de reducir a cenizas al hombre que intentó destruirla. De exesposa humilde a magnate brillante
Dream Weaver Durante tres años, Christina se dedicó totalmente a cuidar su amado, solo para que el hombre en quien confiaba la desechara sin piedad. Para colmo, él trajo a su nueva amante, convirtiéndola en el hazmerreír de la ciudad. Liberada, perfeccionó sus talentos olvidados y dejó a todos boquiabiertos con un éxito tras otro. Cuando su exmarido descubrió que en realidad ella siempre era un tesoro, el remordimiento lo llevó a buscarla de nuevo. "Cariño, volvamos". Con una sonrisa fría, Christina le escupió: "Déjame en paz". En ese momento, un magnate impecablemente vestido la rodeó con su brazo: "Ahora está casada conmigo. ¡Guardias, sáquenlo ahora!".