Smoke
5 Libros Publicados
Libros y Cuentos de Smoke
Guerra de Suegras: El Duelo
Romance Sofía Rodríguez, experta en librarse de suegras tóxicas, preparaba a su hija Valeria para un compromiso con Ricardo De la Vega.
Pero al cruzar el umbral de la opulenta casa, Sofía supo que no sería una visita común.
Doña Elena, la madre de Ricardo, era una leyenda por derecho propio, una mujer que había destruido tres matrimonios de su propio hijo, y Valeria, para su sorpresa, se encontró en su punto de mira.
Durante la cena, Elena, con una sonrisa insincera, le sirvió a Valeria un flan de cajeta con una salsa de chile de árbol, sabiendo que mi hija era gravemente alérgica al picante.
Valeria, buscando agradar, dio una cucharada. El ardor la asfixió, su piel enrojeció, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Doña Elena, con falsa inocencia, preguntó: "¿No te gustó, mija?".
Sentí una punzada de alarma, de furia, y una fría determinación.
Esta no era una bienvenida, era una declaración de guerra.
Respiré hondo, sonreí radiantemente y declaré: "¡Ay, Doña Elena! ¡Qué maravilla de chile! ¡Ricardo, sírvele a tu padre, que se ve que lleva años esperando un manjar así!".
Luego, tomé el recipiente de la salsa y, con una teatralidad impecable, rocié el postre de Don Fernando con una cantidad obscena de chile.
"¡Tía Remedios! ¡Tía Consuelo! ¡Primas! ¡Una receta familiar tan importante debe ser compartida!".
Con cada palabra, forcé a las mujeres a tragar su propia malicia, hasta que solo quedó Doña Elena.
Vacié el resto del recipiente sobre su porción, asegurándome de que su humillación fuera completa y pública.
La primera batalla había terminado.
"Pobre mujer," pensé, "cree que está cazando un conejo, pero acaba de meterse en la jaula de un tigre".
No sabía que había activado un micrófono, ni que cada una de sus palabras se transmitía en vivo. De Tío a Extraño Amante
Romance Tenía doce años cuando mis padres murieron en un accidente y Ricardo Vargas, el mejor amigo de mi padre, se convirtió en mi "Tío Ricardo", mi protector.
Lo amaba, un amor prohibido que creció en secreto hasta mi cumpleaños dieciocho, cuando reuní todo mi valor para confesarle: "Tío Ricardo... creo que estoy enamorada de ti".
Su respuesta fue un golpe helado: "Sofía, solo soy tu tío, nada más". Me humilló, me llamó "fantasía infantil y perturbadora", una "carga". Me escapé a otra ciudad para bailar, buscando sanar mi herida.
Pero cada intento de independencia era aplastado por su control y desprecio. Cuando necesité ayuda para mi sueño de estudiar en Rusia, me acusó de ser una "obsesiva enfermiza" celosa de su nueva novia, Camila, tratándome como una "mascota" a la que podía comprar.
En un restaurante, me abandonó a mi suerte con una pierna rota, diciéndome: "Te lo advertí, Sofía. Ahora atente a las consecuencias de tus actos". El dolor en mi pierna no era nada comparado con el de su abandono.
Fue entonces cuando todo cambió. La chispa en mi interior se encendió, y de las cenizas de su desprecio, decidí que construiría mi vida por mí misma, lejos de él.
Cuando me lo encontré en San Petersburgo, intentando recuperar lo que creía suyo, le dije: "Ya no eres nada para mí". Su obsesión enfermiza por mi madre había sido el verdadero motor de su "cuidado". La verdad era horrible, pero me dio la fuerza para finalmente ser libre.
Mi camino hacia la independencia estaba marcado por cicatrices, pero por primera vez, bailaría por mí, no por la sombra de nadie más. La Verdad Quebró un Hogar
Moderno En el sofocante aire de la casa, preparaba mis humildes frijoles, ignorando a Doña Elena, mi suegra, quien me hostigaba desde su mecedora.
"¿No piensas servirme, Sofía?" su voz era un lamento calculado que yo ya no soportaba.
Mi respuesta, fría y cortante, la detuvo: "No soy tu sirvienta, Doña Elena."
Ella y mi esposo, Marco, me acusaban de ingratitud, de ser una "conflictiva" , después de todo lo que "me habían dado" .
Pero lo que me quitaron, jamás podrán pagarlo.
Entre lágrimas teatrales y gritos de "¡Auxilio! ¡Esta mujer intenta matarme!" , Marco me confrontó.
"¡Supera lo que pasó!" dijo él, sellando mi quiebre.
Mi voz estalló en un susurro peligroso: "¿Que supere que tu madre me obligó a beber sus porquerías de hierbas, hasta que perdí a mi bebé?"
La verdad los petrificó, pero mi dolor era desestimado.
Esa noche, Marco lanzó billetes sobre mi cama, su voz vacía: "Es dinero. Suficiente para que te vayas lejos. Ya causaste suficiente dolor con… tu pérdida."
Pisoteó los zapatitos de estambre que tejí para nuestro hijo, sentenciando: "Ya supéralo. Podemos tener otros hijos."
En ese instante, algo dentro de mí se rompió y se endureció. La calma helada me invadió.
"Lárgate," le ordené, señalando la puerta. "¡Y llévate a tu madre contigo! ¡No los quiero volver a ver en mi vida!"
La guerra acababa de empezar, y esta vez, yo no sería la víctima. Lucharé por la justicia de mi hijo y por la verdad, cueste lo que cueste. El Precio de la Venganza
Mafia El olor a antiséptico y el cuero caro del coche me revolvía el estómago.
Mi prometido, Ricardo, sostenía mi mano, susurrando que estaba a salvo.
Mi corazón se detuvo cuando lo oí hablar con su guardaespaldas, Jorge.
"¿Salió todo como lo planeamos?" preguntó Ricardo.
Jorge confirmó que la prensa ya tenía la historia: "Heredera de los Velasco encontrada en una casa de seguridad, posiblemente involucrada con sus captores".
Escuché cómo Ricardo se regocijaba, asegurando que ahora no tendría más remedio que casarme con él, con mi reputación por los suelos.
"Señor," la voz de Jorge tembló, "ella estaba embarazada... casi dos meses."
El aire abandonó mis pulmones, un zumbido agudo llenó mis oídos.
Pero lo que Ricardo dijo a continuación me destrozó por completo.
"Mierda," dijo, pero no había dolor en su voz, solo fastidio. "Bueno, un problema menos. Eso habría complicado las cosas con Elena."
En ese instante, la verdad me golpeó con la fuerza de un tren: el secuestro, la tortura, los golpes en mi vientre... todo fue orquestado por él.
Mi prometido, el padre del hijo que acababa de perder.
La náusea me venció y vomité en el impecable suelo de su Rolls-Royce, mientras él se quejaba por la tapicería.
La máscara de prometido perfecto se caía a pedazos, revelando al monstruo.
Al día siguiente, Ricardo me llevó al hospital para un "chequeo", pero era otro espectáculo.
Una horda de reporteros nos rodeó, lanzándome preguntas hirientes: "¿Es verdad que se entregó voluntariamente a sus secuestradores?"
Ricardo fingió protegerme, pero su agarre era flojo y sus guardaespaldas ineficaces.
Sentí el pánico, las lágrimas de humillación y un dolor tan profundo que me ahogaba.
Mi confianza y cualquier amor que quedara por él se hicieron añicos.
Dentro del hospital, Ricardo pateó a Jorge por su "inutilidad" para mantener su imagen.
El médico confirmó las múltiples contusiones y, con cruel profesionalidad, las palabras que ya conocía: mi útero había sufrido un traumatismo severo, y era probable que tuviera dificultades para concebir.
Y la estocada final: que estaba embarazada de ocho semanas y mi bebé no había sobrevivido al ataque.
Ricardo entró, su máscara de compasión perfectamente ensayada.
Más tarde, en el pasillo, lo escuché hablando por teléfono con Elena.
"Lo del bebé es cierto, pero no importa. Necesito que le digas a tu contacto en esa revista que siga publicando las historias. Hay que mantener la presión. Que todo el mundo crea que ella es una cualquiera."
El frío que sentí fue más intenso que cualquier invierno.
No solo no le importaba mi hijo muerto, sino que seguía activamente destruyéndome.
En ese pasillo, algo dentro de mí murió para siempre: el amor, la esperanza, la chica ingenua que creía en los cuentos de hadas.
Pero de esas cenizas nació una determinación de hielo.
Compré un boleto de avión, solo de ida, a un lugar muy, muy lejano.
Este no es un final, Ricardo, pensé. Es el principio. Me quitaste todo, mi reputación, mi cuerpo, mi hijo. Ahora, yo voy a quitarte lo tuyo. El Peso De La Traición
Mafia El cuerno de alarma perforó la noche de forma urgente y penetrante.
Es la señal que nadie en la ciudad quería escuchar.
La invasión del cartel rival había comenzado.
Ricardo, mi esposo y jefe de policía de la ciudad, debió estar al mando, dirigiendo la defensa.
Pero no estaba.
En cambio, huyó con su equipo de élite.
No para una misión secreta, sino para escoltar a su "prima" , Isabel.
La misma mujer con la que me engañaba.
Mi mente vagó a un recuerdo oscuro, una vida pasada donde yo, embarazada como ahora, viví una situación idéntica.
Ricardo, ciego por su amor a Isabel, también quiso huir entonces.
Pero yo intervine, protegí la ciudad con mi ingenio de ex detective.
Mi éxito tuvo un precio terrible.
Isabel fue secuestrada.
Ricardo me culpó.
Su dolor se transformó en crueldad inimaginable.
Me golpeó hasta que perdí a nuestro bebé, y luego, con los ojos llenos de odio puro, me quitó la vida.
Susurrando que yo era la responsable de la muerte de su amada Isabel.
Desperté de ese recuerdo con un escalofrío.
Esta vez, no cometería el mismo error.
Esta vez, no intervendría.
Me mantuve en silencio mientras la abuela me reprendía: "¿Cómo pudiste dejarlo ir? ¡Eres una inútil!" .
Cuando el combate se acercó a nuestra residencia, Camila, la hermana de Ricardo, me preguntó: "Sofía, ¿dónde está mi hermano? ¡Lo necesitamos!" .
Observé los rostros asustados de la familia de Ricardo, la misma familia que me había despreciado en mi vida anterior.
"Ricardo no vendrá" , les dije.
"Tomó a sus diez mejores hombres y se fue hace dos horas" .
La cruda verdad golpeó a la familia, revelando que su héroe los había abandonado por su amante.
Y yo, la esposa traicionada, era la única que lo sabía desde el principio.
Esta vez, no sería la víctima.
Esta vez, ellos sentirían el peso de su traición.
Estaba atrapada.
Nadie me creía.
Y mi familia estaba a punto de ser masacrada por culpa de la traición de Ricardo y la ceguera de un hombre manipulado por él.
Un calambre agudo y terrible me desgarró el vientre.
Miré hacia abajo.
Un charco oscuro de sangre se extendía bajo mi vestido.
Mi bebé. Mi hijo nonato.
Se estaba yendo.
Lo perdí en mi vida pasada por la violencia de Ricardo.
Y lo estaba perdiendo en esta vida por la brutalidad de un hombre engañado por él.
La ironía era tan cruel que un sollozo seco escapó de mis labios.
Mi cuerpo y mi espíritu finalmente se rompieron.
¿Era este mi destino?
No habría una tercera vez. Le puede gustar
Mi romance oscuro con el multimillonario
Viviene Advertencia de contenido/desencadenantes:
Esta historia contiene temas maduros y contenido explícito destinado a público adulto (mayores de 18 años). Se recomienda discreción al lector.
Incluye elementos como dinámicas BDSM, contenido sexual explícito, relaciones familiares tóxicas, violencia ocasional y lenguaje soez.
No se trata de una novela romántica cursi. Es intensa, cruda y desordenada; explora el lado más oscuro del deseo.
*****
"Quítate el vestido, Meadow".
"¿Por qué?"
"Porque tu ex está mirando", dijo él, recostándose en su asiento. "Y quiero que vea lo que perdió".
••••*••••*••••*
Se suponía que Meadow Russell se iba a casar con el amor de su vida en Las Vegas. Sin embargo, se topó con su hermana gemela teniendo relaciones con su prometido.
Una copa en el bar se convirtió en diez. Un error de borracha se convirtió en realidad. Y la propuesta de un desconocido se convirtió en un contrato que ella firmó con las manos temblorosas y un anillo de diamantes.
Alaric Ashford, el diablo con un traje Tom Ford hecho a medida, era un CEO multimillonario, brutal, y posesivo. Un hombre nacido en un imperio de sangre y acero.
Además, padecía una enfermedad neurológica: no tenía sensibilidad. Ni objetos, ni dolor, ni siquiera el contacto humano.
Hasta que Meadow lo tocó y él lo sintió todo. Y ahora ella le pertenecía. En el papel y en su cama.
Ella quería que él la arruinara. Que tomara lo que nadie más pudo tener. Él quería control, obediencia... venganza.
Pero lo que empezó como una transacción se convirtió poco a poco en algo que Meadow nunca se habría imaginado.
Obsesión, secretos que nunca debieron salir a la luz y un dolor del pasado que amenazaba con romperlo todo.
Alaric no compartía lo que era suyo.
Ni su empresa.
Ni su esposa.
Y desde luego, tampoco su venganza. EL MILLONARIO Y LA NOVIA EQUIVOCADA
Emma Brown La traición tiene muchas formas. Algunas son silenciosas, como una daga en la oscuridad. Otras, despiadadas, como el filo de una verdad que desgarra todo a su paso. Para Esmeralda, la traición vino de la sangre que corría por sus venas, de la madre que debía protegerla, de la hermana que debía amarla.
En una noche que debió ser especial, fue arrastrada a los brazos de un desconocido, condenada a un destino que jamás pidió. Lo que siguió fue aún peor: el robo de su propia vida, el secuestro de sus hijos, el desprecio de quienes debieron ser su refugio.
Dada por muerta, Esmeralda renació de las cenizas. Su corazón, antes inocente, ahora latía con un único propósito: venganza.
Pero en el camino hacia la justicia, descubriría que no solo la traición acechaba su destino... sino también un amor tan inesperado como peligroso.
Una madre que lo ha perdido todo. Un millonario engañado. Una impostora con los días contados.
Cuando la verdad salga a la luz... nadie saldrá ileso.
Embarazada y divorciada: Oculté a su heredero
Gong Mo Xi o El médico me miró con lástima y me dio la noticia que había soñado durante tres años: estaba embarazada. Pero advirtió que era de alto riesgo y que cualquier estrés podría matarlo.
Corrí a casa para decírselo a mi esposo, Sol Espejo, esperando que esto salvara nuestro frío matrimonio. Pero él ni siquiera me dejó hablar.
Me deslizó un sobre manila sobre la isla de mármol y dijo con frialdad: "El contrato de tres años terminó. Calma ha regresado".
No solo me estaba divorciando para volver con su exnovia, sino que al leer la letra pequeña, encontré la Cláusula 14B: si había un embarazo resultante de la unión, él tenía derecho a exigir la terminación inmediata o quitarme la custodia exclusiva para enviar al niño a un internado en el extranjero.
Me tragué las náuseas y el secreto. Sol no solo me echó, sino que me obligó a organizar la fiesta de bienvenida de su amante y a ver cómo usaba los regalos que yo le había comprado para cortejarla.
Frente a todos, me llamó "una responsabilidad" y un "caso de caridad" que su abuelo le impuso.
Cuando le pregunté hipotéticamente qué pasaría si estuviera embarazada, su respuesta me heló la sangre: "Lo manejaría. Ningún hijo mío nacerá en este desastre".
"Manejarlo" significaba borrarlo.
Esa noche, vertí mis vitaminas prenatales en un frasco de medicina para la úlcera y firmé los papeles del divorcio renunciando a la pensión para acelerar el trámite.
Deslicé mi carta de renuncia bajo su puerta y me toqué el vientre plano. Él cree que ganó su libertad, pero nunca sabrá que acaba de perder a su heredero. La Esposa Desechada. Esposo Súplica Perdón
Nieves Gómez Ania Jones había conseguido todo lo que siempre soñó, una vida perfecta, por lo que, ella era completa y absolutamente feliz.
Primero y principal, estaba casada con Liam Carter, un hombre atractivo y rico a quien amaba, y que la amaba a ella.
Segundo, finalmente los problemas con su familia y con su hermana, Alicia, habían quedado en el pasado, logrando una relación fraternal normal.
Y tercero, Ania y su esposo, se habían enterado de que, pronto, recibirían la visita de la cigüeña, pues venía un amado y muy deseado bebé en camino.
Pero cuando las buenas noticias llegan juntas, abundan.
Pues recientemente, la madre de Liam, había avisado que los visitaría para felicitarlos por la noticia del bebé, próximo heredero de su dinastía, y les daría su bendición
Porque hasta ese momento, la millonaria familia Carter no había aceptado el matrimonio de Liam con Ania, una mujer de procedencia inferior.
Así pues, todo, finalmente, todo era absolutamente perfecto, hasta que, todo el mundo de Ania se desmoronó...
Cuando, sin saber cómo sucedió, la madre de Liam, muere frente a los ojos de Ania y ella es acusada como la única culpable.