Xiao Zi Yi
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Libros y Cuentos de Xiao Zi Yi
Mi Venganza, Mi Destino
Urbano El aire del aeropuerto de la Ciudad de México vibraba con una electricidad que solo yo sentía.
Después de tres años esperando a Leonardo, mi prometido y renombrado chef, el hombre que me robó el corazón, la pantalla parpadeó: "Aterrizado".
Pero mi alivio se hizo pedazos cuando lo escuché susurrar al teléfono: "Todo va según el plan. Le pediré que nos casemos. Una vez que sea mi esposa, el dinero de los Romero será nuestro. Esto es por nuestro futuro, por el de Leíto. Necesito asegurar este matrimonio, ¿entiendes? Esta vieja fortuna es la clave."
Leíto. Un hijo. ¿Su hijo?
Mi cuerpo se paralizó al ver a una mujer llamarlo: "¡Leo!", con un niño de unos dos años, una copia de él.
Él tartamudeó una excusa patética: "Ella es... Fernanda Díaz. Una colega. Su situación es complicada."
Ella sonrió con burla: "¿Colega? Leo, cariño, no creo que esa sea la palabra adecuada."
Entonces lo entendí, él había construido una familia a mis espaldas, usándome mientras tanto para asegurar un futuro lleno de lujos.
Mi ira me dio la fuerza para susurrar: "Sube al coche, Leo. Hablaremos en casa."
Pero la humillación no terminó ahí.
Esa noche, Fernanda se presentó en mi habitación con el niño, quien usaba mi relicario, mi símbolo de amor, que Leo juró llevar por siempre.
Ella sonrió: "Leo me lo dio hace más de dos años, cuando le dije que estaba embarazada de Leíto. Dijo que era un símbolo de su compromiso con nosotros, con su nueva familia."
Leo, mi prometido, el hombre que me engañó, estaba criando un hijo con su amante, ¡y yo había sido la ciega que pagaba por su doble vida!
Con una furia fría, decidí que esto no quedaría así.
No huiría, contraatacaría.
Marqué un número, el de Ricardo Alcántara, el magnate misterioso que una vez me propuso matrimonio.
"Acepto", dije. "Diles que Sofía Romero está lista para su propuesta." De Familia A Enemigo
Xuanhuan El frío del mármol me despertó de golpe, pero no era la oscuridad del ataúd que recordaba.
Toqué mi vientre, plano aún, sin el dolor desgarrador que me había matado.
Luego, los recuerdos me golpearon: la sonrisa falsa de mi hermana Valentina, la indiferencia helada del príncipe Alejandro, mi esposo.
Recordé el veneno en mi té, llevándose no solo mi vida, sino la de mi hijo no nacido.
La traición, la crueldad, todo se quemó en mi memoria como una herida abierta.
Soy Sofía, y la mujer en el espejo es más joven, sin las ojeras de la desesperación, la misma que fui el día en que mi tragedia comenzó.
Pero esta vez, cuando la doncella anunció mi embarazo, no sentí alegría ingenua, sino el primer clavo de mi ataúd personal.
Mi hijo sería mi razón, mi arma, mi venganza.
Recordé el falso encanto de Alejandro, su alegría por un heredero que le aseguraría poder, no por mí.
Y recordé a Valentina, mi dulce hermana, quien no tardaría en aparecer para robarme lo poco que tenía.
Pero esta vez, el juego había comenzado, y yo no sería la víctima.
Yo sería la jugadora, moviendo cada pieza, tejiendo la red de la que ninguno de ellos podría escapar.
Por mi hijo y por la mujer que fui, desataría el infierno en este palacio. Mi Venganza, Mi Amor
Urbano La música vibraba en aquel evento de moda benéfico, pero mi mundo se detuvo al verlos.
Mi ex prometido, Ricardo, el hombre que me abandonó brutalmente en el altar hace cinco años, entró del brazo de Sofía, mi supuesta amiga.
Me humilló frente a todos, burlándose de mi trabajo, y Sofía, con una sonrisa maliciosa, derramó vino sobre mi vestido, justo como el día de mi boda.
¡No entendía por qué, después de tanto tiempo, se empeñaban en destrozarme de nuevo!
Pero esta vez, soy Elena Vega, la esposa de un hombre poderoso y no les permitiría ganar. Arrepentirías a Ofenderme: El Regreso De La Ceo
Moderno Mi nombre es Ximena y construí un imperio de tequila con mis propias manos.
Estaba a punto de cerrar el trato más grande de la historia de mi compañía, uno que abriría las puertas de Europa para Tequila Imperio.
Pero justo en ese momento, mi esposo Ricardo, el hombre con el que lo construí todo, irrumpió en la sala de juntas con su joven asistente, Sofía, pegada a su brazo.
Me humilló frente a mi cliente más importante, me acusó de coquetear y me despidió de la empresa que yo cofundé.
La insolencia de su, ahora, amante fue la gota que derramó el vaso: me dijo que ella sería "más complaciente" con mis clientes.
La rabia me cegó, le vacié una botella de Tequila Imperio encima y le di una bofetada que resonó en toda la sala.
Ricardo me llamó loca, idiota, y me di cuenta de que no veía al hombre que amaba, sino a un completo extraño.
Con voz helada, le anuncié que quería el divorcio.
Él se paralizó, pero yo no miré atrás.
Al día siguiente, un papel sobre mi escritorio anunciaba mi despido, pero Ricardo no sabía que yo tenía el 49% de las acciones.
Mi leal director de marketing, Mateo, me informó que Sofía se paseaba por la oficina como la nueva reina, pero yo ya tenía un plan.
No iba a permitir que mi exesposo y su amante se quedaran con lo que yo construí.
Esto era una guerra, y yo no pensaba perder. Un Comienzo De Nuevo Después de La Amnesia
Romance Un golpe brutal me dejó inconsciente tras salvar a mi prometida Lina de un accidente.
Cuando desperté, fingí amnesia para no preocuparla, pero la verdad que descubrí me heló la sangre.
Lina, mi amor de dos años, convenció a su mejor amiga Sylvia para que se hiciera pasar por mi prometida durante mi "recuperación".
Pero lo más devastador fue oír a Lina mofarse por teléfono, diciendo que yo era "demasiado intenso" y que necesitaba "un respiro" con su ex.
Prometió que, cuando se cansara de "jugar" con él, regresaría, y yo, ciegamente enamorado, la perdonaría.
Comprendí que todo mi amor por ella era una farsa unilateral, un trampolín para sus caprichos.
El hombre que la amaba ciegamente murió con esa verdad.
Así que sonreí, miré a Sylvia, y decidí que Lina aprendería una lección inolvidable: su cruel juego acababa de empezar, pero lo que ella no sabía es que yo también estaba dispuesto a jugar.
Y que en el proceso, descubriría que mi verdadera musa, la inspiración que siempre busqué, nunca fue ella. El Tango de la Venganza
Romance Mateo Vargas, un apasionado bandoneonista, sacrificialmente vendió todo su patrimonio musical para financiar el carísimo tratamiento de su supuestamente moribunda novia, Isabella.
Pero al llegar al hospital, su mundo se desplomó: Isabella, riendo con sus amigas, revelaba que su "enfermedad" era una farsa, parte de un cruel "desafío" para torturarlo por haber ganado un premio de tango sobre su ex-amante.
La humillación era insoportable. Él, su corazón destrozado, fue públicamente incriminado en una redada falsa. Días después, fue engañado cruelmente para ir a una mansión abandonada donde Isabella y su cómplice planeaban quemarlo vivo.
¿Cómo podía el amor de su vida ser tan perverso? El dolor físico era ínfimo comparado con la traición que le desgarraba el alma. La ira, el asco y la incredulidad se mezclaban con la devastación de su inocente amor.
Pero Mateo no pereció. Fingió su muerte y huyó a España, renaciendo como "El Fantasma del Arrabal", un misterioso músico. Años después, de vuelta en Buenos Aires, un accidente fortuito lo reunió con Isabella. Con una obsesión enfermiza, ella lo "rescató" y lo encerró en su opulenta prisión, forzándolo a una boda pública. Allí, en la cima de su venganza, Mateo, el maestro del tango, se preparó para orquestar la caída final de Isabella. Le puede gustar
Habitación equivocada: Durmiendo con el tío de mi prometido
Fishin' Floozy Faltaban solo unos meses para su boda cuando Isidora abrió la puerta de la suite presidencial del Hotel Plaza.
El aire la golpeó como un puñetazo. En la cama king-size, su prometido Kevin estaba jadeando sobre Chantelle, su antigua buena amiga.
Al ser descubierto, Kevin no mostró ni una pizca de culpa. Agarró una almohada y se la lanzó con rabia.
"¡Bicho raro y horrible! ¡Lárgate!", rugió él, asqueado por las feas gafas y las pecas falsas que ella usaba para ocultar su verdadero rostro.
Isidora no derramó una lágrima. Grabó un video en silencio y se marchó. Pero la verdadera pesadilla llegó horas después, en la cena oficial de compromiso.
Chantelle fingió ser la víctima frente a todos, y Kevin humilló a Isidora dejándola como una loca celosa. Su propio padre, preocupado solo por los millones de la fusión empresarial, la agarró del brazo.
"Si arruinas este acuerdo, haré que exhumen la tumba de tu madre", la amenazó sin piedad.
Isidora se quedó sola bajo el candelabro, tragándose las risas y burlas de la alta sociedad. ¿Por qué tenía que ser ella el cordero de sacrificio? ¿Por qué debía permitir que pisotearan su dignidad y la memoria de su madre?
Una calma gélida recorrió sus venas. Sacó su celular, hackeó el sistema audiovisual del salón y presionó un botón.
El video de la infidelidad estalló a todo volumen en la pantalla gigante de tres metros.
Mientras el pánico destruía a los Garrison, Isidora levantó la vista y se encontró con los ojos de Cedrick, el despiadado y temido tío de Kevin, el mismo extraño con el que se había acostado por venganza la noche anterior... y él le sonrió. Anhelando a mi esposo tirano
Xu Shinian Mi exnovio Darrin me humilló en una gala benéfica, diciéndome que yo no valía nada sin él.
Destrozada, bebí demasiado vodka y le exigí a un extraño que me salvara.
A la mañana siguiente, me desperté en un lujoso penthouse con una resaca insoportable y un certificado de matrimonio bajo mi mano.
Me había casado con un completo desconocido que solo firmó con la letra "G".
Pensé que era un error garrafal, pero cuando Darrin amenazó con arruinarme publicando fotos íntimas mías, mi nuevo esposo intervino.
En cuestión de minutos, un equipo legal destrozó la vida de mi ex, borró las fotos y lo dejó llorando en un pasillo.
"Soy tu esposo, y les guardo rencor a los hombres que hacen llorar a mi esposa".
Gus me dijo que solo era un consultor de negocios, pero me regaló un diamante amarillo que valía millones y me vigilaba con una obsesión aterradora.
¿Por qué su voz, su mandíbula afilada y su poder me recordaban tanto a Agustus Williams, el despiadado y temido tirano de Wall Street?
Para pagar mis deudas, acepté un trabajo de cincuenta mil dólares: fotografiar al mismísimo Agustus.
Al hacer zoom en la imagen y ver el reflejo de su rostro en la pantalla, mi sangre se heló por completo.
El intocable monstruo que aterrorizaba a la ciudad y el hombre que me exigía usar su anillo de bodas... eran exactamente la misma persona. Ojos Robados, Corazón Roto
Li Xiamu Corrí por los pasillos estériles del hospital, con el corazón desbocado.
Después de semanas de oscuridad, Ricardo, el amor de mi vida, por fin había despertado.
Al llegar a su puerta, grité su nombre, las lágrimas de felicidad nublando mi vista.
Pero en la habitación, junto a mi prometido, estaba Isabel, la hija de una de las familias más ricas de la ciudad, con una sonrisa de triunfo.
«¿Quién eres tú?», me soltó Ricardo, con una voz helada que no reconocí.
Luego de 15 años juntos, me miraba con mis propios ojos, los ojos que le doné para que pudiera volver a ver.
«Mi prometida está aquí, aléjate», añadió, y mi mundo se vino abajo.
Isabel, con falsa compasión, me dijo: «Sé que siempre te ha gustado Ricardo, pero eres solo una sirvienta de nuestra casa. Por favor, no lo molestes».
«¿Sirvienta?», susurré, confundida.
Su madre, con una risa cruel, sentenció: «Mi hijo jamás se comprometería con alguien como tú. Isabel es su prometida, ella le donó las córneas».
La hermana de Ricardo añadió: «Eres una trepadora. Pensaste que con el accidente podrías aprovecharte. La gente como tú siempre tiene su lugar. Y el tuyo no es aquí».
La humillación me quemaba. Me habían robado a mi hombre, mi sacrificio, mi identidad.
«¡No! ¡Eso es mentira! ¡Yo le doné mis ojos! ¡Ricardo, tienes que recordarme!», grité.
Pero su madre ordenó a seguridad que me sacaran al grito de: «¡Vuelve a la mansión ahora mismo! ¡Tienes que preparar la cena! ¡Es lo único para lo que sirves!».
Él solo me miró con indiferencia mientras me arrastraban fuera, rompiéndome el corazón.
Atrapada en esa mansión, me obligaron a cocinar para los que me habían destruido.
Un día, Isabel derramó té caliente sobre mí y Laura, su hermana, me empujó contra la estufa.
Yo, con la piel ardiendo, susurré: «Por favor, necesito algo para la quemadura».
Laura se rio: «Deberías estar agradecida de tener un techo. Limpia ese desastre. Ricardo tiene hambre».
«Por favor, solo déjame hablar con él. Él me escuchará», supliqué.
Entonces, Laura me empujó de nuevo, y mi mano chocó con la olla caliente.
«¡Ya basta!», gritó una voz, era Ricardo, con el ceño fruncido.
Isabel y Laura mintieron, diciendo que me había quemado sola y que estaba obsesionada.
Él se acercó y, sin dudarlo, me soltó: «No sé quién eres, pero ya me cansé de tus mentiras y tu escándalo. Isabel es la mujer que amo. Tú no eres nadie».
Me agarró el brazo herido.
«No vuelvas a molestar a mi familia».
Me soltó con un empujón.
El hombre que me prometió amor eterno, me trataba como basura.
Ese día, mientras limpiaba, vi cómo desenterraban los cactus, el símbolo de nuestro amor.
«¡No! ¡Deténganse! ¡Son míos!», grité, defendiéndolos.
Isabel se burló: «Nada en esta casa es tuyo. Eres una empleada. Quítate o te despido».
Ricardo apareció y, con rabia, empezó a arrancar los cactus con sus propias manos.
Me lanzó uno, las espinas se incrustaron en mi brazo.
«¡No quiero volver a ver tu cara en esta casa!», me gritó.
«Lárgate. Estás despedida», sentenció Isabel.
Me arrojaron mis cosas a la calle. Me quedé allí, en la acera, arrodillada, mi vida reducida a cenizas y espinas.
¿Cómo pude perderlo todo por la amnesia de él y la malicia de ellos?
Debería haber muerto en ese terremoto.
Un día mi esposo me amó, me adoró, y al día siguiente me golpeó y me echó a la calle.
Me encontró Eduardo, el primo de Ricardo. Me miró con compasión, curó mis heridas.
«Cásate conmigo», me dijo. «Te protegeré. Nadie volverá a lastimarte».
Asentí, sin entender aún por qué.
Pero esa noche, Ricardo encontró algo que podría cambiarlo todo: un viejo álbum lleno de fotos nuestras. La redención de la viuda billonaria
Demetris Ardolino Durante tres años, mi esposo, Mateo Garza, tuvo disfunción eréctil. O eso me dijo él. Fui yo quien lo sacó de un coche en llamas, y este matrimonio fue su promesa de atesorar las manos que lo salvaron.
Pero esta noche, lo escuché hablando con mi cuñada, Valeria. Confesó que su condición era una mentira para evitar tocarme, y que siempre la había amado a ella. Nuestro matrimonio era solo una farsa para complacer a su abuelo.
Las traiciones no pararon. Afirmó que fue ella quien lo salvó. Me abandonó durante un deslave para rescatarla a ella. Cuando desperté en el hospital con las costillas rotas, me pidió que donara piel de mi pierna para arreglar un rasguño en la cara de ella.
Quería mutilar mi cuerpo por la mujer que me robó la vida, la mujer que llevaba a su hijo secreto. Mi amor era una carga, mi sacrificio un chiste del que se reían a puerta cerrada.
Entonces descubrí la verdad final, la que me destrozó el alma: nuestra acta de matrimonio era falsa. Nunca fui su esposa, solo un reemplazo.
Esa noche, tomé mi teléfono y llamé a la única persona de la que él me había advertido que me alejara.
—Álex —susurré, con la voz rota—. Necesito irme. ¿Puedes verme en Europa?