Un Castigo Llamado Amor

Un Castigo Llamado Amor

Bai Bian Zhong Jie

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Capítulo

El olor a desinfectante y sangre invadía mis pulmones. Mi hermano Mateo yacía en la cama del hospital, su pequeño cuerpo conectado a tubos, destrozado por los hijos de Ricardo Valenzuela, el narco que controla la ciudad. Pero en ese infierno, el doctor me soltó otra sentencia: "Es cáncer gástrico, etapa avanzada". No podía creerlo. No había tiempo para mí, Mateo me necesitaba. Justo cuando mis esperanzas se agotaban, el cheque del seguro de vida de papá, un agente de la Patrulla Fronteriza, llegó. Era una miseria. La siguiente cirugía de Mateo era en una semana. Necesitaba más dinero. Mucho más. Afuera, los hermanos Valenzuela me esperaban, con sonrisas torcidas. Se burlaron de Mateo, me rodearon. Corrí ciega, las lágrimas nublando mi vista, hasta que choqué con un cuerpo duro. Un olor familiar inundó: tabaco caro y loción. Levanté la vista. Era él. General Alejandro Vargas. Mi protector, mi primer amor, ahora me miraba con ojos fríos. Junto a él, Isabel de la Torre, la mujer que me había robado mi vida. "¡General, esta mujer intentó extorsionarnos!", mintió Javier, el mayor de los Valenzuela. Esperé una pizca de duda en Alejandro. No había nada. Sus ojos me juzgaban, me condenaban. Su silencio fue peor que cualquier golpe. Pasé cinco años encerrada en un infierno, destrozada, pero guardando un secreto mortal. Recogí los billetes que Alejandro me arrojó, como si mi vida valiera tan poco. "Das asco", siseó. "Siempre se ha tratado de dinero para ti". Me tragué mi orgullo, mi dolor. Me convertí en la villana que necesitaba que fuera. Me arrastró a su penthouse, me empujó contra la pared. " "¿Te gustó el espectáculo de hoy? ¿Disfrutaste arrastrarte por mi dinero?" " No era solo posesión, era castigo. " "Isabel está embarazada," " dijo, clavándome un cuchillo en el corazón. Me forzó a organizar su boda, a ver cómo construía una vida sobre las ruinas de la nuestra. Soñé con el Alejandro que me amaba, pero Isabel me despertó con una sonrisa llena de odio. Derramó jugo sobre su vestido blanco, y Alejandro, cegado por la furia, me obligó a beber una botella entera de champán. " "¡Miente! Lo hizo a propósito. ¡Me odia! ¡Está celosa!" " sollozó Isabel. Cuando despertó con fiebre, delirando, susurró el nombre de Isabel. Así que llamé a Isabel. " "Dile que fuiste tú quien pasó la noche con él." " Me desplomé en la acera, inconsciente. Él no me llamó. No preguntó por mí. Tres meses después, Alejandro encontró el diario de Sofía. Descubrió la verdad: su amor, su sacrificio, su cáncer. El dolor lo golpeó como un rayo. Sofía no era la traidora. Era la mártir. Con el corazón destrozado, Alejandro canceló su boda y castigó a quienes la dañaron. Pero ya era demasiado tarde. Sofía había muerto en el incendio, y su cuerpo fue disuelto por la ciencia. Desapareció. Ni cenizas, ni huesos, ni tumba. Alejandro, el poderoso General, se convirtió en un vagabundo, atormentado por su culpa. " "Sofía," " susurraba a las olas, al viento, a la nada. " "Sofía, mi amor, ¿dónde estás? Estoy aquí. Esperando. Siempre esperándote." "

Un Castigo Llamado Amor Introducción

El olor a desinfectante y sangre invadía mis pulmones.

Mi hermano Mateo yacía en la cama del hospital, su pequeño cuerpo conectado a tubos, destrozado por los hijos de Ricardo Valenzuela, el narco que controla la ciudad.

Pero en ese infierno, el doctor me soltó otra sentencia: "Es cáncer gástrico, etapa avanzada".

No podía creerlo. No había tiempo para mí, Mateo me necesitaba.

Justo cuando mis esperanzas se agotaban, el cheque del seguro de vida de papá, un agente de la Patrulla Fronteriza, llegó. Era una miseria.

La siguiente cirugía de Mateo era en una semana. Necesitaba más dinero. Mucho más.

Afuera, los hermanos Valenzuela me esperaban, con sonrisas torcidas. Se burlaron de Mateo, me rodearon.

Corrí ciega, las lágrimas nublando mi vista, hasta que choqué con un cuerpo duro.

Un olor familiar inundó: tabaco caro y loción. Levanté la vista. Era él.

General Alejandro Vargas. Mi protector, mi primer amor, ahora me miraba con ojos fríos.

Junto a él, Isabel de la Torre, la mujer que me había robado mi vida.

"¡General, esta mujer intentó extorsionarnos!", mintió Javier, el mayor de los Valenzuela.

Esperé una pizca de duda en Alejandro. No había nada. Sus ojos me juzgaban, me condenaban.

Su silencio fue peor que cualquier golpe.

Pasé cinco años encerrada en un infierno, destrozada, pero guardando un secreto mortal.

Recogí los billetes que Alejandro me arrojó, como si mi vida valiera tan poco.

"Das asco", siseó. "Siempre se ha tratado de dinero para ti".

Me tragué mi orgullo, mi dolor. Me convertí en la villana que necesitaba que fuera.

Me arrastró a su penthouse, me empujó contra la pared. " "¿Te gustó el espectáculo de hoy? ¿Disfrutaste arrastrarte por mi dinero?" "

No era solo posesión, era castigo. " "Isabel está embarazada," " dijo, clavándome un cuchillo en el corazón.

Me forzó a organizar su boda, a ver cómo construía una vida sobre las ruinas de la nuestra.

Soñé con el Alejandro que me amaba, pero Isabel me despertó con una sonrisa llena de odio.

Derramó jugo sobre su vestido blanco, y Alejandro, cegado por la furia, me obligó a beber una botella entera de champán.

" "¡Miente! Lo hizo a propósito. ¡Me odia! ¡Está celosa!" " sollozó Isabel.

Cuando despertó con fiebre, delirando, susurró el nombre de Isabel.

Así que llamé a Isabel. " "Dile que fuiste tú quien pasó la noche con él." "

Me desplomé en la acera, inconsciente.

Él no me llamó. No preguntó por mí. Tres meses después, Alejandro encontró el diario de Sofía.

Descubrió la verdad: su amor, su sacrificio, su cáncer.

El dolor lo golpeó como un rayo. Sofía no era la traidora. Era la mártir.

Con el corazón destrozado, Alejandro canceló su boda y castigó a quienes la dañaron.

Pero ya era demasiado tarde. Sofía había muerto en el incendio, y su cuerpo fue disuelto por la ciencia.

Desapareció. Ni cenizas, ni huesos, ni tumba.

Alejandro, el poderoso General, se convirtió en un vagabundo, atormentado por su culpa.

" "Sofía," " susurraba a las olas, al viento, a la nada. " "Sofía, mi amor, ¿dónde estás? Estoy aquí. Esperando. Siempre esperándote." "

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“El olor a desinfectante y sangre invadía mis pulmones. Mi hermano Mateo yacía en la cama del hospital, su pequeño cuerpo conectado a tubos, destrozado por los hijos de Ricardo Valenzuela, el narco que controla la ciudad. Pero en ese infierno, el doctor me soltó otra sentencia: "Es cáncer gástrico, etapa avanzada". No podía creerlo. No había tiempo para mí, Mateo me necesitaba. Justo cuando mis esperanzas se agotaban, el cheque del seguro de vida de papá, un agente de la Patrulla Fronteriza, llegó. Era una miseria. La siguiente cirugía de Mateo era en una semana. Necesitaba más dinero. Mucho más. Afuera, los hermanos Valenzuela me esperaban, con sonrisas torcidas. Se burlaron de Mateo, me rodearon. Corrí ciega, las lágrimas nublando mi vista, hasta que choqué con un cuerpo duro. Un olor familiar inundó: tabaco caro y loción. Levanté la vista. Era él. General Alejandro Vargas. Mi protector, mi primer amor, ahora me miraba con ojos fríos. Junto a él, Isabel de la Torre, la mujer que me había robado mi vida. "¡General, esta mujer intentó extorsionarnos!", mintió Javier, el mayor de los Valenzuela. Esperé una pizca de duda en Alejandro. No había nada. Sus ojos me juzgaban, me condenaban. Su silencio fue peor que cualquier golpe. Pasé cinco años encerrada en un infierno, destrozada, pero guardando un secreto mortal. Recogí los billetes que Alejandro me arrojó, como si mi vida valiera tan poco. "Das asco", siseó. "Siempre se ha tratado de dinero para ti". Me tragué mi orgullo, mi dolor. Me convertí en la villana que necesitaba que fuera. Me arrastró a su penthouse, me empujó contra la pared. " "¿Te gustó el espectáculo de hoy? ¿Disfrutaste arrastrarte por mi dinero?" " No era solo posesión, era castigo. " "Isabel está embarazada," " dijo, clavándome un cuchillo en el corazón. Me forzó a organizar su boda, a ver cómo construía una vida sobre las ruinas de la nuestra. Soñé con el Alejandro que me amaba, pero Isabel me despertó con una sonrisa llena de odio. Derramó jugo sobre su vestido blanco, y Alejandro, cegado por la furia, me obligó a beber una botella entera de champán. " "¡Miente! Lo hizo a propósito. ¡Me odia! ¡Está celosa!" " sollozó Isabel. Cuando despertó con fiebre, delirando, susurró el nombre de Isabel. Así que llamé a Isabel. " "Dile que fuiste tú quien pasó la noche con él." " Me desplomé en la acera, inconsciente. Él no me llamó. No preguntó por mí. Tres meses después, Alejandro encontró el diario de Sofía. Descubrió la verdad: su amor, su sacrificio, su cáncer. El dolor lo golpeó como un rayo. Sofía no era la traidora. Era la mártir. Con el corazón destrozado, Alejandro canceló su boda y castigó a quienes la dañaron. Pero ya era demasiado tarde. Sofía había muerto en el incendio, y su cuerpo fue disuelto por la ciencia. Desapareció. Ni cenizas, ni huesos, ni tumba. Alejandro, el poderoso General, se convirtió en un vagabundo, atormentado por su culpa. " "Sofía," " susurraba a las olas, al viento, a la nada. " "Sofía, mi amor, ¿dónde estás? Estoy aquí. Esperando. Siempre esperándote." "”
1

Introducción

02/07/2025

2

Capítulo 1

02/07/2025

3

Capítulo 2

02/07/2025

4

Capítulo 3

02/07/2025

5

Capítulo 4

02/07/2025

6

Capítulo 5

02/07/2025

7

Capítulo 6

02/07/2025

8

Capítulo 7

02/07/2025

9

Capítulo 8

02/07/2025

10

Capítulo 9

02/07/2025

11

Capítulo 10

02/07/2025

12

Capítulo 11

02/07/2025

13

Capítulo 12

02/07/2025

14

Capítulo 13

02/07/2025

15

Capítulo 14

02/07/2025

16

Capítulo 15

02/07/2025

17

Capítulo 16

02/07/2025

18

Capítulo 17

02/07/2025

19

Capítulo 18

02/07/2025

20

Capítulo 19

02/07/2025

21

Capítulo 20

02/07/2025

22

Capítulo 21

02/07/2025

23

Capítulo 22

02/07/2025

24

Capítulo 23

02/07/2025

25

Capítulo 24

02/07/2025

26

Capítulo 25

02/07/2025