Vivo Por Sí Misma

Vivo Por Sí Misma

Qin Wei

5.0
calificaciones
12
Vistas
11
Capítulo

El olor a aceite quemado y ese humo picándome los ojos fueron la primera señal del infierno que vivía. Mi padre, un chef aclamado, me miraba con esa decepción familiar, no por el desastre en la sartén, sino por mí. "Camila solo estaba aprendiendo, tenías que ser paciente con ella", decía con una voz tranquila que me aplastaba. Mi hermana, Camila, lloraba lágrimas falsas, un truco para ganarse a papá, mientras yo callaba la verdad de su sabotaje. Para mi padre, mi talento no era un don, sino una carga, una deuda perpetua con mi mediocre hermana, a la que había que "nivelar". Una vez me dijo: "No es justo para Camila que tú siempre seas la mejor". Así crecí, mi esfuerzo castigado, la mediocridad de Camila premiada, viviendo con una ansiedad que mi padre llamaba "drama". Cuando fui aceptada en la mejor escuela de gastronomía, y Camila no, mi padre tuvo la "solución justa": "Vas a cederle tu lugar a Camila, es tu deber como hermana". En mi furia, le grité que su "igualdad" me había enfermado, y él, en un arrebato, derramó café hirviendo sobre mi mano. Camila, con una sonrisa satisfecha, me soltó: "Para papá, tú y yo siempre seremos lo mismo, no importa cuánto te esfuerces". En ese instante, algo se rompió dentro de mí: el amor, la esperanza, todo. Esa noche, con la quemadura hirviendo en mi piel, empaqué una pequeña mochila, sin rumbo fijo, solo con la certeza de que debía irme o moriría. Me paré en un puente, al borde del abismo, mi teléfono vibrando con las amenazas de mi padre: "Vuelve a casa ahora mismo, Sofía, no hagas esto más difícil". Pero un desconocido se acercó, revelando sus propias cicatrices, y me dijo: "Tu vida es tuya, no dejes que gane, no les des el gusto, vete de aquí, pero vive". En ese momento, mi padre me encontró, y mientras me sostenía la mano quemada, me advirtió: "Me has hecho pasar una vergüenza terrible, arreglaremos esto en casa". Pero ya no había "nosotros", ni "hogar". Encerrada en mi cuarto, hice lo único que quedaba: marqué un número prohibido, el de mi tía Elena. "Tía Elena, soy yo, Sofía... ¿puedes venir por mí?". Hubo un silencio atónito, luego, sin dudarlo, ella respondió: "Claro que sí, mi niña, voy para allá ahora mismo".

Vivo Por Sí Misma Introducción

El olor a aceite quemado y ese humo picándome los ojos fueron la primera señal del infierno que vivía.

Mi padre, un chef aclamado, me miraba con esa decepción familiar, no por el desastre en la sartén, sino por mí.

"Camila solo estaba aprendiendo, tenías que ser paciente con ella", decía con una voz tranquila que me aplastaba.

Mi hermana, Camila, lloraba lágrimas falsas, un truco para ganarse a papá, mientras yo callaba la verdad de su sabotaje.

Para mi padre, mi talento no era un don, sino una carga, una deuda perpetua con mi mediocre hermana, a la que había que "nivelar".

Una vez me dijo: "No es justo para Camila que tú siempre seas la mejor".

Así crecí, mi esfuerzo castigado, la mediocridad de Camila premiada, viviendo con una ansiedad que mi padre llamaba "drama".

Cuando fui aceptada en la mejor escuela de gastronomía, y Camila no, mi padre tuvo la "solución justa": "Vas a cederle tu lugar a Camila, es tu deber como hermana".

En mi furia, le grité que su "igualdad" me había enfermado, y él, en un arrebato, derramó café hirviendo sobre mi mano.

Camila, con una sonrisa satisfecha, me soltó: "Para papá, tú y yo siempre seremos lo mismo, no importa cuánto te esfuerces".

En ese instante, algo se rompió dentro de mí: el amor, la esperanza, todo.

Esa noche, con la quemadura hirviendo en mi piel, empaqué una pequeña mochila, sin rumbo fijo, solo con la certeza de que debía irme o moriría.

Me paré en un puente, al borde del abismo, mi teléfono vibrando con las amenazas de mi padre: "Vuelve a casa ahora mismo, Sofía, no hagas esto más difícil".

Pero un desconocido se acercó, revelando sus propias cicatrices, y me dijo: "Tu vida es tuya, no dejes que gane, no les des el gusto, vete de aquí, pero vive".

En ese momento, mi padre me encontró, y mientras me sostenía la mano quemada, me advirtió: "Me has hecho pasar una vergüenza terrible, arreglaremos esto en casa".

Pero ya no había "nosotros", ni "hogar".

Encerrada en mi cuarto, hice lo único que quedaba: marqué un número prohibido, el de mi tía Elena.

"Tía Elena, soy yo, Sofía... ¿puedes venir por mí?".

Hubo un silencio atónito, luego, sin dudarlo, ella respondió: "Claro que sí, mi niña, voy para allá ahora mismo".

Seguir leyendo

Otros libros de Qin Wei

Ver más

Quizás también le guste

Tres años, una cruel mentira

Tres años, una cruel mentira

Xiao Mao Mao

Durante tres años, mi prometido Javier me mantuvo en una clínica de lujo en Suiza, ayudándome a recuperarme del estrés postraumático que destrozó mi vida en mil pedazos. Cuando por fin me aceptaron en el Conservatorio Nacional de Música, compré un boleto de ida a la Ciudad de México, lista para sorprenderlo y empezar nuestro futuro. Pero mientras firmaba mis papeles de alta, la recepcionista me entregó un certificado oficial de recuperación. Tenía fecha de hacía un año completo. Me explicó que mi "medicamento" durante los últimos doce meses no había sido más que suplementos vitamínicos. Había estado perfectamente sana, una prisionera cautiva de informes médicos falsificados y mentiras. Volé a casa y fui directo a su club privado, solo para escucharlo reír con sus amigos. Estaba casado. Lo había estado durante los tres años que estuve encerrada. —He tenido a Alina bajo control —dijo, con la voz cargada de una diversión cruel—. Unos cuantos informes alterados, el "medicamento" adecuado para mantenerla confundida. Me compró el tiempo que necesitaba para asegurar mi matrimonio con Krystal. El hombre que juró protegerme, el hombre que yo idolatraba, había orquestado mi encarcelamiento. Mi historia de amor era solo una nota al pie en la suya. Más tarde esa noche, su madre deslizó un cheque sobre la mesa. —Toma esto y desaparece —ordenó. Tres años atrás, le había arrojado un cheque similar a la cara, declarando que mi amor no estaba en venta. Esta vez, lo recogí. —De acuerdo —dije, con la voz hueca—. Me iré. Después del aniversario de la muerte de mi padre, Javier Franco no volverá a encontrarme jamás.

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro
Vivo Por Sí Misma Vivo Por Sí Misma Qin Wei Historia
“El olor a aceite quemado y ese humo picándome los ojos fueron la primera señal del infierno que vivía. Mi padre, un chef aclamado, me miraba con esa decepción familiar, no por el desastre en la sartén, sino por mí. "Camila solo estaba aprendiendo, tenías que ser paciente con ella", decía con una voz tranquila que me aplastaba. Mi hermana, Camila, lloraba lágrimas falsas, un truco para ganarse a papá, mientras yo callaba la verdad de su sabotaje. Para mi padre, mi talento no era un don, sino una carga, una deuda perpetua con mi mediocre hermana, a la que había que "nivelar". Una vez me dijo: "No es justo para Camila que tú siempre seas la mejor". Así crecí, mi esfuerzo castigado, la mediocridad de Camila premiada, viviendo con una ansiedad que mi padre llamaba "drama". Cuando fui aceptada en la mejor escuela de gastronomía, y Camila no, mi padre tuvo la "solución justa": "Vas a cederle tu lugar a Camila, es tu deber como hermana". En mi furia, le grité que su "igualdad" me había enfermado, y él, en un arrebato, derramó café hirviendo sobre mi mano. Camila, con una sonrisa satisfecha, me soltó: "Para papá, tú y yo siempre seremos lo mismo, no importa cuánto te esfuerces". En ese instante, algo se rompió dentro de mí: el amor, la esperanza, todo. Esa noche, con la quemadura hirviendo en mi piel, empaqué una pequeña mochila, sin rumbo fijo, solo con la certeza de que debía irme o moriría. Me paré en un puente, al borde del abismo, mi teléfono vibrando con las amenazas de mi padre: "Vuelve a casa ahora mismo, Sofía, no hagas esto más difícil". Pero un desconocido se acercó, revelando sus propias cicatrices, y me dijo: "Tu vida es tuya, no dejes que gane, no les des el gusto, vete de aquí, pero vive". En ese momento, mi padre me encontró, y mientras me sostenía la mano quemada, me advirtió: "Me has hecho pasar una vergüenza terrible, arreglaremos esto en casa". Pero ya no había "nosotros", ni "hogar". Encerrada en mi cuarto, hice lo único que quedaba: marqué un número prohibido, el de mi tía Elena. "Tía Elena, soy yo, Sofía... ¿puedes venir por mí?". Hubo un silencio atónito, luego, sin dudarlo, ella respondió: "Claro que sí, mi niña, voy para allá ahora mismo".”
1

Introducción

03/07/2025

2

Capítulo 1

03/07/2025

3

Capítulo 2

03/07/2025

4

Capítulo 3

03/07/2025

5

Capítulo 4

03/07/2025

6

Capítulo 5

03/07/2025

7

Capítulo 6

03/07/2025

8

Capítulo 7

03/07/2025

9

Capítulo 8

03/07/2025

10

Capítulo 9

03/07/2025

11

Capítulo 10

03/07/2025