/0/21395/coverorgin.jpg?v=1aa436198e94e0b55ae2c0505414b571&imageMogr2/format/webp)
Era un día cualquiera en "Éclat", mi purgatorio de lujo, donde vendía sueños a mujeres que ya lo tenían todo.
Pero esa tarde, Camila Salazar entró como un huracán, exigiendo que me arrodillara para quitarle sus tacones.
Me negué, con la voz temblando por la furia contenida.
"Prefiero ser despedida con dignidad que conservar un trabajo de rodillas" , le espeté.
Y así fue. La puerta de cristal se cerró detrás de mí, dejándome desempleada pero extrañamente libre.
Mientras ahogaba mis penas con un café barato, él apareció: Alejandro Vargas, con su sonrisa de depredador.
Me hizo una oferta que sonaba a cuento de hadas: un año de lujos desmedidos, a cambio de ser... suya.
"Después del año, cada quien por su lado. Te irás con una buena cantidad de dinero", prometió.
/0/17705/coverorgin.jpg?v=37019c8289cf463bbf977d65a8312af6&imageMogr2/format/webp)
/0/18314/coverorgin.jpg?v=9e1a3ad891dff430f3d0dac4a7a459b9&imageMogr2/format/webp)
/0/6959/coverorgin.jpg?v=3a8626b7bd5df8291b2b34f5d2a3e396&imageMogr2/format/webp)
/0/18158/coverorgin.jpg?v=b2ef0a3d06d1c0a4ec665719d260ffb1&imageMogr2/format/webp)
/0/9961/coverorgin.jpg?v=51b2c084a1f086aeb4e4b7a6e06433eb&imageMogr2/format/webp)
/0/17950/coverorgin.jpg?v=a24058904e382e94ed0f78dfa4dd7b43&imageMogr2/format/webp)
/0/14621/coverorgin.jpg?v=473a4516954462e0fdcfb832a16acc5f&imageMogr2/format/webp)
/0/18485/coverorgin.jpg?v=1734a556bdea39e4d7e52a89f31cdd2d&imageMogr2/format/webp)
/0/3426/coverorgin.jpg?v=8ede46c69c55bb5ecbfe1dbf4c916918&imageMogr2/format/webp)
/0/157/coverorgin.jpg?v=d25c0662b3a8294676c2c85964f7c654&imageMogr2/format/webp)
/0/159/coverorgin.jpg?v=1f40b482e0ac1e4d187503f16ac7f52b&imageMogr2/format/webp)
/0/19983/coverorgin.jpg?v=b209b4f87b9184c7af9333cdfa9a0d97&imageMogr2/format/webp)
/0/238/coverorgin.jpg?v=e2783d753778ad2889c87f5d86587847&imageMogr2/format/webp)
/0/345/coverorgin.jpg?v=4b8e1df4934c279e039e4be8f13ee52c&imageMogr2/format/webp)