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Amé a Damián Ferrer desde que éramos niños. Nuestro matrimonio debía ser el sello perfecto para la fusión de los imperios de nuestras dos familias.
En mi vida pasada, él se quedó parado afuera de mi estudio de arte en llamas, junto a mi hermanastra, Julia, y me vio morir.
Le grité, con el humo asfixiándome, mi piel ardiendo por el calor.
—¡Damián, por favor! ¡Ayúdame!
Julia se aferró a su brazo, su rostro una máscara de falso terror.
—¡Es demasiado peligroso! ¡Te vas a lastimar! ¡Tenemos que irnos!
Y él le hizo caso.
Me miró por última vez, sus ojos llenos de una lástima que me quemaba por dentro más que cualquier llama, y luego se dio la vuelta y corrió, dejándome arder.
Hasta que morí, no lo entendí. El niño que prometió protegerme siempre acababa de verme morir quemada. Mi amor incondicional fue el precio que pagué para que él pudiera estar con mi hermana.
Cuando volví a abrir los ojos, estaba de nuevo en mi habitación. En una hora, tenía que estar en la junta del consejo familiar. Esta vez, caminé directamente a la cabecera de la mesa y dije:
—Voy a romper el compromiso.
Capítulo 1
La pesada puerta de roble de la sala de juntas de la familia Ortega se abrió con una fuerza que hizo temblar las copas de cristal sobre la mesa de caoba.
Elena Ortega apareció en el umbral. Su rostro estaba pálido, sin una gota de maquillaje, y sus ojos, usualmente cálidos y amables, eran tan fríos y duros como trozos de hielo.
Caminó directamente a la cabecera de la mesa, donde su padre estaba sentado, con el rostro lleno de confusión.
—Quiero romper el compromiso.
Su voz era plana, sin rastro de emoción. Cortó el murmullo de las conversaciones sobre la inminente fusión entre Corporativo Ortega y el imperio Ferrer.
Su padre, Ricardo Ortega, la miró fijamente.
—Elena, ¿de qué estás hablando? No digas tonterías. Damián llegará en cualquier momento.
—No estoy diciendo tonterías —dijo ella, su mirada recorriendo a los miembros de la familia reunidos—. No me casaré con Damián Ferrer.
—Esto no se trata solo de ti, Elena —dijo su padre, alzando la voz—. Se trata de una fusión que ha estado preparándose durante una década. Se trata del futuro de esta familia.
Esa vida había terminado en el momento en que los confrontó a él y a su hermanastra sobre su aventura. La confrontación se había puesto fea y, en medio del caos, se había iniciado un incendio en su estudio de arte.
Lo último que recordaba era el dolor abrasador mientras él la dejaba quemarse, y luego... un vacío negro y silencioso. Hasta que se despertó con un jadeo en su propia cama esa mañana, con el sol brillando, los pájaros cantando y el calendario marcando una fecha de dos años atrás. No era un sueño. Era una segunda oportunidad.
Recordaba el fuego. El humo acre llenando sus pulmones, el calor abrasador en su piel. Recordaba gritarle a Damián, su prometido, el hombre que había amado desde que era una niña.
Él había estado allí. Se había quedado parado afuera de la puerta de su estudio de arte, su rostro iluminado por las llamas. Y con él estaba Julia, su hermanastra.
—¡Damián, por favor! ¡Ayúdame! —había gritado, con la voz desgarrada.
Julia se había aferrado a su brazo, su rostro una imagen de falso terror.
—¡Damián, es demasiado peligroso! ¡Te vas a lastimar! ¡Tenemos que irnos!
Y él le había hecho caso. Había mirado a Elena por última vez, sus ojos llenos de una lástima que dolía más que cualquier llama, y luego se dio la vuelta y corrió, dejándola morir.
El recuerdo era tan vívido que le revolvió el estómago. Ese era el precio de su naturaleza amable. Esa era la recompensa por su amor incondicional.
—Él no me ama —dijo Elena, su voz todavía inquietantemente tranquila—. Está enamorado de Julia.
Un jadeo se escuchó al otro lado de la mesa.
Julia Alcántara, su hermanastra, levantó la vista, sus grandes e inocentes ojos llenándose de lágrimas.
—Elena, ¿cómo puedes decir algo así? Damián te adora. Yo... yo solo soy tu hermana.
—No te atrevas a llamarte mi hermana —espetó Elena, su voz finalmente quebrándose con una pizca de furia.
—¡Elena, ya es suficiente! —Ricardo Ortega golpeó la mesa con la mano.
Julia comenzó a sollozar en voz baja, un sonido delicado y desgarrador que siempre funcionaba con los hombres de esta familia.
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![UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA AMAR[Novela corta]](https://cos-spres.cdreader.com/site-375(new)/0/15663/coverorgin.jpg?v=f613eeae9aed430664f3b52300ba5981&imageMogr2/format/webp)
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