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Brinley Shaw dejó su carta de renuncia sobre el escritorio del gerente de recursos humanos, alisando con la yema de los dedos el borde del papel como si quisiera asegurarse de que no quedara ni un solo pliegue o arruga.
El otro entreabrió los labios, dejando escapar un suspiro resignado antes de hablar.
"Es una verdadera lástima verte marchar, Brinley. ¿Estás absolutamente segura de esto?".
"Sí", respondió ella con una suave sonrisa, y sus ojos se curvaron como medias lunas. "Quiero pasar más tiempo con mi familia".
Al salir del edificio de la empresa, la recibió la luz solar.
Entrecerró los ojos ante el resplandor y sacó de su bolso unas gafas oscuras, colocándoselas con delicadeza.
En ese instante, su celular vibró. Era un mensaje de Ryland Francis, un agente inmobiliario.
"Señora Palmer, el propietario de la villa que le interesa ha aceptado bajar el precio. ¿Podría venir a verla esta tarde?".
Brinley sonrió al recibir la buena noticia.
Esa pequeña villa en las afueras, un refugio lejos del ruido y el ajetreo del centro de la ciudad, era un lugar que había admirado durante mucho tiempo.
Su entorno pacífico podía ser, al fin y al cabo, la oportunidad que necesitaba para fortalecer su frágil matrimonio con Colin Palmer.
Llevaban dos años de casados, pero nunca habían tenido intimidad.
Al principio, ella se había convencido de que la apretada agenda laboral de su esposo era la culpable; sin embargo, poco a poco comenzaron a surgir dudas sobre su propio atractivo femenino.
Finalmente, admitió que algo tenía que cambiar: renunció a su trabajo para dedicar más tiempo a su marido y salvar su relación.
Esa misma tarde visitó la villa, la cual se veía todavía más encantadora en la realidad que en las fotografías.
Los ancianos dueños de la misma habían cultivado un jardín rebosante de rosas, cuya fragancia impregnaba el ambiente.
De pie en el centro de la sala iluminada por la luz del sol, Brinley vio cómo su sombra se alargaba sobre el suelo brillante.
"¡Esta es la indicada!", exclamó con firmeza. "¿Cómo procedemos?".
El rostro de Ryland se iluminó al instante.
"¡Excelente! Prepararé el contrato enseguida. Por cierto, ¿el señor Palmer vendrá a acompañarla para firmar?".
Brinley negó sacudiendo la cabeza.
"No, está demasiado ocupado con el trabajo, yo me encargaré de todo".
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