/0/11878/coverorgin.jpg?v=aedef6ed72830d52acd4dc9fd592056b&imageMogr2/format/webp)
De bodas secretas y mudanza.
Dos semanas enteras sin ver a mi padre luego de un viaje empresarial para contemplarlo frente a nosotros con maletas repletas y traje deportivo.
Aviso: "Nos mudaremos mañana. Empaquen todo."
La razón: "Me he casado con una mujer en California"
Estado: Completamente en shock.
—¿Cómo que te casaste?—expresé en horror, disgustada.
Papá me abrió los ojos, levemente confundido por mi actitud. Seguro creyó que me lo tomaría tan bien como mi hermano mayor pero no... no me conformo con una simple frase. Demandaba una explicación justa.
Verán... Había sospechado que ese demorado viaje involucraba a su reciente novia, la cual conoció en una conferencia meses atrás pero jamás imaginé que la cosa se tomara tan enserio en tampoco tiempo.
—¿Puedes bajar la voz, cariño? Lo hemos hablado con tú hermano y...
Se acomoda sus lentes, volviendo a leer el periodico para evadirme.
—¡Nadie lo ha hablado! Y no puedo creer que lo ocultaras en todo el viaje y llegues aquí como si fuese lo más normal del mundo, papá.—tajé frunciendo el ceño.
El resopló exhausto.
—¿No es normal casarse en las Vegas? Por Dios, cielo. Ha sido todo un cliché.
—Papá.—reproché.
El hombre vio mi enojo.
—Tomalo con calma, ¿si?—se dirigió a mi, colocando ambas manos en mis hombros para tranquilizarme. El azul de sus provectos ojos se encuentran con los mios en un intento de persuasión.—Te gustará la casa que compré, es impresionante cómo...
—Me importa un carajo, no quiero mudarme.—espeté malhumorada, por lo bajo.
—No actues como niña caprichosa ahora, Maggie. No es momento.—dijo cerrando los ojos impaciente.
—¿Es justo que me obligues a esto? Para tí nunca es el momento, pero no sé que clase de padre eres al forzarnos a volar al otro lado del pais sólo para que tú querida esposa se sienta en casa.—recriminé con soberbia frente a mi padre.
Su mandibula se tensó en unos segundos quedando sin palabras.
—Maggie.—interviene mi hermano, entrando al despacho.
Me da una mirada de "No estas siendo razonable, acabas de pasarte", que me vale dos toneladas de popó de vaca.
—Empacarás todo y nos mudaremos.—demandó mi progenitor luego de unos minutos, con una actitud diferente, distante y quizas resentida. Caminó recogiendo su taza de café, dispuesto a perderse en uno de los salones del apartamento.
—Tendrás que arrastrarme porque no me pienso mover y mucho menos empacar para este exagerado viaje que propones, ¿bien?—desafié cruzando mis brazos en mi pecho.
Y eso para el fue un reto.
• • •
Un día después, encontré las maletas recien hechas. Mis cosas en cajas y los objetos de valor siendo transportados por un camión de mudanza.
Apenas desperté las cosas fueron cayendome como un vaso de agua fria en la cara. Carter—mi hermano—se fue temprano a despedirse de sus amigos, y papá practicamente me obligó a vestirme con otra ropa que fuese mi pijama de tigrillo para ir al aeropuerto.
Sé que dije que tenía que arrastrarme primero antes de cruzar las puertas de un avión. Pero no tenía alternativa.
Me fuí refunfuñando, con un terrible mareo y unas ganas de gritarle a todo el mundo.
Cuando puse un pie en la adorada California, me sentí más que perdida. Papá feliz. Mi hermano Carter admirado cuando una camioneta negra de esas modernas y lujosas nos esperó en el aparcamiento saliendo del aeropuerto luego de seis horas.
Un hombre de traje elegante, zapatos relucientes con mucha seriedad cargada encima, salió del vehiculo saludando a nuestro padre con respeto.
—Griffin, estos son mis hijos.—presentó mi papá con su porte de ejecutivo.—Carter y Maggie, el es Griffin. Mi supervisor de seguridad.
Mi hermano lo saluda con la mano cortez.
Le dedico una sonrisa en respuesta, pero me giro para encarar a Thomas Simmonds.
—¿Desde cuando necesitas protección?—rebatí poniendo los ojos en blanco.
—Nunca es demasiado tarde para sentirse seguros, cariño.—respondió con una sonrisa reluciente.
Tanta felicidad me causaba indignación.
Jamás había visto esta faceta de mi padre; el ser más noble y comprensivo del mundo, ahora siendo el hombre más egoista de toda la existencia.
En el trayecto con el auto en marcha, me vi a mi misma admirando los paisajes tropicales de la costa oeste de nuestro pais. Un cielo claro perfecto, las vias de transito a unos cuarenta metros de la playa. La temperatura normal a más de 30° centigrados, las palmeras enormes meneandose con ayuda de la brisa.
Carter esbozó una sonrisa traviesa.
—¿Griffin puede hacer mis recados?
—¿Qué recados necesitas señor ocupaciones?—ataqué sarcastica, devolviendole una sonrisa divertida.
—No molestes, ahora.
—Ñiñi—burlé nuevamente, haciendo una mofa.
Carter me enseñó su dedo medio, serio.
Thomas suspiró. Ya estaba acostumbrado a nuestros comportamientos.
—Griffin sólo está a la espera de mis ordenes. Así que sin recados, no va a hacer tus tareas ni recogerá la basura por ti.—añadió papá, con hastio en dirección a mi hermano.
Reí por lo bajo.
—Y no quiero que manipules a ninguno de los guardias para que te lleven de compras, ¿me haz entendido?—señaló serio y firme, dedicandome una mirada autoritaria. Fruncí el ceño a lo que el respondió con una sonrisa sincera, dejando atrás el lado de papá dictador—¿De acuerdo, cielo?
Bufé malhumorada.
Me puse los audifonos y todo el viaje en carretera hasta llegar a la zona más elevada de Boca Ratón, se me hizo el más eterno. La casa que compró Thomas Simmonds estaba ubicada en una pequeña colina; enorme, deslumbrante y unica.
Imaginense la mansión de Tony Stark, no necesariamente con esa infraestructura pero si con vista al mar y rodeado de palmeras y cactus en medio de la nada.
Era un vecindario fuera de lo común, bastante alejado de la ciudad. Poco transito, una sola via que daba la vuelta a la colina. Tres o cuatro residencias repartidas en cuadrado, y un espiral vial en el medio con caminos estrechos sin pavimento para guiar hacia las respectivas casas.
La casa de papá estaba lo más al fondo, lista para darme una buena bofetada en la cara por idiota. Jamás me imaginé vivir en una de estas mansiones lujosas.
Si era cierto que Thomas tenía dinero, pero no sabía cuanto hasta que lo vi en ese momento. Ha robado el maldito banco de la nación para pagar este lote o de verdad le ha ido bien en su compañia. Cualquiera de los dos, me dejó asombrada.
Justo en frente mío se encontraba esta enorme casa al final de una larga entrada protegida por un portón, con una fachada blanca simétrica dandole esa apariencia neoclásica. El portico algo moderno, con enormes ventanales de cristal tanto en el primer y segundo piso le proporcionaba ese aura caracteristico que aún preservan las casas de hollywood.
—¿Cuando ibas a decirnos que compraste una jodida mansión?—admiró mi hermano, acercandose a la ventanilla.
Griffin río. Papá sonrío satisfecho al verme todavia embobada contemplando la estructura de la residencia.
—Les encantará por dentro, vengan.
No dudé ni un segundo para bajar del auto e ignorar la arrogancia de mi padre frente a mi perplejidad. Claro, me había tomado por sorpresa con esta carisima mansión.
En parte, sospeché que el lo hizo con la intención de sobornarnos a los dos para evadir ese tema del matrimonio repentino, pero a papá le costaría más que eso. No me dejaría comprar con sus lujos, no estaba conforme con esta nueva vida.
Ni siquiera conocíamos muy bien a su nueva esposa.
Al cruzar la puerta de la entrada, nos encontramos con todo un personal para darnos una bienvenida como si fuesemos los Obama. ¿Qué es esto por Dios? ¿Desde cuando necesitabamos un chef, un ama de llaves y un escolta?
Estaba totalmente confundida.
Conocimos al cocinero Will, la ama de llaves llamada Agatha y bueno... Griffin que ya nos había sido presentado en el aeropuerto.
Fue entonces cuando la ví. Una mujer distinguida, en frente de nosotros. Sostenía una enorme y dulce sonrisa. Vestía de un saco azul rey de lana elegante, unos leggins tipo gamuza ajustados a su cuerpo y unos tacones blancos con empeine descubierto. Su cabello rubio dorado claro lo llevaba hasta los hombros, sus ojos celestes llamaban mucho la atención. De pronto como logré ver, en un rápido movimiento Beth me había abrazado con tanta fuerza.
Me quedé inmovil, anonada y rigida ante su gesto.
/0/3892/coverorgin.jpg?v=681067448883d6f6aef4bc2e79aa11c7&imageMogr2/format/webp)
/0/5529/coverorgin.jpg?v=3fb4be6a360c974c1ccd8d80740a36e8&imageMogr2/format/webp)
/0/17312/coverorgin.jpg?v=e8a2d244fa34f8d407fd9307abb80d86&imageMogr2/format/webp)
/0/18073/coverorgin.jpg?v=a01c54b20bc5d7ab859ca23c1026b0e4&imageMogr2/format/webp)
/0/13071/coverorgin.jpg?v=d842036f8592c3120fda7034e2a3e545&imageMogr2/format/webp)
/0/15021/coverorgin.jpg?v=373f6e40b547ee707de00a63e2aedd6f&imageMogr2/format/webp)
/0/6389/coverorgin.jpg?v=30d0b27a1d5dd97f7f94c7a6e49c6761&imageMogr2/format/webp)
/0/627/coverorgin.jpg?v=4d98e36ec4306822617193c3c098e8d0&imageMogr2/format/webp)
/0/4408/coverorgin.jpg?v=36d8ed1ffdc40669a4391cedd4b3d6eb&imageMogr2/format/webp)
/0/17506/coverorgin.jpg?v=91e27f6459a4b874a746a13c797ecabe&imageMogr2/format/webp)
/0/17529/coverorgin.jpg?v=63e01b6bb74f944c29100c0fad01709c&imageMogr2/format/webp)
/0/18109/coverorgin.jpg?v=6b5d9df887ea8338ee7f82739d472ee1&imageMogr2/format/webp)
/0/18275/coverorgin.jpg?v=29bb4ac3b3f51ffb096faff8beddc94d&imageMogr2/format/webp)
/0/18239/coverorgin.jpg?v=0bbe1836897a122f8f010ccdbf2bf91c&imageMogr2/format/webp)
/0/18343/coverorgin.jpg?v=c16826bc9615a58aac4786f9906080c5&imageMogr2/format/webp)
/0/6440/coverorgin.jpg?v=960d8d5be0b56b08cdaccab0325f1311&imageMogr2/format/webp)
/0/13005/coverorgin.jpg?v=6794b66f3ec09f732cc7dec42b6d2ecd&imageMogr2/format/webp)
/0/7953/coverorgin.jpg?v=c69f58f78169f1e5b794939beaadab3f&imageMogr2/format/webp)
/0/182/coverorgin.jpg?v=d7344b3adc4c43b85f609f90e603e0b9&imageMogr2/format/webp)
/0/18011/coverorgin.jpg?v=7f4cfcf9a457475709a2a3a5f1612ae2&imageMogr2/format/webp)