/0/23158/coverorgin.jpg?v=4b5f3ee7bf4225f0a00bda5436b1197d&imageMogr2/format/webp)
Mi esposo reveló un auto rosa personalizado en televisión en vivo, llamándolo un "tributo a nuestro amor".
Internet lo aclamó como el hombre perfecto.
Pero yo sabía la verdad.
Ese auto era el lugar exacto donde me engañó con su vicepresidenta, Karla.
Y la mancha de labial en el asiento del pasajero no era mía.
Él pensaba que yo estaba en casa, esperando para celebrar su éxito.
En cambio, yo estaba en una clínica, firmando una renuncia para extirpar quirúrgicamente mis recuerdos.
Aborté al hijo que él deseaba desesperadamente.
Destrocé el relicario de jade que él aseguraba unía nuestras almas.
Quemé mi pasaporte, mi licencia y cada foto de nosotros en el fregadero de la cocina.
Cuando finalmente llegó a casa, no encontró nada más que una casa vacía y una caja de regalo que contenía los restos de nuestro hijo no nacido.
Un año después, irrumpió en mi fiesta de compromiso en Mérida, cayendo de rodillas y suplicando perdón.
Miré hacia abajo al multimillonario llorando y no sentí absolutamente nada.
—Lo siento, señor —dije con calma.
—¿Pero acaso lo conozco?
Capítulo 1
Punto de Vista de Grecia Rivas:
—¿Está absolutamente segura de esto, señorita Rivas? —La voz del doctor era tranquila, casi demasiado tranquila. Resonaba en la habitación blanca y estéril de la clínica del Proyecto Mnemosine.
Apreté los brazos del lujoso sillón de cuero. Mis nudillos estaban blancos.
—Sí —dije. Mi voz sonaba firme, incluso para mis propios oídos—. Estoy segura.
Él asintió lentamente, su mirada inquebrantable.
—El procedimiento es irreversible. Los recuerdos seleccionados, una vez suprimidos, no pueden recuperarse. Es como una extirpación quirúrgica, pero para su mente.
Un leve temblor me recorrió, un fantasma de miedo. Pero se desvaneció rápidamente. ¿Qué había que perder?, pensé. Mi pasado se sentía como un agujero negro, succionando toda mi luz.
Cerré los ojos por un momento. Destellos de una vida que solía amar, una vida que ahora odiaba, parpadearon tras mis párpados. Su risa. Mis lágrimas. Sus promesas. Mi corazón roto. Nada que valiera la pena conservar. Nada en absoluto.
—Entiendo —dije, abriendo los ojos.
Alcancé la tableta en la mesa. El formulario de consentimiento brillaba. Mi dedo se detuvo sobre la línea de firma. Esto era todo. El escape que anhelaba.
/0/21321/coverorgin.jpg?v=f4dc644e39558927fb8b81a1f6fca3a0&imageMogr2/format/webp)
/0/18161/coverorgin.jpg?v=ee9fc163e7c5962ebcb31f56874d8af6&imageMogr2/format/webp)
/0/19982/coverorgin.jpg?v=81e3cd670a2e5fdefa6b9e4f249b67ad&imageMogr2/format/webp)
/0/17775/coverorgin.jpg?v=1f136ba0af34739e186f8e3b248e6220&imageMogr2/format/webp)
/0/17976/coverorgin.jpg?v=72657b1b2cb3f88bfc3014e171bae243&imageMogr2/format/webp)
/0/16129/coverorgin.jpg?v=2fde29756ebcdb019c8a84f60669f831&imageMogr2/format/webp)
/0/16496/coverorgin.jpg?v=9da3d68fea0fc3ff7d8108361a5f5242&imageMogr2/format/webp)
/0/21846/coverorgin.jpg?v=07d8ac6acb23757795f9acd2d8182ea9&imageMogr2/format/webp)
/0/19345/coverorgin.jpg?v=02a18e263eab0f1722218b759ea2387c&imageMogr2/format/webp)
/0/11877/coverorgin.jpg?v=b12720d2d9787e6861580364b12cb13b&imageMogr2/format/webp)
/0/18808/coverorgin.jpg?v=ad057ddb730091c031552cd81a5315ac&imageMogr2/format/webp)
/0/589/coverorgin.jpg?v=e348841df01959380d94d556b8b2f4df&imageMogr2/format/webp)
/0/21701/coverorgin.jpg?v=085963ca182c9d3d6d010529966894d3&imageMogr2/format/webp)
/0/17710/coverorgin.jpg?v=1b2071774314852e95e9a362b871064d&imageMogr2/format/webp)
/0/21228/coverorgin.jpg?v=e557a3d39107dea3fb3c5947c2f71fbc&imageMogr2/format/webp)
/0/18150/coverorgin.jpg?v=cbe676df0b779925bf8632a686d98a03&imageMogr2/format/webp)
/0/16434/coverorgin.jpg?v=297725ae3ca13a23351b42a1c847f331&imageMogr2/format/webp)
/0/18067/coverorgin.jpg?v=eb147f3730f9015c99a7fa9fcc07a3b6&imageMogr2/format/webp)