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-¿Vas a irte sin decir nada... otra vez?
La voz de Valeria tembló en medio de la sala silenciosa.
Frente a ella, Daniel cerraba su maleta con calma, como si aquella pregunta no significara nada. El sonido del cierre resonó en el apartamento vacío.
-No hagas esto más difícil de lo que ya es -respondió él, sin mirarla.
Valeria sintió que algo dentro de su pecho se rompía.
Durante cuatro años había estado a su lado. Cuatro años esperando que Daniel dejara de comportarse como un extraño en su propia casa.
Caminó lentamente hacia él.
-¿Difícil? -susurró con una sonrisa amarga-. Daniel, llevas meses desapareciendo noches enteras... contestando llamadas en secreto... ¿y ahora dices que soy yo quien lo hace difícil?
Daniel finalmente levantó la mirada.
Sus ojos oscuros parecían esconder algo más profundo que el cansancio.
-No entenderías.
-¡Entonces explícamelo! -exclamó ella.
El silencio que siguió fue pesado.
Afuera comenzaba a llover.
Daniel observó la ventana por unos segundos, como si aquella lluvia tuviera todas las respuestas.
-Valeria... -murmuró finalmente-. Hay cosas que es mejor no saber.
Ella soltó una risa breve, incrédula.
-¿Sabes qué es lo peor? -dijo con los ojos brillantes-. Que todavía te creo cuando dices eso.
Se acercó un paso más.
Tan cerca que podía sentir su respiración.
-Pero hoy no voy a dejarte ir sin respuestas.
Daniel apretó los puños.
Durante un instante pareció debatirse consigo mismo.
-Si te lo digo... -murmuró-. Nada volverá a ser igual.
Valeria sostuvo su mirada sin apartarse.
-Daniel -susurró-. Hace mucho que nada es igual.
Un trueno iluminó la habitación.
Y por primera vez en meses, Daniel pareció quebrarse.
-No soy quien crees -dijo finalmente.
El corazón de Valeria se detuvo.
-¿Qué...?
Daniel respiró hondo.
-Antes de conocerte... yo ya tenía otra vida. Un trabajo del que nunca podía hablar. Un trabajo que ahora me ha encontrado otra vez.
Valeria frunció el ceño.
-¿Qué clase de trabajo?
Daniel dudó.
Pero ya no había vuelta atrás.
-El tipo de trabajo que hace que algunas personas... desaparezcan.
La lluvia golpeó las ventanas con más fuerza.
Valeria sintió un escalofrío recorrer su espalda.
-¿Estás diciendo que...?
-Sí -interrumpió Daniel con voz baja-. Soy el hombre que mandan cuando alguien quiere que un secreto nunca salga a la luz.
El mundo pareció detenerse.
Valeria retrocedió un paso.
-Entonces... -susurró- ¿todo este tiempo... me mentiste?
Daniel la miró con una tristeza que ella nunca había visto antes.
-No -respondió-. Todo este tiempo... intenté protegerte.
Pero en ese momento, el teléfono de Daniel vibró.
Ambos miraron la pantalla.
Un nombre apareció en ella.
"Objetivo confirmado: Valeria Rojas."
El rostro de Daniel perdió todo color.
Valeria no entendía lo que significaba...
pero el miedo en los ojos de Daniel fue suficiente para saber una cosa.
Su vida acababa de cambiar para siempre.
La lluvia golpeaba las ventanas del apartamento con una insistencia casi hipnótica. Afuera, las luces de la ciudad se reflejaban sobre el pavimento mojado como pequeños espejos rotos.
Valeria permanecía inmóvil en medio de la sala.
El silencio entre ella y Daniel era tan pesado que parecía llenar cada rincón del lugar.
-¿Vas a explicarme qué significa eso? -preguntó finalmente.
Daniel sostenía el teléfono con fuerza. Sus nudillos estaban blancos.
En la pantalla todavía brillaba el mensaje:
"Objetivo confirmado: Valeria Rojas."
Durante unos segundos nadie habló.
Daniel apagó el teléfono lentamente.
-No es lo que parece -dijo.
Valeria soltó una risa corta, nerviosa.
-¿Ah, no? Porque desde donde yo lo veo... parece que alguien te pagó para matarme.
Daniel cerró los ojos un momento.
-Escúchame...
-¡No! -lo interrumpió ella-. Esta vez tú vas a escucharme a mí.
La lluvia aumentó de intensidad, como si la tormenta quisiera ser testigo de aquella conversación.
Valeria respiró profundamente antes de continuar.
-Cuatro años, Daniel. Cuatro años viviendo juntos. Pensé que te conocía.
Su voz tembló.
-Pensé que éramos una familia.
Daniel levantó la mirada hacia ella.
En sus ojos había algo que Valeria nunca había visto antes: miedo.
-Yo también lo pensé -susurró.
Valeria frunció el ceño.
-¿Qué significa eso?
Daniel caminó lentamente hacia la ventana.
-Significa que cuando te conocí... creí que podía dejar todo atrás.
-¿Todo qué?
-Mi trabajo. Mi pasado.
Valeria cruzó los brazos.
-Entonces empieza a hablar.
Daniel suspiró.
-Hace años trabajaba para una organización privada.
-¿Una empresa?
-No exactamente.
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