AlisTae
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Libros y Cuentos de AlisTae
El Duelo del Alma
Xuanhuan El frío de la habitación me golpeaba el rostro, un recordatorio gélido de mi último aliento en esa otra vida, la que acababa de terminar.
El dolor en mi pecho no era físico, era el peso de la traición de mi propia sangre, mi prima Isabella.
Su sonrisa triunfante, la expulsión, la falsa acusación, el honor robado por el diseño de mi abuela... todo se repetía como una pesadilla interminable.
Caí en la oscuridad, el fin.
Pero reabrí los ojos, el corazón como un tambor. La luz solar en mi viejo cuarto de la academia, la fecha del concurso. No estaba muerta, había regresado.
Al instante previo de la catástrofe.
Los recuerdos inundaron mi mente: los ojos de serpiente de Isabella, la espalda de Marco, la soledad y desesperación. ¿Cómo pudieron esos a quienes amaba y confiaba, destruirme tan fríamente?
En mi vieja vida, ¿fui tan ingenua, tan ciega, para no ver la manipulación, el veneno disfrazado de miel?
Esta vez, no. Esta vez, el conocimiento es mi arma y el dolor mi combustible.
La puerta se abrió suavemente. ¡Ahí estaba ella, Isabella, con la misma sonrisa falsa, la bandeja de té y la mirada codiciosa!
Se acercaba a mi escritorio, a mi boceto. Pero esta vez, la ingenua Sofía había muerto.
No permitiré que este destino se repita. Se acabó el juego. La venganza es un plato que se sirve frío, y yo tengo un banquete esperando. El Corazón Traicionado Regresa
Fantasía En mi cumpleaños número veinticinco, mi mejor amiga Elena y mi novio Ricardo me entregaron un regalo que lo cambió todo. Era una cámara instantánea de color azul pastel, aparentemente inocente.
En mi vida pasada, esa cámara fue el inicio de mi infierno. La usé felizmente para fotografiar a mis padres, sin saber que era un objeto maldito que robaba la vida y la suerte de los fotografiados para dársela a la familia del fotógrafo. Pocos días después, mi madre murió en un accidente, y mi padre sufrió un derrame cerebral que lo dejó paralizado y sin habla. Nuestra empresa familiar se fue a la quiebra y Ricardo, aduciendo mala suerte, me abandonó.
Desesperada y sin un centavo, busqué a Elena, mi "hermana del alma". La encontré celebrando con Ricardo, ambos enriquecidos repentinamente, mientras sus padres, antes enfermos crónicos, ahora lucían sanos y rejuvenecidos. La traición me abrumó; ciega de dolor, corrí sin rumbo y un coche me atropelló.
Mi último pensamiento fue la cámara; todo había empezado con ella.
Pero ahora, he vuelto. Renací el día de mi cumpleaños, con la misma cámara en mis manos y el recuerdo vívido de mi trágica vida pasada.
No es para perdonar. Es para vengarme. El universo, o quien sea que maneje los hilos, me ha dado una segunda oportunidad, y esta vez, yo pongo las reglas. Venganza a Mi Esposo Cruél
Romance La música de la fiesta retumbaba, pero mi corazón solo podía escuchar el eco de una década, diez años con Miguel, el hombre que me quitó todo.
Frente a todos, Miguel levantó su copa, y soltó la bomba: "¡Isabel y yo vamos a tener un bebé!" . Mi mundo se hizo pedazos.
Luego, con una frialdad que helaba la sangre, me ordenó: "Isabel está embarazada, así que necesito que empieces a preparar nuestra boda. Recoge tus cosas y vete de la casa esta misma noche, ya no hay lugar para ti" .
Como si eso no fuera suficiente, exigió el collar de mi madre, "ese collar le quedará mejor a Isabel, dámelo" , y su madre añadió que necesitaban mi sangre para el bebé, "es tu deber ayudar" . Fui un objeto, una bolsa de sangre con patas.
¿Por qué siempre fui yo la que pagó? ¿Por qué, después de todo, seguían sacando de mí lo poco que quedaba? ¿Por qué esta humillación interminable?
Pero en el fondo de ese infierno, una chispa se encendió: mi escape, mi "muerte" y mi renacimiento. Mi historia no es de víctima, es de cómo Sofía rompió las cadenas para ser dueña de su destino. Justicia para mi hijo
Moderno El olor a cloro y a desinfectante barato se había vuelto mi perfume diario, un recordatorio constante de mi nueva realidad, muy lejos de la vida que conocía como la esposa de un respetado arqueólogo, Mateo.
Hace un año, Mateo desapareció en una expedición, dejándome ahogada en deudas y con nuestro hijo, Leo, gravemente enfermo, necesitando medicinas que el seguro no cubría.
Me desvivía, de guía turística por las mañanas a limpiadora por las tardes y vendiendo mis últimos objetos de valor por las noches, cada centavo para mantener a Leo con vida, mientras mi cuerpo y alma se desmoronaban.
Un día, limpiando un auto de lujo, vi una foto en el portarretratos digital de una camioneta: era Mateo, sonriendo junto a una mujer rubia, en una playa paradisíaca que nunca habíamos visitado.
La siguiente vez, la vi a ella, la "Sra. Valdés", bajando de la misma camioneta, mostrando la foto con una sonrisa, y un mal presentimiento me invadió.
La sospecha se volvió horror cuando, en la billetera olvidada de esa camioneta, encontré la licencia de Mateo y una foto de él con la Sra. Valdés y su hijo: eran una familia feliz, con la misma mujer que le había estafado diciendo ser inversionista.
Todo fue una farsa: Mateo no desapareció, nos abandonó, a mí y a su hijo enfermo, mientras construía una nueva vida de lujos con otra mujer, usándonos para su plan, su "inversión fallida" era un cruel engaño.
Me dejó en la miseria, mi hogar embargado, el futuro de Leo pendiendo de un hilo, todo para vivir su opulencia, comprando vestidos de diseñador para su amante mientras yo luchaba por cada dosis de mi hijo.
El dolor de su traición era tan físico, tan visceral, que me dejó sin aliento, una ola glacial de injusticia me recorrió, mi mundo explotó, revelando una verdad podrida.
¿Cómo pudo hacernos esto? ¿Cómo pudo ver a Leo, su propio hijo, como un "error"? La rabia y la desesperación me consumieron.
Pero la palabra "error" no rebotaría en vano; mi hijo no sería un peón, y ellos pagarían por cada lágrima, cada humillación, y por la vida que me arrebataron. El Secreto de La Esposa Torpe
Urban romance El olor a cempasúchil y copal en el aire debía ser festivo, pero para mí se sentía como un presagio.
En el festival de Día de Muertos de mi hija, creía ser una esposa feliz, una restauradora de arte que había elegido una vida sencilla con el hombre que amaba.
Entonces lo vi. Mi esposo, Iván, no solo estaba allí sino que posaba como un padre de familia con su joven interna, Scarlett, y su hijo.
Mi corazón se hizo pedazos al instante.
Intenté ignorarlo, pero la humillación pública apenas acababa de empezar.
En un juego de costales, Scarlett me hizo tropezar deliberadamente, y ante los ojos de todos, Iván la ayudó a ella, me acusó de hacer trampa y consiguió mi descalificación.
La gente a nuestro alrededor murmuraba, elogiando su "amabilidad" con su empleada y tildándome de "torpe esposa".
Esa noche, mientras mi hija Luciana ardía en fiebre, incapaz de conducirla al hospital por mi tobillo lesionado, llamé a Iván.
Fríamente, me dijo que Luciana era solo una excusa para "llamar la atención", que antes de ayudarme, debía disculparme con Scarlett, quien "había llorado todo el camino a casa".
Escuché la voz melosa de Scarlett de fondo, llamándolo "cariño" y pidiéndole que le diera la cena a su hijo.
Iván, con una ternura que nunca me había mostrado, le respondió con amor antes de volver a mí con una voz de acero: "Tengo cosas más importantes que hacer. Ocúpate de tus propios problemas".
Me colgó.
¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude no ver que mi propia vida se desmoronaba mientras él construía otra, paralela, con otra mujer y un hijo?
En ese momento, el amor que sentía por Iván murió, ¡y en su lugar nació una fría y dura resolución! De Esposa Ignorada a Reina del Vino
Moderno Mi vida en la imponente mansión Vega Torres era una sinfonía de viñedos y la pasión por el vino que yo cultivaba con devoción.
Yo, Sofía Martín, era la silenciosa fuerza y la verdadera gestora detrás del éxito de la aclamada bodega familiar.
Pero una tarde teñida de luto y cera de abeja, la voz de mi tía Carmen, calculadora y fría, clavó una daga en mi corazón.
Mi pobre prima Isabel, viuda joven, hermosa y, lo más importante, sin hijos, necesitaba un heredero.
Y el elegido para esa "noble causa" y para asegurar la herencia del torero muerto, era mi propio marido, Javier.
Él evitó mi mirada, concentrado en la alfombra persa, cómplice de la aberración más indignante.
El frío subió por mi espalda, el aire era denso con la expectativa de mi forzoso "consentimiento".
Poco después, con una sonrisa triunfante que destilaba veneno, Isabel entró a mi cocina y anunció su embarazo.
El amor que sentía por Javier se pudrió, dejando un vacío inmenso, un desierto en mi alma.
Pero el golpe final, el que transformó el dolor en una furia incontrolable, sucedió cuando mi hija Valentina, de seis años, intentó defenderme de la incesante humillación pública.
Javier, en un arrebato de ira y para proteger su frágil masculinidad ante su amante, le propinó una bofetada que resonó en el gran salón como un disparo.
En ese instante de brutalidad insondable, todo dentro de mí se rompió para siempre, y la calma se convirtió en un fuego abrasador.
¿Cómo pudieron osar mis propios supuestos seres queridos -mi marido, su familia- exigir tal sacrificio, llegando a humillar y dañar a una niña inocente por la obsesión con un apellido y una falsa herencia?
La esposa sumisa Sofía había muerto en ese preciso momento.
En su lugar, nació una estratega implacable, con la mente clara y un único objetivo inquebrantable: no solo me iría, sino que me aseguraría de arrasar con todo lo que valoraban.
Su arrogancia les haría firmar su propia ruina.
Mi venganza había comenzado, y no pararía hasta ver el prestigioso nombre de Vega Torres reducido a cenizas, y el mío, Sofía Martín, erguirse triunfante. Le puede gustar
La Misión Imposible
Valentina AA Morir por octava vez se siente extrañamente familiar, un dolor sordo y cansado.
Abrí los ojos al mismo techo blanco de siempre, sin cicatrices, pero mi alma se sentía vieja y agrietada.
He renacido, otra vez, la novena.
Ocho vidas persiguiendo el amor de mi tía, Isabella Solís, y ocho vidas terminando en una muerte horrible a manos de ella o su amado, Alejandro Vargas.
"No lo haré," susurré al aire, mi voz ronca. "Esta vez, no."
Preferiría morir en libertad que vivir un día más como su títere.
La voz del sistema resonó: [Misión principal: Conquistar el corazón de Isabella Solís. Penalización por fracaso: Muerte y reinicio.]
La puerta se abrió. Isabella entró, letal en rojo, con Alejandro sonriendo a su lado.
"Diego, por fin despiertas," dijo Isabella, sin una pizca de calidez.
No me desmayé, me empujaron por las escaleras.
"Estoy bien," respondí, mi voz plana.
Isabella frunció el ceño. "¿Qué es esa actitud? Eres una carga constante."
Ella tiró el relicario de mi madre por la ventana. "Tus padres eran tan débiles como tú. Por eso murieron."
"No importa", dije, mi voz extrañamente tranquila. "Ya no necesito nada de esto."
Intenté escapar. Mi abuelo me dio dinero y llaves para una cabaña en las montañas.
Pero Isabella y Alejandro me tendieron una trampa. Quemaron el dinero y aplastaron las llaves.
Me encerraron en el sótano, me torturaron. No me di por vencido.
En un último acto, me apuñalé el cuello para escapar del ciclo.
Pero desperté en el hospital, vivo, para mi eterno pesar.
Vi mi reflejo en los ojos de Sofía, una artista que me encontró en mi refugio.
Ella me dio esperanza, pero Isabella la agredió salvajemente.
Mi nueva misión no es escapar, es la venganza.
Isabella y Alejandro murieron en un accidente, resultado de mis manipulaciones.
El sistema se desintegró.
Ahora soy libre, por fin.
Sofía y yo construimos una vida, una familia, un legado de arte y amor.
El ciclo se rompió. Amor Enterno Después de Todo
Joshua Damiani El video explotó en internet. Marc Solís, mi exnovio e influencer, publicó un video editado cruelmente, diseñando mi humillación pública. Fui retratada como una "trepadora" desesperada, rogando por fama.
Los comentarios se desataron: "¡Qué arrastrada!", "Pobre Marc, se quitó un peso de encima". Miles de sus "leones" inundaron mis redes con insultos, memes y amenazas. Mi imagen, símbolo de mujer patética, estaba por todas partes. Mi teléfono no paraba de sonar, mis amigos, colegas, todos preocupados, pidiéndome que lo demandara, que lo desenmascarara, pero no contesté.
Miraba la pantalla, una calma inquietante me invadía. Esto no era sorpresa, era una prueba. Después, Marc me llamó por videollamada, arrogante: "¿Disfrutando tus cinco minutos de fama? Tráeme un café de tu cafetería favorita, tienes una hora, transmítelo en vivo, para que mis leones vean tu 'arrepentimiento' ". Asentí, salí, y la transmisión comenzó, la gente se mofaba.
Luego, Marc volvió a llamar: "Cambio de planes, quiero que camines descalza desde aquí a la fuente de la Cibeles, para que todos vean tu arrepentimiento". Sin dudar, me quité los zapatos. El dolor era intenso, pero lo soportaba no por Marc, sino por mi propia purificación. Llegué sangrando, exhausta, justo cuando Marc apareció con Ximena, su nueva conquista.
Ximena me humilló; Marc la besó, declarándole su "reina". Me quedé sola, descalza, humillada. Pero en mis ojos brilló un triunfo. La prueba se intensificaba, y yo estaba lista. De repente, Ximena fingió un desmayo, y Marc, con una crueldad medieval, me ordenó: "Vas a caminar de rodillas hasta la Basílica de Guadalupe, rezando por la salud de Ximena, para expiar el daño que le has hecho". Mis amigos horrorizados me rogaron que no lo hiciera.
"Lo haré" , le respondí con firmeza, "pero no lo haré por ti, ni por ella, lo haré porque es parte de mi propio camino, y cuando llegue, no rezaré por su salud, rezaré por mi propia liberación" . Marc, ignorando mi verdadero propósito, solo vio sumisión. Me arrodillé, el dolor insoportable, pero cada herida era una ofrenda a mi misión secreta. Horas después, al llegar a la Basílica, me desplomé inconsciente.
En el hospital, Ximena me atacó, Marc me abofeteó, gritando: "¡Eres violenta y peligrosa! ¡Esto es justicia!". Mi mejilla ardía, pero una extraña alegría me invadió. Sonreí. "Gracias", susurré. Marc, aturdido, se fue. Meses después, Ximena enfermó, necesitando un riñón compatible.
Marc apareció: "Quiero que le des tu riñón. Si lo haces, te casarás conmigo". Recordé que fui yo quien lo salvó en un accidente, no Ximena. "No", le dije. Él, creyendo que eran celos, me amenazó: "¡Entonces te haré la vida un infierno!". El acoso se intensificó, pero yo continuaba, esperando el siguiente paso. Entonces, mi destino se reveló en un sueño: la donación del riñón era la culminación de mi ascenso espiritual. Le di mi riñón a Ximena. Durante la cirugía, mi cuerpo se disolvió en luz, mi alma ascendió, y mi conciencia se convirtió en una entidad divina. Marc, sin saberlo, había sido un instrumento en mi liberación.
¿Cómo cambió la vida del arrogante influencer Marc Solís cuando finalmente descubrió la verdad de lo que había hecho? ¿Y qué significado tendría su "amor" cuando ya era demasiado tarde? Me Alejó, Ahora Me Persigue
Chang Wei Tu Tu Renací el día de mi quincuagésima sexta confesión pública a mi tutora, Carlota Mayo. En mi vida pasada, mi obsesión la había destruido, llevándola a un matrimonio miserable y a su muerte mientras me salvaba. Esta vez, juré arreglarlo.
Para empujarla hacia el hombre que realmente amaba, llamé a Horacio Franco para que viniera. Pero en el momento en que llegó, un pesado reflector del escenario se estrelló en el suelo entre ellos. De inmediato, Horacio gritó que yo había intentado matarlo.
Carlota, la mujer por la que di mi vida, le creyó al instante.
De vuelta en la casa, me sirvió una sopa con cacahuates, sabiendo que tengo una alergia mortal. Mientras mi garganta se cerraba, él "accidentalmente" tiró el EpiPen de mi mano y convenció a Carlota de que estaba teniendo un episodio violento.
Ella me vio asfixiarme, con el rostro lleno de asco.
"Llévenlo al cuarto frío del sótano", ordenó a seguridad. "Que se enfríe un poco".
La mujer que una vez me llevó de urgencias al hospital por esta misma alergia, ahora me veía como un monstruo.
Mientras me arrastraban, miré hacia atrás una última vez. Por encima del hombro de Carlota, Horacio me miraba directamente.
Estaba sonriendo.
Finalmente lo entendí. Mi obsesión no era el único veneno en nuestras vidas. Era él. Y esta vez, no la salvaría de mí. La salvaría de él. La Venganza de La Ingenua
Robena Puccino El olor a metal y la sangre llenaban mis pulmones.
En mi vida pasada, morí sola en la carretera, abandonada por mi hermano Mateo y nuestra prima Isabella, quienes se negaron a llevarme al hospital.
Dijeron que exageraba un dolor de estómago para arruinar la fiesta de cumpleaños de Isabella. Era apendicitis, que se volvió peritonitis.
Vi mi propio funeral, a mi abuela Elena destrozada por el dolor, y a Mateo e Isabella celebrando, destruyendo el legado familiar que tanto amaba.
La traición me consumió, y mi abuela, con el corazón roto, me siguió poco después.
Hasta ahora.
Un chirrido de neumáticos y un golpe seco. El mismo accidente, el mismo día fatídico que me llevó a la tumba.
Pero esta vez, estaba aquí, y mi abuela yacía inconsciente a mi lado.
En mi vida anterior, la llamé a ellos primero, lo que nos costó todo.
Esta vez no. Mi cerebro trabajó a una velocidad vertiginosa.
No podía depender de Mateo, ni de Isabella.
Saqué mi teléfono, llamando a emergencias, asegurándome de que esta vez, mi abuela viviría.
Pero la supervivencia de mi abuela dependía de una transfusión de sangre O negativo, un tipo de sangre casi imposible de encontrar.
Contacté a Mateo e Isabella, quienes compartían el mismo tipo de sangre, y les rogué ayuda.
Ellos, ciegos por la codicia y la manipulación de Isabella, se burlaron, acusándome de arruinar su fiesta de cumpleaños.
El médico corroboró la urgencia de sangre, pero respondieron con crueldad, colgándome.
Me sentí completamente sola, con el pánico invadiéndome mientras buscaba desesperadamente donadores.
Cuando encontré un donador, Ricardo, Mateo e Isabella lo contactaron, mintiéndole y persuadiéndolo de no venir.
La vida de mi abuela pendía de un hilo, y ellos estaban dispuestos a dejarla morir por un capricho.
Pero no esta vez. No iba a suplicarles. Iba a luchar.
Ya no era la nieta ingenua que confiaba ciegamente en su familia. La muerte me había enseñado la lección más dura de todas.
El dolor insoportable se transformó en una furia helada.
Conseguí contactar a una red privada de donación de sangre y pagué una fortuna, era nuestra última esperanza.
Cuando el Dr. Ramos, influenciado por Mateo, intentó evitar la donación, el infierno se desató.
¡No dejaría que la historia se repitiera! Mi abuela viviría, y ellos pagarían por todo el daño causado. El Precio de la Bondad Perdida
Fifine Schwan Elvira se mordió la lengua con una amargura que conocía bien, las picaduras de alacrán devorando su carne, un final traicionado para una vida de servicio.
De repente, un estruendo la sacudió, el olor a polvo y ganado asustado llenó sus pulmones. No estaba muerta, estaba de pie, la sangre aún no corría por su boca, su rancho estaba en caos, y una estampida de toros, igual que la última vez, se dirigía a los invitados de la familia Del Valle.
Recordó con escalofríos cómo, en su vida pasada, por salvarlos, la "dulce" Sofía Del Valle la drogó, secuestró y arrojó a un pozo de alacranes. Escuchó su risa y las horribles palabras: "¡Quiero que lo acompañes en la muerte!".
Sintió cada picadura, cada gramo de su piel siendo devorado en la agonía, mientras la gente que había salvado se asomaba para ver el espectáculo, riendo.
¿Por qué esa bondad se pagó con una muerte tan horrible? ¿Por qué la traicionaron de esa manera?
Esta vez, al despertar en el mismo instante preciso de la estampida, Elvira sintió una calma helada, su corazón transformado en piedra. Si su bondad se pagaba así, que se las arreglaran solos. La Resurrección de Ximena
Elfreda Allaway Era la nonagésima novena vez que moría por Sebastián.
El chirrido ensordecedor de los neumáticos, el giro descontrolado y el impacto brutal me arrojaron contra el muro, mientras su amante, Valentina, observaba paralizada.
Sentí mis huesos romperse y mi aliento huir, pero al ver el alivio en sus ojos por la seguridad de "su luz de luna", supe que no había preocupación por mí.
Una vez más, mi sangre manchó el asfalto bajo el sol inclemente, y él, sin pensarlo dos veces, me empujó frente a ella.
Cuando desperté en la camioneta, Sebastián, con su desprecio habitual, me exigió disculpas por asustar a Valentina y a "su bebé" que venía en camino, un vientre apenas visible que era su arma.
Me ordenó no manchar la camioneta con mi sangre, y al llegar a la mansión, el mayordomo me bañó a presión para no ensuciar las alfombras, mientras Valentina me ofrecía un mango, sabiendo mi alergia mortal.
Me pregunté por qué seguía viviendo este infierno, por qué mi cuerpo se negaba a la muerte definitiva.
El ciclo de noventa y nueve muertes y resurrecciones, cada una más dolorosa, me había dejado al borde del abismo.
Tomé el mango, buscando la muerte número cien, la liberación, pero él, en un acto de furia posesiva, me hizo vomitar, gritando: "¡Tu vida me pertenece!".
Mi frustración llegó al límite, pero en sus palabras sobre diseccionarme en un laboratorio para proteger "el bebé de Valentina", encontré una extraña esperanza.
Este era el camino. Luchando Por Mis Hijos
Zi Ya No quería que nacieran todavía, aferrándome a la esperanza de un destino diferente.
Pero mientras las contracciones me desgarraban, la televisión de la sala de espera gritaba una verdad horripilante: mi esposo, Alejandro, proclamaba su amor inquebrantable por Eva, mi prima, la mujer que en mi vida pasada me robó a uno de mis gemelos y me encerró en un psiquiátrico hasta morir.
Esta vez, el golpe fue doble: el dolor de su traición y el recuerdo vívido de mi infierno anterior, con la imagen de mi bebé arrebatado grabada a fuego.
Él y sus hombres irrumpieron en mi habitación, arrastrándome al quirófano como una bestia, ignorando mis súplicas y mi avanzado embarazo.
Allí, Eva, con su sonrisa de ángel y lágrimas falsas, susurró mentiras sobre mi cordura, mientras Alejandro, el hombre que juró amarme, me abofeteaba, me humillaba y ordenaba que me sedaran para quitarme a mis hijos.
¿Cómo era posible que volvieran a hacerme esto? ¿Qué había hecho para merecer tal crueldad, una y otra vez?
Esta vez, no moriré sin luchar; esta vez, protegeré a mis hijos y haré que paguen por cada gota de mi dolor. Mi Venganza Nace del Amor Roto
Vivie Doeringer Hoy, mi algoritmo "Anima Conexión" debía elegir a mi socio.
En mi vida pasada, este mismo día fue el inicio de mi infierno. Lo manipulé para que Ricardo Montemayor, el hombre que yo amaba con locura, fuera el elegido.
Juntos construimos un imperio, solo para que él me despidiera y me humillara públicamente, acusándome de ser una farsante.
"¡Por tu culpa, Sofía tuvo que casarse con otro y sufrir! ¡Ella era el amor de mi vida y tú te interpusiste con tus trucos! ¡Ahora paga por tus pecados!" me escupió, revelando su traición.
Lo perdí todo: mi empresa, mi fortuna, mi dignidad. Morí sola, con el corazón roto, mientras Ricardo y Sofía anunciaban su compromiso.
¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo mi amor pudo cegarme ante su verdadera naturaleza?
Pero el destino, o la energía de mi abuela, me dio una segunda oportunidad. Desperté de nuevo, con todos los recuerdos intactos. Esta vez, "Anima Conexión" elegiría libremente.
Ricardo volvió a aparecer, tan arrogante como siempre. "Todos aquí sabemos que yo soy la única opción lógica. Saltémonos el teatro y anuncia mi nombre."
Pero ya no era la misma Ximena. Mi algoritmo estaba listo para revelar la verdad, y yo, para enfrentarme a mi pasado. Cicatrices del Pasado: Mi Segunda Vida
Flossi Housley El aire de la Finca Castillo, el que una vez consideré mi hogar, olía a tierra húmeda y a vino fermentado, presagio de mi tumba.
Acababa de dar a luz a mis gemelos y Máximo, mi esposo, se preparaba para la cruel ceremonia que en mi vida pasada nos había aniquilado.
En aquella vida, su amante Luciana y su hijo murieron por mi culpa, o así lo creyó él, y Máximo nos arrastró a mí y a mis bebés hasta el cercado de los toros de lidia, donde morimos embestidos.
¡Pero ahora estoy de vuelta! Renací en el mismo día del parto, con el recuerdo de aquella agonía grabado en mi alma.
Esta vez, manipulé la ceremonia para que el hijo de Luciana fuera declarado el "Primer Heredero", luego le pedí el divorcio para escapar con mis hijos.
Pero la perversa Luciana me acusó de liberar un lince y de brujería, y hasta de envenenar a mi propia hija.
Máximo, ciego de amor y odio, me creyó un demonio, negando asistencia médica a mi Catalina, que ardía de fiebre, y torturándome con arañas venenosas.
¿Cómo pudo un hombre al que amé tanto volverse tan cruel, tan ciego ante la verdad que le gritaba a la cara?
Al borde de la muerte, sin esperanza y viendo cómo mis hijos se apagaban, mi tío, con una operación secreta, fingió nuestras muertes y nos sacó de aquel infierno, dándome una segunda oportunidad para reescribir mi destino.