/0/22038/coverorgin.jpg?v=29a605a32c97a72a68746b2a83625212&imageMogr2/format/webp)
Perdí mi pierna por salvar a mi esposo, Maximiliano. Mi carrera como bailarina de ballet se acabó, pero mi madre, en su lecho de muerte, había conseguido un trasplante de corazón perfecto para mi hermana, Sofía. Teníamos esperanza.
Pero Maximiliano regaló ese corazón. Él y su amante lo usaron como moneda de cambio en un negocio.
Sofía murió.
Cuando lo enfrenté en el hospital, me aventó contra la pared. La caída no solo hizo añicos mi mundo; provocó que perdiera al bebé que no sabía que llevaba dentro.
En una sola noche, me arrebató a mi hermana y a mi hijo.
Mientras yacía sangrando en el suelo, miré al hombre por el que una vez sacrifiqué todo y le hice una promesa.
—Te vas a arrepentir de esto por el resto de tu vida.
Me divorcié de él y desaparecí.
Un año y medio después, me encontró. Era un hombre destrozado, suplicando mi perdón.
Lo miré a los ojos y le di mi respuesta final.
—Para un asesino no hay segundas oportunidades.
Capítulo 1
Punto de vista de Elena:
Desearía haber muerto en su lugar. Lo deseé desde el momento en que Maximiliano me dijo que el corazón ya no estaba, que se lo habían arrebatado para dárselo a alguien más, dejando que Sofía se marchitara. El aire se me atoró en la garganta, un sonido áspero y desesperado que apenas reconocí como mío. Avancé a tropezones, mi prótesis arrastrándose ligeramente. El suelo frío y estéril del hospital era una burla cruel a mi esperanza destrozada.
—Maximiliano, por favor —logré decir con la voz ahogada, ya rota por horas de llanto y súplicas. Mis manos, temblando sin control, se aferraron a la solapa de su saco de diseñador. —Tienes que recuperarlo. Me lo prometiste. Se lo prometiste a Sofía.
Me miró. Sus ojos, usualmente tan agudos y calculadores, ahora estaban nublados por una dureza que no le conocía. Se apartó de mí, su movimiento sutil pero firme, cortando la última conexión física entre nosotros. El aire a su alrededor se sentía más helado que la noche de enero afuera.
—Elena, ya hablamos de esto —dijo, con un tono plano, vacío de cualquier emoción genuina. Era el mismo tono que usaba para descartar una mala inversión. —Ya está hecho. El corazón ya no está disponible. No hay nada más que hacer.
Mi cabeza se echó hacia atrás como si me hubiera abofeteado.
—¿Nada más que hacer? —mi voz se alzó, quebrándose con incredulidad. —¿Ese corazón era para Sofía! ¡El último regalo de mi mamá! ¡Ella lo arregló todo antes de morir, Maximiliano! ¡Era una compatibilidad perfecta!
Suspiró, una exhalación larga e impaciente que me heló la sangre.
—Elena, contrólate. Este drama incesante es patético. —Miró a su alrededor, al pasillo desierto del hospital, como si temiera que alguien presenciara mi colapso. —Era una donación dirigida para un paciente en estado crítico. Estas cosas pasan.
—¿Estas cosas pasan? —repetí, las palabras con un sabor amargo en mi boca. Mi madre, mi mamá abnegada y amorosa, había pasado sus últimos días asegurándose de que Sofía viviera. Había encontrado un donante, asegurado la compatibilidad, orquestado todo, incluso desde su lecho de muerte. Este corazón no era solo una maravilla médica; era el testamento del amor agonizante de una madre.
—¡No era solo "un corazón", Maximiliano! —grité, mi voz resonando en las paredes silenciosas. —¡Era el último deseo de mamá! ¡Su legado! ¡Hizo esto por Sofía, por nosotras!
Lo empujé para pasar, mi corazón martilleando contra mis costillas, un tamborileo desesperado que anunciaba la catástrofe. Tenía que llegar con el director del hospital, con los doctores, con cualquiera que me escuchara. Esto no podía estar pasando. Esto no podía ser el final. Pero Maximiliano me agarró del brazo, su agarre como de hierro.
—¿A dónde crees que vas? —exigió, su voz baja y amenazante.
—¡A arreglar esto! —gruñí, tratando de zafarme. —¡Voy a hacer que lo devuelvan! ¡Sofía lo necesita, Maximiliano! ¡Se está muriendo!
Simplemente apretó más fuerte, sus ojos clavados en los míos.
—No hay nada que arreglar. El corazón está siendo preparado para su receptor en este mismo momento. Cualquier interferencia solo te causará problemas. Y a mí también.
Sus palabras fueron un golpe físico, peor que cualquier puñetazo. Mi cuerpo se desplomó, la lucha se desvaneció de mis extremidades. Lo miré fijamente, realmente lo miré, como si lo viera por primera vez. El hombre que había amado, el hombre con el que me había casado, el hombre por el que había sacrificado mi pierna, mi carrera, mi futuro entero. Ahí estaba, impasible, un extraño.
—De verdad no te importa, ¿verdad? —susurré, mi voz apenas audible. —No te importa que Sofía se esté muriendo. No te importa que el último deseo de mi madre esté siendo profanado. Nunca te importamos, ¿o sí?
Un destello de algo —¿fastidio? ¿culpa?— cruzó su rostro, pero fue reemplazado rápidamente por su habitual máscara de desdén.
—No seas ridícula, Elena. Claro que me importas. Pero esta… esta obsesión con tu hermana no es sana. Y francamente, te estás poniendo histérica.
Histérica. Esa palabra, tan a menudo usada para descalificar las emociones válidas de una mujer, se sintió como un hierro candente. Me recordó a incontables otras veces en que había menospreciado mis sentimientos, torciendo mi realidad hasta que dudaba de mi propia cordura. Le llaman *gaslighting*. Yo lo llamaba una muerte lenta y agónica de mi espíritu.
—¿No es sana? —reí, un sonido roto y sin humor. —Mi hermana pequeña está en esa habitación, apagándose, ¿y llamas a mi preocupación "no sana"? ¿Qué clase de monstruo eres?
Antes de que pudiera responder, una voz familiar y empalagosamente dulce ronroneó detrás de él.
—¿Está todo bien, cariño? Sabes cómo me estreso cuando las cosas no marchan sobre ruedas.
Bárbara. Por supuesto.
Salió de las sombras, su melena rubia perfectamente peinada brillando bajo las luces del hospital, su vestido de diseñador impecable. Se movía con una gracia natural que se burlaba de mi propio cuerpo roto. Deslizó su brazo por el de Maximiliano, su mirada recorriéndome con una lástima despectiva que me revolvió el estómago.
—Elena —dijo, su sonrisa sin llegar a sus ojos. —Te ves… mal. Deberías ir a casa a descansar. Nosotros nos encargaremos de todo aquí.
—¿Ustedes se encargarán de todo? —escupí, mi mirada saltando entre ella y Maximiliano. —¿De qué exactamente te estás encargando, Bárbara? ¿Estás arreglando el robo de más corazones para tu "prima enferma"?
El agarre de Maximiliano en mi brazo se apretó dolorosamente, pero Bárbara simplemente soltó una risita, un sonido ligero y tintineante.
—Elena, querida, no seas tan dramática. Es una simple y desafortunada confusión. Estas cosas pasan en procedimientos médicos apresurados.
/0/21681/coverorgin.jpg?v=71e08a3b7a957ad60f1c76d90e4fb026&imageMogr2/format/webp)
/0/20013/coverorgin.jpg?v=da47077cec3900bad381596f73de077b&imageMogr2/format/webp)
/0/19063/coverorgin.jpg?v=fbd27fae5e3eb9e82e5cab1720253f69&imageMogr2/format/webp)
/0/19529/coverorgin.jpg?v=9ff4caeddf1ed28b993e3baa5d262dfa&imageMogr2/format/webp)
/0/21786/coverorgin.jpg?v=ec4367e84a812a371faa54351665993f&imageMogr2/format/webp)
/0/19600/coverorgin.jpg?v=9ffac9666bfd537321c12bb4acc1602a&imageMogr2/format/webp)
/0/19655/coverorgin.jpg?v=bb7c9b7ccfedfcddcd1e2a83f52904c0&imageMogr2/format/webp)
/0/21653/coverorgin.jpg?v=a6f29e59377c72934d3bf8fd6927662f&imageMogr2/format/webp)
/0/21837/coverorgin.jpg?v=afd6e44cd57b9a749807e0588aff8975&imageMogr2/format/webp)
/0/19173/coverorgin.jpg?v=f82abd372dcd6ba564346862ebb0976b&imageMogr2/format/webp)
/0/19059/coverorgin.jpg?v=371f5bd8c14faa4bb3c7e09809bd9ad5&imageMogr2/format/webp)
/0/18002/coverorgin.jpg?v=203dd9264c61b9bcb9fae314d6a21f92&imageMogr2/format/webp)
/0/20767/coverorgin.jpg?v=86192c40797636b00a95f8283659659d&imageMogr2/format/webp)
/0/19982/coverorgin.jpg?v=81e3cd670a2e5fdefa6b9e4f249b67ad&imageMogr2/format/webp)
/0/17775/coverorgin.jpg?v=1f136ba0af34739e186f8e3b248e6220&imageMogr2/format/webp)
/0/17976/coverorgin.jpg?v=72657b1b2cb3f88bfc3014e171bae243&imageMogr2/format/webp)
/0/21846/coverorgin.jpg?v=07d8ac6acb23757795f9acd2d8182ea9&imageMogr2/format/webp)
/0/19505/coverorgin.jpg?v=24ef4deb9ac989dda8a49010e73854b8&imageMogr2/format/webp)
/0/18808/coverorgin.jpg?v=ad057ddb730091c031552cd81a5315ac&imageMogr2/format/webp)