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"Melanie Scott, de veintiún años, se graduó con honores de la Universidad de Chanvale. Es muy sana y nunca ha tenido relaciones...".
El hombre sentado frente a Melanie cerró el documento tras leerlo en voz alta. Frunció el ceño y preguntó: "¿Segura que quieres hacer esto?".
Melanie, que lucía tan inocente y hermosa, se aferró con más fuerza al dobladillo de su vestido y respondió con ansiedad: "Sí. Necesito el dinero urgentemente".
"¿Cuántos necesitas?".
Melanie se quedó atónita por un momento. Con la cabeza gacha, murmuró: "Diez... Diez millones de dólares".
El hombre frunció más el ceño y dijo: "Como máximo, se tardaría un mes en quedar embarazada. Llevarás el embarazo a término, así que serán diez meses en total. Esto debe permanecer en secreto. Así que no tienes permitido salir de aquí ni contactar con nadie. ¿Puedes hacerlo?".
Melanie respiró hondo. Sus nudillos se pusieron blancos mientras decía con voz temblorosa: "Sí, puedo... pero con una condición".
"Dime", dijo el hombre, cruzándose de brazos.
"Después de firmar este acuerdo, tienes que transferir diez millones de dólares a mi cuenta bancaria en cuanto me quede embarazada. Necesito el dinero urgentemente".
¡Uf! ¡Qué joven tan codiciosa!
Un atisbo de desprecio cruzó la mirada del hombre. "No hay problema. Prepárate. Ese señor estará aquí a las ocho de la noche. Recuerda, esto no es un juego de niños. Es un hombre sensato. Será mejor que te quedes embarazada en un mes. Si no, puedes despedirte de los diez millones de dólares".
La noche cayó rápidamente. Ya casi eran las ocho.
Después de bañarse y cambiarse, Melanie fue enviada a una habitación de la villa. La habitación estaba tan oscura que temió haberse quedado ciega.
La habitación estaba en un silencio absoluto. El único sonido que oía era el tictac de un reloj en la pared.
Pasaron varios minutos mientras Melanie permanecía sola en la habitación a oscuras. De repente, la puerta se abrió y entró un hombre. Melanie no podía ver su figura, ni mucho menos su rostro. Estaba a punto de abrazarse a sí misma cuando el hombre la agarró y la tiró sobre la cama.
"¿Diez millones de dólares? ¡Qué mujer tan codiciosa!".
La fría voz del hombre rompió el silencio de la habitación. Melanie sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago.
Sujetándose el pecho, cerró los ojos con fuerza y se mordió el labio inferior hasta que un dolor más agudo le llegó al cerebro. Su voz tembló al decir: "Sigue adelante, ¿quieres? ¡Deja de decir tonterías!".
El hombre resopló con desdén. Al segundo siguiente, se abalanzó sobre ella con crueldad.
Era muy rudo.
Las lágrimas resbalaron por las comisuras de los ojos de la joven. Los cerró con fuerza y se mordió el labio inferior con fuerza, solo para afrontar el dolor que la desgarraba.
Lo hizo todo por su familia. Mientras sobreviviera esta noche, salvaría al Grupo Scott y su padre no tendría que ir a la cárcel solo por no poder pagar su deuda.
Impulsada por su ambición, Melanie rodeó el cuello del hombre con sus brazos mientras su mente adormecía el dolor. Apretó sus suaves labios rojos contra los de él y murmuró: "No me dejes".
El hombre gruñó y le susurró al oído: "Tú lo pediste. No te arrepientas después".
Para cuando terminó, ella no podía mover un dedo ni siquiera respirar tranquilamente.
A la mañana siguiente, Melanie se despertó con la cálida luz del sol en el rostro. Abrió los ojos y se encontró sola en la habitación. Aún intentaba mantenerse despierta cuando una criada abrió la puerta y le dijo con voz fría: "Si no estás embarazada en un mes, tienes que hacer las maletas e irte".
Apretando las manos con fuerza, Melanie rezó para quedarse embarazada antes del ultimátum.
El mismo proceso continuó durante seis noches más. En cada ocasión, Melanie sentía que estaba mejor muerta. ¡El hombre era una bestia!
Por suerte, se confirmó su embarazo aproximadamente un mes después.
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