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RUIDO DE PUERTA QUE RECHINA.
Adalberto: Hola, mi amor. ¡Aaah...!
María José: ¡Ah! ¡Pensé que no venías hoy!
Adalberto: Estoy... muerto.
María josé: ¿Qué haces acá? Este... digo... ¡Al fin llegás! ¿Qué pasó que viniste tan de noche? ¡No será que andás con esa secretaria tuya, ¿no?! ¡Mirá que te llamé hoy y me dijo «el patroncito va a trabajar toda la noche; así que por favor no lo moleste», haciéndose la de la voz sexi!
Adalberto: ¿Qué te pasa? ¿Celosa? ¡Además, no molestes a mi secretaria que trabaja como los dioses, eh!
María José: ¿Ah, sí? ¿Tan buena es?
Adalberto: ¡Si supieras los trabajos que hace esta... digo... que hacemos, que hacemos todos en la oficina! ¡Nos la pasamos laburando! ¡Se labura lindo ahora en la oficina!
María José: ¡Pero casualidad que llegás tarde desde que cambiaste de secretaria! ¡Por qué tenés que llegar tarde siempre! ¡Con tu secretaria anterior nunca llegabas tarde! ¡Al contrario: tratabas de venirte temprano siempre!
Adalberto: ¡Pero era una vie... una señora mayor! ¡Mira si me voy a quedar apret.. trabajando, trabajando hasta tarde con una pobre señora mayor! ¡Yo me venía temprano así ella se podía ir a descansar! ¿Entendés? Además ¡Deberías agradecer que llego tarde siempre! ¿Quién te pensás que te paga ese perfume que traes puesto?
María José: Siempre agradezco que llegués tarde...
Adalberto: ¿Cómo?
María José: ¡Que siempre agradezco los perfumes que me regalas!
Adalberto: A propósito... ¿Fuiste a algún lado, que estás tan arreglada?
María José: ¡Yo siempre estoy arreglada! ¡¿O necesito alguna razón para estar arreglada?!
Adalberto: ¡Y; con lo que tardas en arreglarte, parece venís de una fiesta!
María José: Sí, de una fiesta loca...
Adalberto: ¿Cómo?
María José: ¡Qué estás loco! ¿Cómo vas a decir eso? ¡Yo no vengo de ninguna fiesta con... con nadie! ¡¿Cómo vas a insinuar eso?!
Adalberto: ¡Bueno, che! ¡¿Por qué te enojas tanto?! ¡Era un comentario, nomás! ¡Me puedo equivocar, yo; ¿no?! ¡Es que te vi tan linda, tan arreglada que...!
María José: ¡Ay, gracias! ¡Pero qué cosas decís! Aunque tenés razón: Estoy muy pero muy linda.
Adalberto: En serio ¿A dónde ibas?
María José: A ningún lado ¿por qué?
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