Zi Ya
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Libros y Cuentos de Zi Ya
Mi Vientre, Su Infidelidad
Urban romance Creí que mi vida finalmente se completaba cuando el milagro de un embarazo, tan anhelado y costoso, anidó en mi vientre.
Pero la alegría se hizo añicos con una notificación de Instagram que reveló a mi esposo, Mateo, el mariachi que yo había impulsado con mi herencia, en los brazos de Sofía, su joven corista.
La imagen de ella sentada en su regazo, con un mensaje de "Te amo, mi mariachi", y su descarado comentario burlándose de mí, me heló la sangre.
Él llegó a casa, y en lugar de remordimiento, solo hubo excusas patéticas y un desprecio cruel: "Sofía me da vida. ¿Tú qué me das últimamente? Puras quejas."
Me culpaba a mí, a mi soledad, a mi deseo de ser madre, por su infidelidad.
"Querías inspiración. Aquí la tienes," le dije, marcando el número de mi padre, luego el de la clínica de fertilidad para un nuevo procedimiento.
"Sí, una interrupción. Nunca he estado más segura de nada en mi vida." Destino Escrito de Nuevo
Romance El sol de Jalisco ardía, y en la Hacienda Rojas, la tradición dictaba que yo, Sofía, eligiera a mi futuro esposo.
Pero mientras me ponía el vestido blanco, un recuerdo frío me invadió: en mi vida anterior, en este mismo patio, elegí a Ricardo.
Él, mi amor de la infancia, me llevó a la ruina, me quitó todo y me dejó morir sola en la miseria, mientras se reía con mi supuesta mejor amiga, Carmen.
Cerré los ojos ese día maldito, solo deseando una segunda oportunidad, un borrón y cuenta nueva.
Y ahora, abrí los ojos.
La gente murmuraba, mi abuelo me esperaba, y ahí estaban ellos, Ricardo y Carmen, con la misma sonrisa que en el pasado selló mi desgracia.
Miré a Ricardo, a su lado estaba Carmen, con una sonrisa que ahora me parecía una mueca venenosa.
Sentí una náusea. No volvería a cometer el mismo error.
Entonces, mi mirada se desvió, buscando entre la multitud.
Lo encontré apoyado contra una columna: Mateo Garza, nuestro ranchero rival, rudo y honesto.
La elección más ilógica, la más inesperada, la elección perfecta.
Tomé una decisión. Luchando Por Mis Hijos
Xuanhuan No quería que nacieran todavía, aferrándome a la esperanza de un destino diferente.
Pero mientras las contracciones me desgarraban, la televisión de la sala de espera gritaba una verdad horripilante: mi esposo, Alejandro, proclamaba su amor inquebrantable por Eva, mi prima, la mujer que en mi vida pasada me robó a uno de mis gemelos y me encerró en un psiquiátrico hasta morir.
Esta vez, el golpe fue doble: el dolor de su traición y el recuerdo vívido de mi infierno anterior, con la imagen de mi bebé arrebatado grabada a fuego.
Él y sus hombres irrumpieron en mi habitación, arrastrándome al quirófano como una bestia, ignorando mis súplicas y mi avanzado embarazo.
Allí, Eva, con su sonrisa de ángel y lágrimas falsas, susurró mentiras sobre mi cordura, mientras Alejandro, el hombre que juró amarme, me abofeteaba, me humillaba y ordenaba que me sedaran para quitarme a mis hijos.
¿Cómo era posible que volvieran a hacerme esto? ¿Qué había hecho para merecer tal crueldad, una y otra vez?
Esta vez, no moriré sin luchar; esta vez, protegeré a mis hijos y haré que paguen por cada gota de mi dolor. Venganza de Una Tirana sin Corazón
Moderno Era Sofía, la sencilla pastelera de Oaxaca, con mi cicatriz y mis gafas anticuadas, escondida en las cocinas de "Sabor Capital", el restaurante de mi prometido, Mateo.
Nadie sabía que en realidad era Sofía Corona, la heredera encubierta del imperio Mezcal Corona, aquí en una misión secreta para mi abuelo.
Pero mi fachada se derrumbó el día que Mateo trajo a Isabella, una "influencer" deslumbrante, presentándola como su nueva pasante.
Pronto, Isabella, con su incompetencia y manipulaciones, no solo se ganó el favor de Mateo, sino que me humilló públicamente, logrando que él me degradara a simple ayudante y la nombrara a ella directora culinaria.
Mi amor por Mateo se hizo cenizas cuando me acusó, basado en sus mentiras, del desastre de un banquete crucial, e incluso me entregó a la policía por un crimen que no cometí.
Lo peor fue cuando me miró con desprecio y dijo: "Sé quién eres... la hija de la mujer que arruinó a mi familia", una cruel invención que sentí como una bofetada.
Pero en esa celda fría, liberada por mis verdaderos aliados, comprendí que el juego había cambiado, y la dulzura de la venganza sería mi próximo plato. Le puede gustar
La Prometida Humillada: Renace Poderosa
Hua Luo Luo La noche de mi compromiso era un sueño hecho realidad.
Ahí estaba yo, Sofía Morales, la perfecta prometida, radiante bajo los candelabros, lista para unir dos de las familias más poderosas de México con Ricardo Vargas.
Pero justo cuando Ricardo subió a la tarima, su sonrisa vaciló, su voz tembló, y mi futuro brillante se hizo pedazos.
"No puedo casarme con Sofía Morales" , anunció, con su mirada extraña y culpable.
El salón, antes lleno de risas, enmudeció.
Todas las miradas se clavaron en mí, esperando ver mi derrumbe.
Pero Ricardo no había terminado su humillación.
"Porque mi corazón, mi verdadera alma gemela, pertenece a otra persona" .
Y de las sombras emergió Camila Flores, la hija de nuestra ama de llaves, con un vestido prestado y la mirada en el suelo.
Mi prometido, el heredero de los Vargas, tomó de la mano a aquella Cenicienta de la nada, y la presentó como su "amor verdadero" , como su futuro.
Fui humillada, rechazada y reemplazada frente a toda la élite social de la Ciudad de México.
De repente, era el hazmerreír de todos, la mercancía dañada.
Ricardo ofrecía migajas, caridad.
Creyó que esta farsa me destruiría.
Pero lo que él no sabía es que esa humillación no me había destruido; me había liberado.
Conocía sus secretos más oscuros, la "contabilidad creativa" de su familia, la verdad detrás del imperio Vargas.
Y una Sofía Morales liberada, créanme, es mucho más peligrosa que una prometida dócil.
Este juego no lo terminaría Ricardo; lo terminaría yo. Sus lágrimas, mi dulce venganza
Lan Yuanqianqian Durante veinte años, viví con la familia Garza. Sus dos hijos, Marcos y David, eran todo mi mundo. Todos decían que yo era la chica más afortunada del mundo, atrapada en medio de la devoción inquebrantable de los dos solteros más cotizados de Monterrey.
Pero cuando les dije que quería casarme, se rieron en mi cara. Dijeron que nuestras dos décadas juntos habían sido "solo un juego".
Al día siguiente, en mi cumpleaños, le propusieron matrimonio públicamente a Sofía, la hija del ama de llaves.
Para celebrar, me obligaron a beber un vaso de tequila derecho por ella, lo que me mandó al hospital con una hemorragia estomacal. Me llamaron dramática por arruinarle el momento especial a Sofía.
De vuelta en la mansión, tiraron mis cosas al pasillo, le dieron mi puesto a Sofía y luego Marcos me dio una bofetada con todas sus fuerzas.
Los dos chicos que una vez lucharon por defender mi honor me dejaron llorando en el lodo, llamándome un parásito que no sobreviviría ni una semana sin ellos. Mis veinte años de amor y devoción no significaron nada.
Tirada en el suelo, con el tobillo roto porque David lo había pisado a propósito, por fin lo entendí todo.
Al día siguiente, publiqué una sola foto en mis redes sociales. Era mi mano, junto a la de un hombre, sosteniendo un acta de matrimonio recién expedida.
Mi descripción era simple: "Sra. Olivia Villarreal". Mi prometido me obligó a casarme con mi archienemigo
rabbit En la fiesta de cumpleaños de mi mejor amiga, me intoxiqué con alcohol falso y quedé en coma.
Cuando desperté, escuché al médico decir que podría causarme daños severos en los nervios.
Bromeé con mi prometido, Cayden Hewitt, preguntándole quién era yo y dónde estaba.
Él dudó, me miró fijamente, y luego llamó a mi archienemigo, Liam Hewitt.
"Eres Julia. Él es tu prometido y pronto se van a casar".
Me quedé petrificada, pensando que él también estaba bromeando.
Mi mejor amiga, Vivian Green, deslizó su brazo por el de Cayden, pareciendo una pareja enamorada.
Finalmente, estaba a punto de casarme con Liam, pero Cayden, con los ojos llorosos y alterado, se interpuso frente al carro para detenerlo mientras me suplicaba: "Julia, no te cases con él. Me di cuenta de que no puedo dejarte ir". Ojos Robados, Corazón Roto
Li Xiamu Corrí por los pasillos estériles del hospital, con el corazón desbocado.
Después de semanas de oscuridad, Ricardo, el amor de mi vida, por fin había despertado.
Al llegar a su puerta, grité su nombre, las lágrimas de felicidad nublando mi vista.
Pero en la habitación, junto a mi prometido, estaba Isabel, la hija de una de las familias más ricas de la ciudad, con una sonrisa de triunfo.
«¿Quién eres tú?», me soltó Ricardo, con una voz helada que no reconocí.
Luego de 15 años juntos, me miraba con mis propios ojos, los ojos que le doné para que pudiera volver a ver.
«Mi prometida está aquí, aléjate», añadió, y mi mundo se vino abajo.
Isabel, con falsa compasión, me dijo: «Sé que siempre te ha gustado Ricardo, pero eres solo una sirvienta de nuestra casa. Por favor, no lo molestes».
«¿Sirvienta?», susurré, confundida.
Su madre, con una risa cruel, sentenció: «Mi hijo jamás se comprometería con alguien como tú. Isabel es su prometida, ella le donó las córneas».
La hermana de Ricardo añadió: «Eres una trepadora. Pensaste que con el accidente podrías aprovecharte. La gente como tú siempre tiene su lugar. Y el tuyo no es aquí».
La humillación me quemaba. Me habían robado a mi hombre, mi sacrificio, mi identidad.
«¡No! ¡Eso es mentira! ¡Yo le doné mis ojos! ¡Ricardo, tienes que recordarme!», grité.
Pero su madre ordenó a seguridad que me sacaran al grito de: «¡Vuelve a la mansión ahora mismo! ¡Tienes que preparar la cena! ¡Es lo único para lo que sirves!».
Él solo me miró con indiferencia mientras me arrastraban fuera, rompiéndome el corazón.
Atrapada en esa mansión, me obligaron a cocinar para los que me habían destruido.
Un día, Isabel derramó té caliente sobre mí y Laura, su hermana, me empujó contra la estufa.
Yo, con la piel ardiendo, susurré: «Por favor, necesito algo para la quemadura».
Laura se rio: «Deberías estar agradecida de tener un techo. Limpia ese desastre. Ricardo tiene hambre».
«Por favor, solo déjame hablar con él. Él me escuchará», supliqué.
Entonces, Laura me empujó de nuevo, y mi mano chocó con la olla caliente.
«¡Ya basta!», gritó una voz, era Ricardo, con el ceño fruncido.
Isabel y Laura mintieron, diciendo que me había quemado sola y que estaba obsesionada.
Él se acercó y, sin dudarlo, me soltó: «No sé quién eres, pero ya me cansé de tus mentiras y tu escándalo. Isabel es la mujer que amo. Tú no eres nadie».
Me agarró el brazo herido.
«No vuelvas a molestar a mi familia».
Me soltó con un empujón.
El hombre que me prometió amor eterno, me trataba como basura.
Ese día, mientras limpiaba, vi cómo desenterraban los cactus, el símbolo de nuestro amor.
«¡No! ¡Deténganse! ¡Son míos!», grité, defendiéndolos.
Isabel se burló: «Nada en esta casa es tuyo. Eres una empleada. Quítate o te despido».
Ricardo apareció y, con rabia, empezó a arrancar los cactus con sus propias manos.
Me lanzó uno, las espinas se incrustaron en mi brazo.
«¡No quiero volver a ver tu cara en esta casa!», me gritó.
«Lárgate. Estás despedida», sentenció Isabel.
Me arrojaron mis cosas a la calle. Me quedé allí, en la acera, arrodillada, mi vida reducida a cenizas y espinas.
¿Cómo pude perderlo todo por la amnesia de él y la malicia de ellos?
Debería haber muerto en ese terremoto.
Un día mi esposo me amó, me adoró, y al día siguiente me golpeó y me echó a la calle.
Me encontró Eduardo, el primo de Ricardo. Me miró con compasión, curó mis heridas.
«Cásate conmigo», me dijo. «Te protegeré. Nadie volverá a lastimarte».
Asentí, sin entender aún por qué.
Pero esa noche, Ricardo encontró algo que podría cambiarlo todo: un viejo álbum lleno de fotos nuestras.